Contra el edadismo: podemos ser orgullosamente viejas y felices

15 de octubre de 2021.

Por Julia López

Barcelona | Sociedad | Viudas | Tercera edad



Anna Freixas y Eulàlia Lledó han investigado desde el feminismo y nos cuentan


Barcelona, 15 oct. 21. AmecoPress.- La edad es lo primero que observamos en las personas mayores. Y de forma inconsciente y solo por su apariencia las discriminamos. El edadismo se refiere a los estereotipos (como pensamos), los prejuicios (como nos sentimos) y la discriminación (como actuamos) hacia las personas en función de su edad. Y la lucha contra esa manera de pensar tan extendida, como tantas del pasado, la lideran las mujeres mayores que, cuando “cumplen años”, se sienten invisibilizadas, y nunca las consideran “interesantes” como sus homólogos de parecida edad. Pero según escritoras expertas como Anna Freixas o Eulalia Lledó hay que ir mucho más allá, y empezar a reivindicar nuestra longevidad como un triunfo.


Afortunadamente, cada vez encontramos más referentes de la sabiduría que puede proporcionar cumplir años. Margaret Atwood, Vivian Gornick o Annie Ernaux, siguen siendo líderes por derecho propio, y con su experiencia, humor y sentido crítico demuestran que hacerse “mayor” puede ser muy positivo, y debe ser aceptado con naturalidad por el entorno. Ellas viven su veteranía sin complejos, reivindican una existencia plena, sin ponerse limitaciones para divertirse, amar y expresarse.

Cumplir años con dignidad: una cuestión política

La edad –hoy más que nunca, a causa del envejecimiento progresivo de nuestras sociedades– es una cuestión política de primer orden, a fin de devolver a esta etapa tan importante de nuestra vida la dignidad y visibilidad. “Aceptemos la edad como un don”, afirma Anna Freixas, que acaba de publicar un libro necesario, lúcido y desternillante, Yo, vieja. Apuntes de supervivencia para seres libres, que parte de reconocer nuestras posibilidades. No es la vejez la que nos amenaza, son nuestras ideas, nuestras conductas y sobre todo nuestra disposición interior al conformismo y a la obediencia. “Es urgente construir una vejez afirmativa y confortable”. Y para eso ella apela a la creatividad y al ingenio, a una mirada que la desdramatice y reivindique su valor. “Orgullosamente viejas” es una interesante e iluminadora provocación, que da argumentos para huir de la autoexclusión, de esa manida frase: “yo ya estoy mayor para.... Tenemos que hacernos visibles frente a ese empujón hacia la nada, y participar de la vida política, cultural, social y comunitaria que nos rodea.


La psicóloga y feminista Anna Freixas (Barcelona, 75 años) se ha propuesto revisar lo que entendemos por ancianidad e ir al centro mismo del estigma, ese que invisibiliza y anula a las mujeres cuando llegan a una determinada edad. “Frente a la rebelión contra la vejez que impone una presión constante y consumista por parecer joven, por teñirse, por adelgazar, por vestir como “una barbie patética”, Freixas defiende las canas, elegir una talla más y asumir una nueva realidad física libre, serena, tranquila, aunque sin caer nunca en la dejadez. “Si decides ser una vieja con barba y bigote procura que suene a libertad, no a desidia”, y defiende que “determinados aspectos de dejadez contribuyen a la exclusión de las viejas. Si eres joven y te dejas el pelo en el sobaco, es libertad. Si eres mayor puede sonar a desidia y aumentar el rechazo hacia la vejez”.

Y no olvidemos -argumenta Freixas, que estamos hablando de derechos humanos, de libertad, dignidad y justicia, o lo que es lo mismo, de poder mantener “el control de nuestra vida hasta el último día”. Y añade: “Las mujeres viejas hemos sido pioneras en reivindicar y nuestra misión ahora es ser pioneras en ser viejas. Lo hemos tenido que inventar todo: el divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual, la ley de violencia. Hemos tenido que nombrar tantas cosas que no tenían nombre, y ahora es momento de vivir una vejez cómoda y afirmativa”.

Ni abuelita, ni ancianita, ni ninguna de esas apelaciones bobaliconas con las que solemos denominar y meter en el mismo saco a todas las mujeres mayores, y que en nuestra sociedad nos consideran no competitivas ni deseables. “Esto es fruto de esa cultura patriarcal que nos valora como mujeres mientras tengamos la regla, consideración patriarcal que nos ve solo como seres estrictamente reproductivos", lamenta Freixas”. Hay que superar el “paternalismo” que nos rodea, el amor adulador de nuestro entorno familiar, el trato de profesionales sanitarios y de otros campos. Según Freixas tenemos que poner las cosas en su sitio y “defender la vejez, así, con todas las letras, con un argumento impecable: “Tengo la suerte de ser vieja porque no la he palmado. Somos viejas, viejales, pioneras, veteranas, para qué buscar otros nombres y para qué aparentar otra cosa”, afirma. “Las mismas que luchamos y conseguimos tantos avances, hoy tenemos que conseguir ahora es nuestro derecho a la dignidad”. Es la gran tesis de su ensayo Yo vieja (Capitán Swing), que apela a una nueva mirada de esa etapa de la vida que suele quedar oculta y desvalorizada.

