Un 8 de marzo extraordinario
Madrid, 09 mar. 21. AmecoPress.- Ha sido un año raro y difícil. El ambiente del 8 de marzo albergaba cansancio, rabia y también necesidad. Cuidar ha resultado complicado en el contexto de pandemia. Juntarse, con la mediación de las pantallas, implicaba un esfuerzo que daba aliento, pero se antojaba insuficiente. Desde el 8 de marzo de 2020 han criminalizado al feminismo y a las mujeres. En Madrid, las mujeres podían subir en vagones de metro abarrotados, trabajar, comprar en supermercados llenos de gente, llevar a las niñas al cole y cuidar, cuidar en las casas, los hospitales, las residencias y en los parques, pero no podían participar en concentraciones ni marchas para celebrar el 8 de marzo. A pesar de las “prohibiciones”, había necesidad de salir a la calle y así se hizo, con cuidado, en los portales, en las plazas, en los barrios, en los espacios que diariamente habitamos: vestidas de morado. En el resto del territorio español no han podido producirse las aglomeraciones de otros años, pero el movimiento feminista ha puesto imaginación y músculo organizativo para estar presentes en las calles en cientos de convocatorias, de muchas maneras diferentes.
Ha sido un 8 de marzo especial: violeta, como siempre, pero también con mascarillas y distancias. Sin abrazos, en grupos de seis o de veinte que no necesitan permiso para juntarse. En una situación extraordinaria que ya dura un año, las mujeres, una vez más, han sostenido la vida mientras el sistema ha seguido discriminándolas: remunerando peor los trabajos que desarrollan, empujándolas al desempleo y a unos hogares en los que hacen malabares para eso que llaman conciliar y también, cercenando las vías de organización y propuesta en los barrios, esos territorios en los que las vecinas se ayudan, se alimentan y cuidan. Y bajo lo extraordinario late siempre un proceso que a veces no se ve, pero está. Una trayectoria de reivindicación, lucha y conquista que en los últimos años se ha expandido y ha dado lugar a las movilizaciones más masivas, alegres, pacíficas, diversas y potentes que se conocen. Todo eso convivía ayer, en esa jornada extraña que nos tocó vivir.
Aroa hizo seguimiento a los murales, atacados en distintos puntos de la Comunidad de Madrid por quienes temen al feminismo y a su capacidad de transformación. Fue simpático: durante todo el día, vecinas y vecinos taparon con sus manos la pintura negra y restauraron el mural y esa acción dio lugar al encuentro y la unión. Es una respuesta feminista.
En el barrio de Andrea, pasaban filas de mujeres a dos metros de distancia unas de otras, con paso firme, acompasadas por cánticos que recuerdan el derecho a una vida libre de violencia, a follar con quién y cuando queramos, a ser quiénes queramos ser.
Virginia va a las manifestaciones del 8 de marzo cada año. Esta vez paseó con unas amigas por el barrio, junto a sus hijas, portando globos morados. “Había que salir, aunque fuera a pasear, todo el mundo puede salir, ha habido manifestaciones todo el año, menos ahora, el 8 de marzo que no nos dejan. ¡Venga ya!”, se queja.
La opción de los “paseos feministas” ha sido una constante en muchos pueblos y barrios de Madrid. Helena, en el barrio de Usera, explica que “era necesario que el 8M estuviéramos en la calle” y recuerda lo esencial que ha sido la labor desarrollada por los grupos feministas vecinales durante la pandemia.
Así lo entendieron también las mujeres que estuvieron en la Puerta del Sol, en Callao o en Neptuno. En este último espacio la Policía acabó dispersando la concentración e identificando a varias manifestantes, cuando se disponían a leer el manifiesto del 8M.
En San Blas un grupo de jóvenes decoró árboles, bancos y calles con pancartas cargadas de mensajes feministas. En una plaza se habían colocado flores, acompañadas de frases reivindicativas. Portales, balcones y ventanas se convirtieron en lugares de reconocimiento y celebración. Los cuerpos a los que no se les dejaba manifestarse portaron camisetas con mensajes, pañuelos y broches violetas, y voz, la voz de las mujeres.
En los lugares en los que las concentraciones y marchas estuvieron permitidas, la gente ha querido manifestarse, siempre con mucho cuidado y responsabilidad. Según las cifras ofrecidas por agencias y fuerzas de seguridad, las movilizaciones fueron muy numerosas en Barcelona, Bilbao, Granada y San Sebastián. Pero han sido muchas más.
Y así, con suavidad, como hace el feminismo, todo se fue tejiendo: el whatsapp que enviaba una madre a primera hora de la mañana a sus hijas con la foto de la ventana de la casa familiar en el pueblo decorada con lazos morados acompañada de un Feliz Día; el relato de la sobrina de la compañera de trabajo que cuenta que hoy la profesora les ha explicado por qué se celebra el 8 de marzo. Los aplausos de las 8 de la tarde, en los balcones donde después se escucha música. El audio de una amiga: ¡qué viva la lucha de las mujeres!”. Eso: qué viva.
Fotos: AmecoPress
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Estado español – 8 de marzo – Feminismo – Movimiento feminista. 09 mar. 21. AmecoPress





