La incertidumbre marca el futuro de la educación universitaria española
Madrid, 05 may. 2020. AmecoPress.- El Coronavirus no ha traído consigo únicamente el colapso de la sanidad española y el descontrol de la economía, sino que otros sectores, como la educación presencial, también han experimentado cambios y han tenido que reinventarse en tiempo récord a causa del confinamiento. Tanto el alumnado como el personal de los centros universitarios han tenido que hacer frente a una situación nunca antes vista y han tenido que adaptarse a ella aprendiendo a sacar el mayor partido a las nuevas tecnologías. A pesar de los esfuerzos, aún parte del alumnado encuentra complicaciones para seguir las clases debido a que no tienen recursos o a que su situación anímica no se lo permite.
La mayoría de la ciudadanía española tiene móvil y un gran porcentaje usa con frecuencia las nuevas tecnologías, sin embargo, la situación actual marcada por el confinamiento ha hecho la brecha digital mucho más notoria y ha evidenciado que hay familias que no tienen recursos para seguir adecuadamente la teledocencia y el teletrabajo. Entre ellas se encuentran las familias monomarentales, de las cuales alrededor del 51% se encuentran en riesgo de pobreza.
Desde la Universidad Complutense de Madrid se ha propuesto, por parte de asociaciones de estudiantes y asociaciones feministas, un Plan de Choque Universitario. Esta iniciativa pone de manifiesto que “las autoridades docentes y políticas no tienen en cuenta las condiciones socioeconómicas de una parte del estudiantado”, por lo que las asociaciones sugieren ayudas mediante becas, la devolución de un 70-80% de la matrícula a partir del 11 de marzo, reducir los precios universitarios a los niveles pre-crisis del 2008, además de establecer una mesa de discusión con el equipo rectoral, entre otras muchas medidas. El Rectorado aún no se ha pronunciado sobre este plan.
Entre las asociaciones que han firmado dicho plan se encuentra el colectivo feminista Olympias, de la Facultad de Ciencias de la Información, que hace hincapié en que “las inversiones que hacen las universidades en materia de género y política de igualdad siempre quedan a un lado cuando llegan grandes problemas o crisis. Se empiezan a retirar los fondos y se invierten totalmente en recuperar la situación. Las mujeres siempre quedamos en un segundo plano cuando ocurren estas situaciones”. Además, explican que las medidas que se han tomado debido la emergencia sanitaria no tienen en cuenta al alumnado que tiene trabajo de cuidados en casa, siendo la mayoría mujeres. El confinamiento también ha afectado a su actividad retrasando sus planes, sin embargo, se mantienen activas a través de redes sociales y plataformas de videoconferencia haciendo todo lo posible “por sacar adelante todos los proyectos”.
Mientras que para la educación primaria se ha optado por promover el aprobado a rasgos generales, salvo algunas excepciones, en la Universidad se ha recomendado la evaluación continua. Sin embargo, dentro de las universidades se puede apreciar el descontento del alumnado al ver que parte del profesorado no está siguiendo estas instrucciones, dándose, por ejemplo, casos en los que el examen final vale un 80% de la asignatura a pesar de que se han realizado más de 5 trabajos de evaluación continua durante el curso.
Por otro lado, el alumnado de diversas universidades que prestan servicios presenciales ha notado que parte del profesorado no ha conseguido adaptarse a tiempo a esta nueva situación. “En mi caso, tengo cuatro asignaturas y solo en una de ellas se ha estado dando clase, en las demás el profesorado ha subido PowerPoints y apuntes al campus virtual”, explica Julia a AmecoPress, alumna de la Universidad Complutense de Madrid. El descontento incluso inundó twitter el pasado martes 28 de abril. El estudiantado de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid hizo trending topic el hashtag #VergURJCenza, mediante el cual ponían de manifiesto la mala gestión que se le estaba dando a las actividades universitarias a su parecer, mostrando sobre todo el descontento hacia cómo se estaban realizando los exámenes parciales y la ausencia de fechas para los finales.
Julia también repara en una cuestión económica que preocupa a gran parte de la comunidad estudiantil. “Hemos pagado una matrícula por una educación presencial, la cual no es precisamente barata y lo que estamos recibiendo es educación a distancia, sin realizarse ningún descuento en el precio de la matrícula”, explica. Además, añade que “la mayoría de clases online que se realizan son para resolver dudas” y no para explicar el temario. Otro de los problemas con los que se han encontrado alumnas y alumnos es la avalancha de trabajos que parte del profesorado ha enviado como obligatorios, haciendo mucho mayor la carga de la asignatura sin suprimir el examen. “Estoy hasta las narices de la universidad, sinceramente. O trabajos, o exámenes. Una de las dos cosas. Pero no, estamos confinados y encima tenemos muchísimo de ambas”, escribía María Allende (@saymaria_) en Twitter, alumna de la Universidad Rey Juan Carlos.
Para muchas alumnas y alumnos la teledocencia ha ido acompañada del teletrabajo. Esta doble adaptación puede resultar pesada en algunas ocasiones, debido a que el alumnado ha tenido que adecuar el entorno de hogar, que se asocia al descanso generalmente, y convertirlo en oficina y clase universitaria. “En mi caso he tenido la suerte de poder continuar con las prácticas porque he podido realizar el trabajo desde casa. Aunque te permite organizarte de otra manera, lo cierto es que tiene algunos aspectos negativos, especialmente para aquellos que estamos en proceso de aprendizaje. Es más difícil adaptarte a trabajar en el entorno de tu hogar porque es un espacio reservado para otras cosas y al principio cuesta. Hay muchas más distracciones.”, explica Ander a AmecoPress, alumno de la Universidad Complutense de Madrid, quien confía en poder volver en junio a la oficina en la que realiza las prácticas.
Debido a la situación originada por el Coronavirus y a todos sus efectos colaterales, la calidad de la educación universitaria ha mermado. “Tenemos los exámenes en los mismos plazos, creo que la universidad no ha tenido en cuenta los miles de problemas psicológicos, económicos y de salud que puede estar teniendo la gente en estos momentos”, explica Julia. “En mi carrera, por ejemplo, no creo que sea determinante perder contenidos durante un cuatrimestre a la hora de ejercer en un futuro, pero en carreras como medicina entiendo que esta pérdida sea mucho más sustancial”, apunta. De cara al futuro, la universidad debe hacer un gran esfuerzo y prepararse para estar a la altura de lo que demandan los estudiantes para evitar situaciones de quejas y descontento como la actual.
Foto: Archivo AmecoPress / Tomada de Pixinio.com
Estado Español – Educación - Las jóvenes; 05 de may. 2020. AmecoPress.
