Celebrar el Día de la Educación en un año en el que ir al cole no es lo habitual
Madrid. 26 ene. 21. AmecoPress.- Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Educación, analizamos la situación actual del sector de la enseñanza, uno de los más gravemente afectados por las consecuencias derivadas de la pandemia. La escasa presencialidad, la brecha digital y el cese de las prácticas son algunas de las medidas que dificultan de manera notable el adecuado desarrollo de la formación educativa.
Uno de los principales problemas del desarrollo de clases vía online es la brecha digital, el hecho de que existe una parte del alumnado que no dispone de las herramientas necesarias para cursar asignaturas de manera virtual, como puede ser una conexión estable a Internet o un ordenador. Así lo corrobora un reciente estudio realizado por Red 17, una web de jóvenes y adolescentes, que asegura que "en materia de educación, ha sido poca la adaptación que el sistema educativo ha tenido en los últimos diez años, en los cuales la tecnología ha brillado por su ausencia en la gran mayoría de centros. (…) Esto se ha traducido en un caos con la llegada de la pandemia, donde se ha tenido que dar un paso de gigante para poder trasladar las clases de las aulas a los hogares."
En el estudio, se destacan algunas de las consecuencias que tuvo la interrupción de las clases presenciales. Estudiantes que apenas tienen espacio personal y la falta de ordenadores, lo que ha obligado al 50% de las familias españolas a adquirir un equipo informático y ha dejado a un 20% de la mitad restante sin la posibilidad de acceder al mismo debido a la situación económica familiar; también el alumnado ha encontrado dificultades a la hora de continuar los estudios, que a su vez puede ser el resultado de un cambio en la metodología o de problemas técnicos que dificultan un correcto seguimiento de las materias.
"Solo una de estas razones o la suma de varias de ellas, termina mermando la capacidad de los estudiantes a nivel psicológico, pues en las etapas finales antes de acceder a estudios superiores no obligatorios la presión es alta y estas causas pueden ser condicionantes para terminar con resultados no deseados en las calificaciones o el mismo abandono o postergación de los estudios", señala el equipo de Red 17, y añade que "para la mejora de esta situación es necesario un trabajo conjunto entre los encargados del sistema educativo y los que lo conforman (…), una inyección para la mejora de la calidad educativa empieza por ir a la par que los avances en tecnología y conocimiento, cada vez más globales."
Así lo corrobora también la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en uno de sus últimos informes, en el que señala que "desde que se cerraron las escuelas para contener la pandemia del Covid-19, los gobiernos han estado utilizando soluciones de aprendizaje a distancia y afrontando la complejidad que conlleva impartir este tipo de educación (…). La equidad es la principal preocupación, porque el cierre de las escuelas perjudica de forma desproporcionada a los alumnos vulnerables y desfavorecidos que dependen de ellas para una serie de servicios sociales, entre ellos la salud y la nutrición".
Además, la Vicepresidenta General de las Naciones Unidas, Amina Mohamed, advierte que "para millones de niños y jóvenes de entornos desfavorecidos, el cierre de las escuelas podría significar la pérdida de una red de seguridad vital, de nutrición, protección y apoyo emocional" y añade que "no es el momento de agravar desigualdades, sino el de invertir en el poder de transformación de la educación. A medida que iniciamos el decenio de acción, nuestra responsabilidad como comunidad mundial es no dejar absolutamente a nadie atrás".
Isabel Celaá, Ministra de Educación y Formación Profesional, también se ha pronunciado al respecto en un encuentro online realizado por Nueva Economía Fórum que tuvo lugar el pasado miércoles 20 de enero, en el que la ministra afirmaba "estoy preocupada y ocupada, preocupada como el resto de los españoles y ocupada como el resto del Gobierno. Estamos trabajando muy intensamente para que la pandemia tenga el menor impacto posible en nuestras aulas."