Ser libres, y controlar nuestras vidas

La discriminación hacia la vejez afecta a todos, pero se cierne en las mujeres unos 20 años antes que en los hombres. Casi todos pensamos, y por supuesto las mujeres también, y lo tenemos entronizado que “la vejez es fea”, y nos coloca en la llamada “Tercera edad”, un eufemismo discriminador. Las palabras, la forma de explicar las cosas puede llegar a ser discriminatoria y degradante, sobre todo, con las mujeres mayores.

Eulàlia Lledó, filóloga, feminista, y profesora jubilada que ahora tiene 68 años, y lleva varios años investigando y escribiendo sobre este tema, se pregunta: ¿porque se huye de la palabra viejas y se la asocia a algo denigrante para el que hay buscar otra denominación? “Las palabras, los eufemismos que suplantan palabras que nos suenan mal, tienen una vida limitada porque rápidamente absorben la carga peyorativa del término que sustituyen. Lo que molesta no es la palabra, es el concepto, es la vejez. Y ninguna palabra la puede esconder”. Así lo comenta Lledó en su artículo: “Elogio de la Vejez”, publicado en su blog y en otros medios.


Para ella, referirse a las mujeres mayores, a las ancianas, con la palabra «abuela»- aunque no lo sean- es definirlas por su parentesco y obviar cualquier otra característica propia. Y esta no es una elección trivial e inocente”. Y para ilustrar este tema, recurre en su artículo “Abuelas y tópicos: mujeres y para colmo mayores”, publicado en Huffington Post, a un fragmento de Ursula K. Le Guin. que habla de la extrañeza que ocasiona la vejez, y no por una cuestión de belleza y fealdad. “Esta extrañeza y amedrentamiento aumenta a causa de la constante minusvaloración con que eres tratada, la presunción de que no sabrás qué es un placebo o la opinión generalizada de que la gente vieja es retrógrada”.

Tanto Lledó como Freixas, se han dedicado a investigar la situación de las mujeres desde el feminismo. Y ambas remarcan que cuando ingresas en una residencia dejas de ser lo que eres, y te quedas atrapada entre cuatro paredes, sin poder manifestar tus opiniones y necesidades afectivas. Incluso sin ser “dependientes” es normal es que enfermen y se depriman. “Si es difícil dotar económicamente a las residencias para que la vida sea digna y no un trampolín hacia la muerte, tampoco es fácil romper el tabú de que la vejez es pura miseria intelectual y sentimental” subraya Lledó.

“La vejez puede ser una buena etapa. libre, sin ataduras, sin jefes, con capacidad para organizarnos, contar nuestra experiencia, profundizar en nosotras mismas y crear”. Así lo expresa Manuela Carmena, en el prólogo del libro Yo vieja, y se pone como ejemplo: “Yo he hecho y sigo haciendo cosas que parece que la sociedad ya no nos reserva a l@s viej@s. Estoy convencida de que las podemos hacer igual de bien, o mejor, que los que tienen menos años”.

Década de envejecimiento saludable: 2021-2030

El pasado 18 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó el primer informe mundial sobre Edadismo, con el título: «Una conversación mundial sobre la discriminación por la edad», en el que se estudia cómo pensamos, sentimos y actuamos con relación a la edad y al hecho de envejecer, y se destaca la importancia de abordar la situación porque afecta a mucha gente y pronto afectará a todo el mundo. La coalición de organizaciones mundiales formada por la OMS, la ONU y la UNFPA, lanzaron una campaña mundial para combatir la discriminación por edad con el lema: “SI al envejecimiento NO a la discriminación por edad!”, que ha popularizado la campaña por las redes.

A pesar de las buenas intenciones de esta campaña, los antecedentes no son muy positivos. Y así lo subraya Freixas en su libro, cuando leyó el informe sobre la Salud publicado en septiembre 2019: "Me he quedado de piedra al leer las 10 prioridades de salud que ha establecido la OMS para la década 2020-2030, declarada como la primera década de envejecimiento saludable. Ni una sola línea hace referencia sobre las mujeres mayores...”

Y si ahora repasamos el Informe General 2021, la escritora tampoco habría encontrado mención alguna en femenino, solo el simple comentario de que: “el Edadismo se cruza con otros factores como sexismo y racismo”. Y recomiendan “tres estrategias para superar la situación de discriminación que han demostrado su efectividad, y vías de solución propuestas son: la política y la legislación, las intervenciones educativas, y la promoción del contacto inter-generacional. Incidir en el tema del género hubiera fundamental. Porque ¿dónde está la situación diferencial de las mujeres? ¿Quién ha mantenido y mantiene todavía el sistema de cuidados?


Al final de la década 2030, el número de personas de más de 60 años habrá crecido un 34%, de 1000 millones a 1400 millones. Ellas suelen vivir más que ellos. En el 2017 las mujeres representaban el 54% de + de 60 años y el 61% de más de 80. Y además hay que tener en cuenta que el 2021 la esperanza de vida de mujeres al nacer es 3 años mayor que los hombres, y que ancianas son en general más pobres.

Además, como podemos ver en el video de la campaña 2021, entre una mayoría de hombres expertos, solo intervienen dos mujeres, Janett Barrado y Natalia Kamen, ejecutivas de entidades internacionales, que tampoco nombran a las mujeres, a pesar de que están convencidas de que discriminación por edad se puede combatir, y superar. La etapa de la vejez afecta por igual a hombres y mujeres, pero ellas merecen una atención diferencial. Promover la calidad de vida de las mujeres repercute en un mayor bienestar general.

Foto: archivo AmecoPress
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Sociedad – Tercera edad – Viudas. 15 oct. 21. AmecoPress.



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