La Renta Básica no aborda la desigualdad de género en el trabajo

14 de abril de 2020.

Por Gloria López

Madrid | Economía | Políticas de Igualdad | Feminismo | Instituciones de igualdad | Debates



Feministas analizan las luces y sombras de la Renta Básica en un debate promovido por el Instituto de la Mujer en el que participaron las expertas Carmen Castro y Sandra Ezquerra


Madrid, 14 abril. 2020. AmecoPress.- La crisis económica vinculada a la COVID-19 ha puesto de nuevo sobre la mesa la Renta Básica. Dirigentes, partidos, representantes y personas expertas de signos e ideologías muy diferentes la han defendido, aunque obviamente con diferencias conceptuales y prácticas importantes. La idea de cobrar un dinero no sujeto a contraprestación laboral reaparece, con luces y sombras. ¿Será aprobada como una medida puntual para hacer frente a esta crisis? ¿Qué calado puede tener desde un punto de vista económico y social? ¿La Renta Básica Universal revierte o perpetúa el patriarcado?

El pasado jueves, el Instituto de la Mujer organizó el debate ‘Feminismo y Renta Básica’, con Carmen Castro, economista especializada en bienestar social e igualdad, y Sandra Ezquerra, historiadora, antropóloga y socióloga, especializada en políticas sociales, laborales y de inmigración.

"Necesitamos garantizar un mecanismo que aporte liquidez directa a las personas para atender sus necesidades en esta emergencia. Tras la COVID-19, habría que repensar cómo podemos posibilitar proyectos de empoderamiento y transformación social", advertía Carmen Castro refiriéndose al momento que estamos viviendo.

La crisis ha evidenciado cuestiones que el feminismo siempre ha puesto en el centro: los cuidados. Aunque no lo ha hecho en todo caso del modo más adecuado. "Siento que hay un silencio atronador sobre quiénes que están cuidando de las personas afectadas por COVID en sus hogares, que son el 80% de las personas infectadas ¿Quién está cuidando de estas personas? Hay un sector informal, invisibilizado y no remunerado que se está encargando de cuidar a las personas con la COVID-19", lamenta Sandra Ezquerra.

En ese contexto, la propuesta de la Renta Básica aparece como una medida posible y necesaria. Aunque, también es cierto, todavía no se haya llegado a un acuerdo en el Gobierno y todo apunta a que la medida vaya a retrasarse. En todo caso, la renta ya forma parte del debate público. “De momento es un debate planteado por hombres, hasta hace poco no han incorporado críticas realizadas por la economía feminista”, asegura Sandra Ezquerra.

Una de las claves en el modelo de Renta Básica tiene que ver con su repercusión en el modelo de protección social. Por una parte, están los servicios sociales y por otra la prestación. “Ojo con la relación entre ambas, no podemos resolver todo con prestaciones”, advierte la socióloga.

Perpetuar o no la división patriarcal del trabajo

Hace tiempo que diversas voces desde los feminismos señalan que la Renta Básica no es la panacea y no resuelve muchos de los principales problemas que las mujeres enfrentan en el día a día. Entre otras, las derivadas de una división sexual del trabajo.

Las expertas que participaron en el debate del Instituto de la Mujer consideran que “la Renta Básica por sí sola no cuestiona la división social del trabajo, ni el imaginario, ni las relaciones de desigualdad existentes entre hombres y mujeres”.
Sandra Ezquerra fue más allá: la propuesta de instaurar una Renta Básica podría ser perfectamente neutra en género y beneficiar a las mujeres, al otorgarles capacidad en la negociación laboral y capacidad económica y de emancipación ante la violencia. Pero si no cuestiona el imaginario colectivo, si no se acompaña de una crítica profunda, “puede reforzar lo existente en lugar de transformarlo”.

En la medida en la que la Renta Básica proporciona un piso de seguridad, un mínimo entendido como derecho y no como compensación por no acceder a un empleo, supone una medida que indiscutiblemente mejora la vida de las personas más vulnerables. Y efectivamente, por las condiciones laborales peores de las mujeres, menor acceso a las propiedades, no es necesario que tal medida tenga una mirada de género para que repercuta de manera particularmente positiva.

Pero hay algo que la Renta Básica no hace: ni aborda la desigualdad de género en el trabajo, ni atiende a la desigual distribución de las tareas de cuidados entre hombres y mujeres. Esta es la principal crítica que se le hace desde el feminismo.
Efectivamente “la clave está en el acompañamiento de la Renta Básica de otras medidas”, explica Carmen Castro. “¿La renta sustituye al sistema público de bienestar social o es un complemento?”

“Me preocupa, y por eso es necesario complementar con otras medidas, que la renta da una solución monetaria, una solución individual. Sólo nos estamos centrando en la pobreza monetaria, y hay otras pobrezas que afectan a otras dimensiones de la vida: de tiempo, energética, etc.”, reflexiona Castro. “Pensar más allá es necesario, aunque en el momento de urgencia o de emergencia que estamos viviendo pueda ser efectivo”.

El enfoque de lo colectivo, de lo público y de aportes vinculados a lo social

Estas cuestiones y ausencias explican que Gobiernos que no son precisamente progresistas estén a favor de la renta básica. Que la propuesta haya formado parte de foros como el de Davos o de reuniones del mismo FMI. No es extraño que dos ámbitos de discusión tan androcéntricos como el del trabajo o la economía reproduzcan estas asimetrías.

Pero desde los planteamientos feministas se reivindican “cuestiones colectivas” y la renta, tal y como está planteada en este momento “es individual”. “La renta tiene sentido en una estrategia de fondo de fortalecimiento de lo público y de lo común”.
Son numerosas las cuestiones que suscita la renta básica, entre otras, ¿cómo se financia?, ¿cuál es su hoja de ruta? Las estimaciones más valientes hablan de 18.000 millones de euros, si bien, en estos momentos tan solo se baraja la cifra de 3000 millones de euros.

Pero la financiación, como tantas veces que la sociedad civil plantea propuestas, evidencia las prioridades de Gobiernos y de instituciones. Un ejemplo al que se hizo referencia en el debate del Instituto de la Mujer, fue la financiación de la propuesta de la Plataforma por los Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA) que en su momento equivalía a la construcción de 1 Km de AVE.

El costo de la Renta Básica depende además del criterio de cuantía económica hasta su extensión, es decir, si es o no universal. Y buscar los recursos es siempre posible: “podemos buscar por ejemplo en los 70.000 millones de euros procedentes de rentas escondidas en las guaridas fiscales de nuestros empresarios, o de la economía sumergida no declarada que llega hasta el 20% del PIB. Es decir, eso de la cuantía siempre es muy relativo” ejemplifica Carmen Castro.

En todo caso la Renta Básica nos pone de nuevo de frente a una realidad: es un derecho vinculado al mercado laboral y eso de que sea el mercado laboral el que genere derechos, implica que no se valoran los aportes sociales. Eso no beneficia a las mujeres. “Se nos acaba premiando por nuestra actividad laboral formal, pero no por las aportaciones que como cuidadoras hacemos a la sociedad”, concluye Sandra Ezquerra en el Debate del Instituto de la Mujer.

Según informaciones, el Gobierno ha aparcado la idea de aprobar lo antes posible -los sindicatos esperaban que fuese este martes- una renta social extraordinaria para garantizar los ingresos mínimos de la población más vulnerable ante la emergencia del coronavirus.

Fotos: archivo AmecoPress


Economía – Políticas de Igualdad – Feminismos – Debates; 14 de abril 2020. AmecoPress.



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