"Durante el primer trimestre de este curso estamos demostrando que las escuelas son centros de detección precoz del Covid y que nos estamos enfrentando a él manteniendo el ciclo educativo y haciendo prosperar a los alumnos. Pensamos que la presencialidad es insustituible y que debemos mantenerla, por lo que los centros educativos han de ser los últimos en cerrarse y los primeros en abrirse", señaló Celaá durante su intervención en la entrevista transmitida a través de Microsoft Teams.
Por otra parte, se ha llevado a cabo en la gran mayoría de casos el cese o la reducción drástica de la parte práctica de determinadas materias, lo que ha afectado especialmente al alumnado, que aprovecha este periodo para poner en práctica los conocimientos adquiridos durante el grado y coger experiencia para el correcto desempeño de futuros trabajos. En carreras como Enfermería, Medicina, Ingeniería o Arquitectura, la suspensión de prácticas supone un mayor problema, puesto que, si bien es cierto que en todas las carreras o grados afecta esta medida, en aquellas ramas vinculadas con la salud o la Ingeniería, donde es totalmente necesaria la adquisición de experiencia en primera persona, se agrava especialmente esta necesidad.
Alumnas en pie de guerra
“Actualmente estoy en tercero y fue durante las prácticas de segundo cuando se decretó el Estado de Alarma. Era imposible retomar las prácticas hasta, al menos, el siguiente curso, así que nos dijeron que en septiembre las recuperaríamos. Llegó el uno de septiembre y nos informaron de que, debido a la situación, no podíamos empezarlas, por lo que estuvimos dos meses sin hacer nada. Es cierto que algunas compañeras pudieron recuperar una semana de prácticas en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, pero el resto, que estábamos en el Hospital Ramón y Cajal, no pudimos. Empezamos el nuevo curso en octubre y no teníamos prácticas hasta el segundo cuatrimestre, las cuales se suponía que ya se desarrollarían de forma normal. Pero nos las han vuelto a retrasar hasta mediados de marzo y, aunque las acabaremos el 2 de julio, siguen faltando días que recuperar” explica Laura Fernández, estudiante de Enfermería en la Universidad de Alcalá de Henares.
En el caso de Andrea Expósito, estudiante de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, no vio interrumpidas sus prácticas pero “no las he podido realizar correctamente. Estudio abogacía y durante la carrera, hace dos años, pude asistir a varios juicios, pero ahora en cambio, durante el máster, no puedo ir a ninguno, cuando es la actividad básica de un abogado”.
“Mis prácticas fueron interrumpidas antes de que se declarase el Estado de Alarma. Nadie sabía nada y el equipo directivo de la universidad nos daba largas. La mayoría de los estudiantes tuvimos que irnos de Ceuta a otros lugares de Andalucía para poder seguir las prácticas, porque allí no querían retomarlas”, cuenta Ainhoa Gutiérrez, estudiante de Enfermería en la Universidad de Granada. Además, “hemos perdido horas y hemos tenido que hacer un reajuste de los créditos para que nos pudiesen convalidar esas horas que no hemos podido trabajar. A nivel del seguimiento de las materias, ha habido un poco de todo, pero en mi caso y en el del resto de estudiantes que estábamos fuera, no nos han permitido acceder a los seminarios online y lógicamente tampoco hemos podido asistir a los presenciales; pero ahora en cambio la convocatoria de los exámenes sí será presencial, cuando la mayor parte de los alumnos estamos fuera y Andalucía está prácticamente cerrada. Nos piden unos exámenes presenciales cuando la educación que hemos recibido de forma online ni si quiera ha sido completa.”
Además de la preocupación por parte de las y los estudiantes, el personal docente también se ha visto afectado por las circunstancias y ha tenido que hacer frente a situaciones nunca antes vividas. A las obligaciones básicas del profesorado se han sumado la presión y la dificultad de impartir clases de manera virtual, con los impedimentos y el retraso que esta medida puede conllevar.
