¡¡Quiero ser feliz!!

23 de junio de 2020.

Por Rafaela Pastor

Opinión | Derechos humanos | Salud y género | Violencia sexual | Prostitución | Córdoba



Las dos perdieron la vida


Córdoba, 23 jun. 20. AmecoPress.- Valga compartir los suicidios, si así lo queremos nombrar, en la línea de Feve, a la altura de la localidad Cántabra de Barredo (Torrelavega). Estas mujeres arrolladas por el tren, no se suicidaron. Una de ellas clamaba "quiero ser feliz" y la otra, su amiga, la sujetaba para que no fuese arrollada por el tren: las dos perdieron la vida.

Esto ha sido un crimen provocado por la pobreza, la desesperación, la soledad, el dolor y no menos la repugnancia de tener que hacer felaciones y todo aquello que le venga en gana y ordene el que compra sexo. Y los que compran sexo, compran cuerpos de mujeres, o sea, los explotadores sexuales y consumidores del sexo de mujeres y niñas, se lucran con dinero para conseguir lo que ellos llaman placer, y si me apuráis necesidad. Individuos todos, que conviven con madres, hijas y esposas. Individuos que no tienen escrúpulo alguno de ser hipócritas y pasar la vida mintiendo con doble moral. El prostituidor, igual que en las demás violencias contra las Mujeres, es de todas las clases, religiones, color de piel y etnia.

Por otro lado, no todo vale, no todo debería comprarlo el dinero. La prostitución no es un trabajo, por tanto no se puede hablar de beneficios de este mal llamado oficio a través del sindicalismo. Hoy en pleno siglo XXI las profesiones, todas, están amparadas por titulaciones académicas.

Quienes quieren legalizar la prostitución deben abrir escuelas que certifiquen lo aprendido en el periodo académico que corresponda, y con el mismo se acredite que las alumnas están formadas para dejarse violar, pegar, abusar, escupir, penetrar por todos sus orificios y todas aquellas barbaridades que se les ocurra a quienes pagan, incluida la no preservación de embarazos no deseados u enfermedades como la sífilis, gonorrea, sida u otras tantas venéreas e incluso psicológicas.

Por ello y porque ser prostituida no es un empleo, si no una de las formas más denigrante de poder cubrir las necesidades primarias propias y de los seres queridas o queridos, Sor Juana Inés de la Cruz decía - ¿quién peca más la que peca por la paga o el que paga por pecar?. ¿Quién puede negar que la mayor expresión de violencia hacia las mujeres es la prostitución? Nadie que no desee que su madre, hermana, esposa o hija sea prostituida.

Bien, pues de esta violencia son cómplices con su silencio y no denuncia, los Gobiernos y la propia ciudadanía, en tanto que la red de carreteras está regada de prostíbulos y no menos las ciudades y los municipios.

Si sobrevivimos a esta pandemia del Covid19 donde la prostitución y otras violencias hacia las mujeres no solo no han aminorado, si no que han aumentado, está claro que este sistema está enfermo, que los Derechos de las Mujeres son papel mojado.

Por todo lo nombrado y mucho más, es imprescindible subirnos al escenario del respeto, la igualdad, la equidad, las libertades y la justicia para toda y todo ser humana y humano, de lo contrario seguiremos destruyendo lo que llamamos La Vida.

Fotos: Archivo AmecoPress.
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Opinión – Prostitución – Violencia sexual – Salud y género – Derechos Humanos. 23 jun. 20. AmecoPress.

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