1 de cada 4 mujeres vuelve a vivir episodios de violencia sexual a lo largo de su vida
Madrid, 02 dic. 20. AmecoPress.- Las XIII Jornadas de Mujeres Migrantes han realizado hoy, miércoles 2 de diciembre, el segundo de sus seminarios sobre violencias y trata. En esta ocasión ha estado centrado en la violencia económica y sexual.
Violencia económica
Inmaculada Domínguez Fabián, profesora titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Extremadura, ha empezado la jornada exponiendo el estudio sobre la violencia económica, cuyo objetivo es "proponer medidas para la educación y prevención, que entren en el ámbito regulatorio y jurídico español, ya que la violencia económica no se considera específicamente como un abuso en España ni en la mayoría de estados miembros de la Unión Europea”.
Una de las claves del análisis fue ver si las mujeres que habían sufrido violencia de género sufrían también violencia económica. Lo hicieron mediante entrevistas personales a 16 mujeres: 8 sin historia declarada de violencia de género ni adhesión a programas de intervención en violencia machista y 8 mujeres que sí que sufrieron violencia de género y que fueron participantes o lo siguen siendo en algún programa de intervención. Todas ellas tienen hijas e hijos.
“Analizamos 12 parámetros de tácticas de abusos económicos con la idea de ayudar a las personas que se encargan de recibir por primera vez a una mujer que ha sufrido violencia de género para detectar si sufrió violencia económica. Esta violencia incluye a las víctimas acceso limitado a fondos y a créditos, empleo, educación, recursos agrícolas y violencia patrimonial”, explicó Inmaculada. Además, “algunos hombres prohibían trabajar a "sus" mujeres, controlaban el dinero del hogar y no le dejaban utilizar las recursos de los que disponía”.
Algunas de las preguntas que se le hicieron a las entrevistadas fue que si el agresor le ocultaba información económica importante, le exigía información sobre cómo se gastaba el dinero, si vigilaba sus cuentas bancarias, si le impedía tener dinero propio, si la golpeó o amenazó por pagar recibos, si cogía cosas de su propiedad sin permiso (violencia patrimonial), entre otras.
“El problema de la violencia económica es que puede continuar incluso después de que la mujer haya abandonado la relación abusiva. Esta característica pasa menos con las otras violencias machistas”, ha incidido.
Los rasgos más característicos de la violencia económica son: retraso intencionado en el pago de una pensión alimentaria, dejar de pagar una deuda común, entablar pleitos por cada gasto del hijo o por la necesidad del mismo. “Esto puede constituir un modo de minar la moral (violencia psicológica) de la que fue pareja, que no incurre en un tipo de delito”. La experta explicó que “es una manera de obligar a la mujer de ponerse en contacto con quien fue su maltratador, como llamarle para que pague algún gasto”.
Por otra parte está el sabotaje laboral, que se produce en mayor medida durante la relación de pareja. La mayor evidencia es cuando hay violencia física. Pero cuando la mujer se ha separado de la relación también se puede producir, como cuando el agresor incumple las custodias.
Violencia sexual
Virginia Gil, representante Fundación ASPACIA, ha explicado en la jornada las características de la violencia sexual y cómo la sufren las mujeres inmigrantes. “La mayoría de los episodios de violencia sexual no implican el uso de la fuerza; de hecho la violencia sexual es toda aquella situación con contenido sexual en donde la víctima se ve envuelta y no se respetan ni sus deseos ni su voluntad”.
“La atención integral a las víctimas de violencia sexual sigue siendo una asignatura pendiente. Nuestro código penal codifica tres tipos de violencia sexual, que son: agresión, abuso o acoso”, ha contado Virginia.
Una de las características de la agresión sexual es el uso de la fuerza e intimidación hacia las víctimas y la violación o acceso carnal: introducción de pene, objetos u otros miembros corporales por vía vaginal, anal u oral. La única diferencia entre agresión y abuso sexual es el uso de la fuerza o intimidación, ya que en este último no se produce, pero tampoco existe el consentimiento de la víctima. Las particularidades del acoso sexual son: la exigencia de favores de naturaleza sexual; situación intimidatoria, hostil o humillante; y acoso en el ámbito laboral, docente o en la prestación de servicios, como sufrirlo en una consulta médica. También entra en juego el acoso sexual en las nuevas tecnologías, donde los más afectados son los jóvenes.