"Impartir clases de forma online supone un doble trabajo para el profesorado. Los alumnos se encuentran con serias dificultades, si es complicado motivarles presencialmente, de esta forma es prácticamente utópico. La mayoría de los alumnos no se conectan, no realizan las tareas, no entran en las aulas virtuales, pierden interés, se desligan de las clases y del grupo… El ritmo es mucho más lento y hay que duplicar las actividades, sobre todo en las materias prácticas. Todo ello redunda en su prejuicio, ya que los temarios no se han adaptado y no será posible desarrollarlos ni en su totalidad ni en la profundidad correspondiente. Además, la brecha digital es palpable: unos tienen medios informáticos de sobra a su disposición, mientras que otros ni siquiera disponen de red wifi para conectarse. A esto se le añade el mal funcionamiento de la Plataforma EducaMadrid, que nos impide tanto a docentes como a alumnos comunicarnos adecuadamente, a pesar de los esfuerzos realizados", asegura Juani Cuesta, Jefa del departamento de Biología y Geología del Instituto madrileño IES Eijo y Garay.
Joaqui Gutiérrez, directora de la academia ’El nido de las teclas’, en Móstoles, y profesora de inglés, mecanografía y apoyo extraescolar, opina parecido: "Dar clases online merma mucho la enseñanza de los alumnos, en primer lugar, porque el contacto de profesor-alumno no es el mismo a través de una pantalla. También influye la edad de cada estudiante porque, por ejemplo, en primaria y hasta segundo o tercero de la ESO necesitas ir corrigiendo sobre la marcha. Es cierto que hay algunos alumnos que presentan mejoría al dar las clases de forma virtual, porque les llama la atención las nuevas tecnologías y están más inmersos en ese mundo, pero los conocimientos siguen siendo mucho más adecuados cuando se imparten de forma presencial. Otro de los grandes problemas es que, actualmente, los padres o tienen menos tiempo, o están menos preparados para ayudar a los alumnos, por lo que cada vez necesitan más ayuda, más apoyo escolar."
Conciliación familiar, el otro reto
A pesar de que poco a poco se esté regresando a la presencialidad de las clases, han sido muchos los grupos de alumnos de distintas edades que han tenido, o continúan teniendo, clases de forma virtual. En los más mayores, estudiantes de últimos cursos de ESO o de grados universitarios y de formación profesional, esta medida causa menos estragos en el ámbito familiar, sin embargo, para las familias del alumnado más pequeño, el hecho de conciliar la vida laboral con la enseñanza autodidacta genera determinadas dificultades.
Así lo confirma Rocío Mediavilla, madre de dos niños de nueve y siete años, quien reconoce que "cuando comenzó todo esto, yo teletrabajaba y el colegio nos iba mandando fichas de deberes a través de una plataforma que teníamos que imprimirles en casa. Según íbamos avanzando en materia, cada vez era peor, porque teníamos que conectarnos a plataformas diferentes de dos niños (una para lo general, otra para inglés, otra para música…) y hacer ese seguimiento es bastante complicado. Además, los niños estaban desubicados y cada vez costaba más conseguir que se centraran en las tareas. Cuando nos volvimos a incorporar al trabajo presencial llegó la locura. Mi marido y yo trabajábamos cada uno en un turno, por ese lado bien, pero era llegar a casa y tener que realizar mil tareas, subirlas a plataformas, etc. Todo esto sin contar con ningún tipo de apoyo o ayuda, porque los abuelos no podían quedarse con ellos, obviamente."
"Finalmente, en septiembre empezaron las clases presenciales, aunque cada vez les envían más tareas por el aula virtual. Supongo que esto les puede servir de preparación para otro posible confinamiento y para el futuro en general, con el peso que van ganando las nuevas tecnologías. En abril, cuando empezó, fue muy difícil, solo teníamos un ordenador en casa y era complicado repartir su uso entre los dos. Iván (9) se conectaba una hora al día, demasiado poco. Y Rubén (7) no se conectó ni una vez, porque la profesora nos dijo que ella no estaba puesta en estos temas. Tuvimos que enseñarle nosotros las tablas de multiplicar, a hacer problemas, conceptos de música… En fin, creo que fue una carga para los padres, no todas las familias estaban preparadas para esto, ni en el sentido de las herramientas (ordenadores, conexión a Internet, impresora), ni en el de los conocimientos. A esto se le suma el tener que ir a trabajar, la incertidumbre y el no disponer de ayuda. Ellos también están tocados por no poder relacionarse con normalidad, que es una necesidad básica y más en sus edades. Es algo que nos pasará factura a todos, psicológicamente hablando", concluye Rocío, supervisora de Enfermería y Técnica especialista en Radiodiagnóstico.
