Entrevista a Sabina Urraca

"Mientras las escritoras estamos yendo a eventos de ‘mujeres en escritura’, ‘feminismo en la escritura’ o similares, nuestros compañeros hombres están hablando de su literatura"

15 de octubre de 2020.

Por Lydia Navarrete López

Madrid | Cultura | Libros | Escritoras | Mujeres creadoras



La escritora y periodista nos habla sobre su libro, las cosas positivas y problemas que ha causado la pandemia provocada por la COVID-19 en la cultura y nos da algunos consejos para futuras escritoras


Madrid, 14 oct. 20. AmecoPress.- Sabina Urraca (San Sebastián, 1994) es una escritora y periodista española, conocida por su libro ‘Las niñas prodigio’, publicado en 2017 por la editorial Fulgencio Pimentel. En 2018, fue galardonada con el Premio Javier Morote, otorgado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y su libro fue seleccionado por ‘New Spanish Books’.

Sabina ha sido la editora del libro publicado este año ‘Panza de Burro’, de Andrea Abreu López. Fue posible gracias a la iniciativa ‘Editora por un libro’ de la editorial Barret. Invitan cada año a un escritor o escritora a editar su libro.

¿Cómo cree que ha afectado a las mujeres la crisis producida por la COVID-19 en el sector cultural?

En el sector cultural en concreto creo que más o menos igual que a los hombres. En otros sectores de la sociedad obviamente ha afectado más a las mujeres.

La cultura está muy centralizada en las grandes ciudades y, a raíz de la pandemia, la gente se está empezando a ir de ellas. La cultura pasa a ser virtual, lo cual supone un problema para muchas disciplinas, pero mirando hacia lo positivo, de pronto nos sorprende ofreciéndonos ventajas. De hecho, quizás sea interesante esta descentralización obligada de la cultura que está sucediendo. Aunque no sea lo deseable para la gente que se haya tenido que marchar, ya puestos en esta situación de desgracia generalizada, es interesante esa vuelta al lugar de procedencia y la creación de cultura desde ahí.

¿Concibe un mundo sin cultura?

Obviamente no, es inevitable. La cultura está siempre, pero es importante tener en cuenta que la cultura debe ser pagada. Pero si se retirasen las ayudas, si se dejasen de programas eventos culturales, sería absolutamente dramático, pero lo cierto es que siempre seguiría existiendo, habría formas de hacer cultura, formas de resistencia. La cultura es inevitable.

"Yo doy talleres de escritura y ahora no es necesario estar en Madrid para asistir. Y esto, que en principio pensé que era el fin, ha resultado positivo"

¿Qué políticas cree que se deben incentivar para que hubiese más cultura y pudiese ser accesible para todos?

Habría que invertir en ayudas, en subvenciones. No debería ser lo primero en lo que se recorte. En general, parece que es accesorio, que no importa. No sé hasta qué punto los políticos son conscientes de lo importante que es la cultura en la vida de las ciudades. Mucha gente ha dejado Madrid, no solo por cuestiones económicas, sino porque sin esa vida cultural y social que existía antes de la pandemia y que a duras penas sigue existiendo, su vida en la ciudad no tiene demasiado sentido. Corremos el peligro de que se esfume precisamente lo que nos hacía querer vivir aquí. Creo que lo que ahora hay, que ya es bastante precario, debería mantenerse como fuera.

En mi caso, no me quejo, pero no sé cuánto más puede durar este equilibrio en el que siento que estoy. Las actividades presenciales se cortaron por la pandemia. Charlas, eventos en lugares fuera de Madrid... todo eso se fue viniendo abajo. Por ejemplo, yo doy talleres de escritura y ahora no es necesario estar en Madrid para asistir. Y esto, que en principio pensé que era el fin, ha resultado positivo. Es probablemente lo único positivo que le he encontrado a la pandemia. De pronto, tengo alumnos de todo el mundo, e incluso -y esto es importante- alumnas que viven en Madrid y que podrían haber asistido a mis talleres presencialmente, pero que por una cuestión de conciliación no podían. Ahora mismo, como pueden acceder desde sus casas, los talleres son más accesibles. Esta diversidad de países y situaciones está enriqueciendo mucho los talleres.