“La violencia sexual, además de una vulneración de los Derechos Humanos, es un problema de salud pública”, argumentó Virginia. “Hay un claro daño integral de las víctimas que provoca consecuencias a corto, medio y largo plazo, a nivel físico: lesiones corporales, náuseas, dolores de cabeza, espalda, articulares o musculares; en el aspecto psicológico: culpa, vergüenza, asco, miedo o rabia, entre otras; a nivel sexual: sangrado vaginal, irritación, cambios en el deseo sexual o anorgasmia; en el aspecto social: estigmatización, rechazo, aislamiento social, pérdida del trabajo y de oportunidades laborales.”
Virginia también ha querido resaltar que “1 de cada 4 mujeres vuelve a vivir episodios de violencia sexual a lo largo de su ciclo vital”. Esto es debido a que las consecuencias de esa violencia sobre su salud, entorno, economía y trabajo hacen que tengan mayor vulnerabilidad a vivir nuevas victimizaciones.
“El problema es que se desconoce la magnitud del problema. No existen encuestas de victimización sistemáticas ni sistematizadas a nivel nacional que nos permitan conocer cuál es su alcance y la magnitud del fenómeno de la violencia sexual en España”, puntualizó. “El número de denuncias que se hace es bajo. A partir de 2016 empieza a haber un pequeño aumento que se empieza a sostener en los demás años”.
La mayoría de los agresores son conocidos, del entorno más cercano: amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc. La coacción que ejercen a la víctima puede ser física, pero la mayoría es psicológica, puesto que utilizan la extorsión, el chantaje y la culpabilización. Esto suele suceder en los casos de acoso sexual laboral, ciberacoso sexual o abuso sexual infantil. “No tiene por qué haber penetración”, subraya. Además, hay que dejar claro que “no existe un perfil de mujer víctima y el bloqueo es una de las respuestas más comunes y de supervivencia en la violencia sexual”.
Otro de los problemas a los que hay que hacer frente es “cuando la violencia sexual no cumple con el perfil de ‘violación auténtica’, porque se tiende a minimizar el daño, a justificar al agresor y a culpabilizar a la víctima”. Cuando se culpabiliza a la víctima se intenta justificar al agresor argumentando que ha sido provocado por ella con intenciones sexuales, vestimenta o alcohol.
El trabajo en red es necesario para la reparación. Por ello, deben colaborar unidas la sanidad, la policía, los juzgados, los servicios sociales y dar una atención psicológica especializada en violencia sexual.
“Las mujeres migrantes son más vulnerables por su condición de migrante”. Sufren el desconocimiento y la falta de familiaridad sobre sus derechos y los sistemas españoles; aislamiento social con falta de apoyos familiares y sociales; dominio del idioma limitado o nulo; proceso migratorio con una violencia asociada, impacto físico o psicológico de las experiencias vividas; estrés de estar adaptándose a un nuevo ambiente; o una situación administrativa y laboral pésima.
“Hay factores culturales de desprotección que, en muchas ocasiones, son los causantes de que la víctima no denuncie la violencia. Las mujeres migrantes que sí que lo hacen muchas veces no son creídas por las autoridades porque piensan que están denunciando para que no se les expulse del país”, explicó Virginia.
“Las mujeres supervivientes de violencia sexual requieren un marco integral de la violencia sexual, un principio de debida diligencia ante este tipo de violencia de género. Las instituciones españolas tienen que seguir el Protocolo de Estambul, que estipula que son necesarias la prevención, protección, persecución y una política integral y coordinada”, concluyó para cerrar su ponencia.
Foto: archivo AmecoPress, cedidas por Isadora Duncan
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Sociedad - Mujeres migrantes - Violencia sexual - Salud - Maltratos - Violencia de género - Encuentros y jornadas. 02. dic. 20. AmecoPress