Ley Celaá: ¿la solución?
La nueva actualización de la LOMLOE, conocida como Ley Celaá, fue publicada hace dos semanas en el Boletín Oficial del Estado y entró en vigor el pasado 19 de enero. Esta ley, famosa por la controversia generada por las medidas que afectan de manera directa a la educación concertada, incluye otros cambios que han pasado más desapercibidos.
Un buen resumen de los cambios principales educativos generados por la Ley Celaá puede consultarse en ’Save the Children’. Algunas de estas nuevas medidas establecidas son la planificación teniendo en cuenta la heterogeneidad social y la cohesión, el derecho a la educación mediante suficientes plazas públicas, la eliminación de la cesión de suelo público para nuevos centros concertados y la prohibición del concierto con centros que realizan separación por sexo, entre otras.
Además, respecto a la evaluación, la promoción y la titulación, también existen algunas modificaciones; en vez de repetir curso en la ESO con más de dos asignaturas suspensas, se podrá pasar de curso siempre que el profesorado decida colectivamente que es beneficioso y sean menos de tres las asignaturas suspensas; en vez de repetir Bachillerato con una asignatura suspensa, se podrá titular de forma excepcional con una de las asignaturas no aprobadas y, en vez de haber un máximo de dos repeticiones en ESO, habrá un máximo de dos repeticiones en la educación obligatoria.
"La LOMLOE es una ley de equilibrio, merecedora de acoger, precisamente, grandes acuerdos que hemos venido trabajando con la comunidad educativa. Es una ley que busca promover el talento de todos y, con ello, se ancla perfectamente en los mandatos constitucionales (…), en el sentido de que reconoce y trabaja por el derecho a la educación plural. Queremos el éxito de todos y eso puede conseguirse a través de nuevas metodologías, a través de una personalización de la enseñanza, a través de esa digitalización que ponemos con gran intensidad en el sistema…", señalaba Isabel Celaá en la entrevista antes mencionada.
Además, la ministra concluía asegurando que "es una ley cargada de futuro en lo que se refiere a desarrollos, como una mejora de la carrera profesional de los docentes, como un currículum competencial, desarrollos que incorporan nuevas miradas enfocadas a la educación infantil y a la enseñanza secundaria obligatoria (…). Esta ley incorpora muchos elementos, como puedan ser los derechos de personas con discapacidad, tecnologías nuevas, la autonomía de los centros educativos, trabajo colegiado de los docentes, etc. En definitiva, un sinfín de elementos que la sitúan en una línea de modernidad."
Las consecuencias derivadas de la crisis sanitaria del Covid-19 han causado numerosos estragos en los centros de enseñanza, así como en el desarrollo de la actividad habitual del alumnado, el profesorado y las familias. Pero las carencias y la devaluación que la educación viene sufriendo en España es estructural y no solo síntoma de la pandemia. La Ley Celaá, que acaba de entrar en vigor, se recibe con cierta esperanza en la enseñanza pública, pero se necesitan algo más que leyes para aunar voluntades y para priorizar adecuadamente uno de los pilares de nuestra sociedad: la educación.
Fotos: Archivo AmecoPress
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Pies de foto: 1) Alumnas con mascarilla en clases presenciales. 2) Profesor impartiendo clase de manera virtual. 3) Isabel Celaá durante el encuentro online con Nueva Economía Fórum.
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Sociedad - Educación - Infancia - Nuevas Tecnologías - Conciliación. 26 ene. 21. AmecoPress.