Hace un año habría sido imposible, por ejemplo, que una alumna con un bebé lactante pudiese traer a su bebé a clase, porque las escuelas e instituciones en las que doy clase no habrían sido adecuadas para ello y podría perjudicar a algunos alumnos que han pagado su dinero y se ven de pronto en una clase con un bebé que no para de llorar. Pero ahora, desde casa, la alumna puede asistir a la clase, atender al bebé e incluso darle de mamar si es preciso. Si se pone a llorar, se silencia, pero sin dejar de escuchar la clase. Esa es una de las posibilidades que se han abierto con la pandemia. Gracias a lo virtual hay mucha más diversidad en los talleres. Antes sólo podía venir gente que viviese en Madrid y tuviese libre esa tarde a la semana. Ahora tengo alumnas de México, Colombia, Perú, otras ciudades de Europa y cualquier lugar de España, incluso personas que viven en aldeas perdidas

Ahora las mujeres tenemos más soportes, como las redes sociales, donde dar a conocer a la sociedad las obras que publicamos ¿son suficientes o se necesita de otros medios?

Ahora mismo con internet, de alguna manera, las herramientas las tenemos. Es una pena perder lo presencial y en algunos ámbitos es terrible. Creo que todo es salvable y que todo se puede replantear, aunque sea un golpe muy duro.

Generalizando, creo que toda la crisis laboral del sector cultural puede no ser tan, tan terrible para la gente del sector que tenemos de 30 a 40 años, porque hemos tenido más tiempo para encontrar nuestro lugar, hemos tenido más años de ventaja antes de que esto sucediera, y, en muchos casos, la desorientación al llegar la pandemia no ha sido tan letal. Pero observo, en cambio, muchas amigas y alumnas de veintitantos que estaban empezando a encontrar un hueco y la pandemia les ha cortado el camino. Pienso mucho también en el sector de las artes escénicas, donde tengo a varios amigos que ahora mismo se están replanteando cómo redirigir su vida profesional, adaptándose a las circunstancias actuales.

Sobre su libro, ‘Las niñas prodigio’ (2017), ¿sintió miedo o incertidumbre antes de publicarlo por lo que pudiera pensar la sociedad al respecto?

Siempre se siente, estás volcando cosas tuyas que has pensado e imaginado, historias que tienen un gran valor personal para ti. Las has ido fabricando en soledad con mucho esfuerzo. Cuando salió el libro, las primeras semanas no podía dormir porque me inquietaba la idea de que en alguna parte, mientras yo dormía, había alguien leyéndolo. Sentía como si hubiese alguien observándome en ese acto tan íntimo, cuando más desprotegida y desvalida estás, que es durmiendo. Enseguida vi que el libro estaba siendo más o menos comprendido como yo quería que lo fuese, tuvo buena acogida y no tuve más pánicos de ese tipo.

"Mientras las escritoras estamos únicamente yendo a eventos de ‘mujeres en escritura’, ‘feminismo en la escritura’ o similares, nuestros compañeros hombres están hablando de sus libros, de sus referencias o influencias, de su literatura"

Actualmente está escribiendo tu segundo libro, ¿cuesta más que le publiquen el libro en una editorial a una mujer que a un hombre?

Ahora mismo hay un hambre editorial de voces de mujeres y creo que puede ser incluso más sencillo publicar. Veo que hay una especie de toma de conciencia de que las mujeres llevamos siglos contándonos historias unas a otras. Hablando a grandes rasgos, en el patio de mi colegio, los niños jugaban al fútbol y las niñas, desde que teníamos 10 u 11 años, pasábamos horas hablando; y hablar es contar historias. Esa fuerza narrativa que siempre ha existido en nosotras, ahora está teniendo una salida editorial, lo cual me alegra muchísimo.

