Una normalidad machista y violenta

3 de junio de 2021.

Por Redacción AmecoPress

Madrid | Estado Español | Violencia de género | Maltratos



El estado de alarma acabó el 9 de mayo y desde entonces, han sido reconocidas oficialmente ocho víctimas mortales por violencia de género –siete mujeres y un niño-, casi la mitad del total de feminicidios registrados en 2021. Hoy, un hombre ha asesinado a su pareja y se ha entregado en comisaría en Porqueres, Girona


Madrid, 02 jun. 21. AmecoPress.- El estado de alarma acabó el 9 de mayo. Desde entonces, han sido reconocidas oficialmente ocho víctimas mortales por violencia machista –siete mujeres y un niño-. Hoy, un hombre ha asesinado a su pareja y se ha entregado en comisaría en Porqueres, Girona. La violencia de género obedece a múltiples factores y es importante no caer en análisis que no atienden su complejidad, pero son diversas las voces que relacionan este aumento de feminicidios con el fin de las restricciones de pandemia: ellos pierden el control sobre lo que consideran “sus” mujeres, ellas se plantean escapar de la situación de dominación a la que han estado sometidas en los últimos meses debido a las restricciones adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria. Una nueva (y vieja) normalidad que no puede normalizarse, que es indigna, escandalosa, vejatoria y dramática, aunque todavía no ocupe las portadas.

A los nombres de María Soledad (60 años), Betty (52), Lucía (42), Teresa (48), Katia (35), Warda Ouchen (28 años y embarazada) y su hijo Mohamed (7), ayer el Ministerio de Igualdad ha confirmado que el asesinato de Nicoleta Clara (40) también fue machista y hoy amanecemos con la noticia de que un hombre ha asesinado a su pareja y luego se ha entregado en una comisaría de Porqueres, Girona. Casi la mitad del total de víctimas mortales de la violencia de género de 2021 han sido asesinadas en las tres primeras semanas tras decaer el estado de alarma. De las 15 mujeres asesinadas -si se confirma este último caso- por violencia de género en 2021, solo 3 habían denunciado. En el caso de las y los menores, 2 fueron asesinados por sus padres y otros 6 han quedado huérfanos.

Cuando el agresor siente que no puede mantener el dominio sobre la víctima, aumenta al peligro. Dicen quienes conocen el proceso que a veces son pequeños gestos –una mirada, un suspiro, una llamada, una negativa…- los que delatan a las mujeres en esos momentos en los que la imagen de vivir sin maltrato aparece en su mente como posibilidad. Algunas denuncian, muchas eligen la separación y el divorcio para poner fin a esa relación de violencia.

En reiteradas ocasiones el Ministerio de Igualdad ha advertido que “el confinamiento y las restricciones que hubo durante el estado de alarma contuvieron los asesinatos machistas porque los agresores pudieron ejercer otra violencia, que es la que llamamos de control y psicológica. Terminado el estado de alarma, los agresores han vuelto a asesinar bajo los mismos patrones de siempre”.

“En 2020 ya dijimos que hubo menos asesinatos, pero más violencia de control. Volver a la normalidad, lamentablemente, era volver a una normalidad machista”, resume Victoria Rosell, delegada del Gobierno contra la violencia de género.

Es algo que avalan expertas y organizaciones como la Asociación de Mujeres Juristas Themis y la Asociación de Mujeres Juezas. “Al acabar las restricciones, las víctimas buscan ayuda y rompen la relación, momento de alto riesgo”. Ángeles Jaime, presidenta de Themis, apunta la necesidad de extremar la protección al elevarse el riesgo cuando las víctimas rompen con la situación violencia y subordinación.

Pareciera que la disyuntiva se plantea entre dos variantes: no vivir o vivir bajo el yugo del control –y de la violencia-. Los asesinatos bajaron durante el confinamiento, lo cual no quiere decir que disminuyera la violencia de género que, como sabemos, es mucho, mucho más que la punta del iceberg que se corresponde con los asesinatos.

El control que se ha vivido durante 2020, tanto por las restricciones de movilidad como por la falta de oportunidades para salir de una relación violenta, ha dado lugar al mayor descenso del número de homicidios desde 2003: fueron 45. Y en el trimestre del confinamiento estricto los feminicidios fueron cuatro, también el menor dato de todos los recogidos hasta ahora. Pero hay que insistir: que la violencia en ese periodo fuera aun más invisible de lo que ya lo es habitualmente, no quiere decir que fuera inexistente.

Cabe recordar que según la Macroencuesta de Violencia sobre la Mujer 2019, una de cada tres mujeres mayores de 16 años ha sufrido violencia física, sexual, psicológica o económicamente por una pareja o expareja. Sin embargo, solo el 21,7 % denunció estos hechos.

Y también cabe señalar que, pese a esta mayor visibilidad de la violencia machista que producen los asesinatos, el repunte que hemos experimentado en las últimas semanas no se ha traducido en una respuesta social. Los medios no han priorizado estas informaciones. Tampoco ha habido movilizaciones significativas en redes, calles y plazas. ¿Por qué? Seguramente, una vez más, para comprender y cambiar esta respuesta necesitamos zambullirnos en la complejidad y no dejar de advertir el trasfondo machista sobre el que se levantan hábitos y realidades.

Foto: archivo AmecoPress.

Estado Español – Violencia de género – Maltratos. 02 jun. 21. AmecoPress



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