A posteriori, cuando ya sale el libro, hay una problemática en cuanto a ser una escritora mujer. En general, en las entrevistas o charlas te invitan a hablar sobre ser escritora y mujer, poco más. Es importante hablar sobre ello, por supuesto, pero es verdad que mientras las escritoras estamos únicamente yendo a eventos de ‘mujeres en escritura’, ‘feminismo en la escritura’ o similares, nuestros compañeros hombres están hablando de sus libros, de sus referencias o influencias, de su literatura. Y ahí puede producirse una pérdida importante.

¿Qué cree que se puede hacer para remediar la situación?

Una toma de conciencia por parte de la población en general y de los periodistas y programadores en particular, porque un libro es un libro, da igual si está escrito por una mujer o por un hombre. Es verdad, que en muchos casos es importante, pero no siempre está bien hablar sobre ello. Hay que prestar atención a que no es solo un libro escrito por una mujer, es un libro sin más.

"Me da miedo la pérdida de la cohesión en la sociedad, la pérdida de la vida comunitaria y creo que la cultura aporta una comunión en torno a algo"

El próximo 15 de octubre estará en la actividad online de ‘La Casa Encendida’, donde se realizará un coloquio de la película ‘No es el mejor momento de mi vida’ de Szabolcs Hajdu, ¿por qué son importantes este tipo de actividades?

Ahora mismo tengo mucho miedo a que nos encerremos en nuestra casa, con nuestra pareja, con nosotros mismos, es decir, tener relaciones con muy poca gente por la actual pandemia que estamos viviendo. Me da miedo la pérdida de la cohesión en la sociedad, la pérdida de la vida comunitaria y creo que la cultura aporta una comunión en torno a algo. En este caso, en ‘La Casa Encendida’ en torno a una película.

Siento que la cultura me tiene conectada al mundo, como cuando comparto libros en redes. Antes era más fácil quedar, pero creo que hay que seguir haciéndolo, siempre con las medidas sanitarias impuestas, pero no hay que rendirse.

"Si los libros de mujeres solo los van a leer mujeres estamos ante un problema, porque las mujeres vemos la literatura como algo universal, porque leemos a mujeres y a hombres. En cambio, los hombres, por lo general, no están leyendo a mujeres, y ahí hay una pérdida muy grande. Se pierden las voces de la mitad de la población"


Para finalizar, ¿qué consejo daría a futuras escritoras?

Uno de los consejos que les daría es que no salgan sonriendo en las fotos de promoción. Es horroroso porque, lamentablemente, las mujeres tenemos que parecer serias o transmitir una sensación de poder porque, si no, nos tratan como niñas. Es terrible porque las chicas nos tenemos que esforzar más que los chicos.

Son consejos un poco tristes, pero les diría que se hagan valer por encima de todo, que no dejen que un periodista las infantilice o las menosprecie, que no las encasillen en un lugar y que se quejen cuando no se sientan a gusto. Además, que reivindiquen los lugares que ocupan sus compañeros hombres en conferencias o debates.

Los libros que están escritos por mujeres, la sociedad los dirige de forma casi inconsciente a que sean leídos únicamente por mujeres. Si los libros de mujeres solo los van a leer mujeres estamos ante un problema, porque las mujeres vemos la literatura como algo universal, porque leemos a mujeres y a hombres. En cambio, los hombres, por lo general, no están leyendo a mujeres, y ahí hay una pérdida muy grande. Se pierden las voces de la mitad de la población.

Foto: archivo AmecoPress, cedida por Sabina Urraca
— -
Cultura - Libros - Escritoras - Mujeres creadoras. 14 oct. 20. AmecoPress



Tweets por el @PressAmeco.
AmecoPress