“Es importante visibilizar desde una perspectiva feminista el trabajo que realizan las empleadas de hogar”
Madrid, 19 mayo. 2020. AmecoPress.- El Instituto de la Mujer sigue manteniendo las conversaciones sobre diferentes temas de actualidad desde una perspectiva feminista, los jueves, a través de las redes sociales. En esta ocasión Beatriz Gimeno habló sobre el trabajo doméstico y los derechos de las personas que los realizan, con Edith Espínola y Carolina Elías, integrantes de la Asociación Servicio Doméstico Activo –SEDOAC-.
El objetivo del debate sin duda fue visibilizar lo imprescindible del trabajo de cuidados, algo que ya hace el feminismo desde hace mucho tiempo, y reivindicar su reconocimiento social y laboral en un mundo que ponga la vida de las personas en el centro. ¿Cómo hacer para que el empleo doméstico no termine siendo una herramienta que profundice aún más la división sexual del trabajo?, ¿Cómo conseguir revalorizar y dignificar un trabajo que la mayoría de las mujeres hacen gratis?, ¿Se puede dignificar mientras exista la actual estructura de división sexual del trabajo patriarcal?
El trabajo de hogar es un trabajo “invisibilizado y maltratado”. Es un sector laboral que ocupa a más de medio millón de personas, en su mayoría mujeres, muchas migrantes. Las trabajadoras del sector de los cuidados siguen cobrando por debajo del salario mínimo; sus horarios laborales no son respetados y tampoco tienen reconocidos los mismos derechos y la misma protección que el resto de trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena. Por ello, según Carolina Elías, “es importante visibilizar desde una perspectiva feminista el trabajo que realizamos nosotras, las empleadas del hogar”.
Son varios los factores que influyen en este fenómeno de la precariedad que caracteriza el trabajo de hogar en España y en todo el mundo y que podrían explicar que este trabajo que consideramos tan importante esté infravalorado. En primer lugar, advierte Elías, es un trabajo que históricamente ha sido hecho por mujeres. “Se cree que las mujeres hemos nacido con ese gen de cuidar, y de hacer las cosas de la casa y nos han relegado completamente a ello”. Con los años, se ha ido superando esta concepción, las mujeres se han incorporado al empleo fuera de casa y eso ha dado lugar a la necesidad de la contratación de otras personas para que hagan el trabajo dentro de ellas, entre otras cosas porque los hombres todavía no se han corresponsabilizado de las tareas del hogar. “Seguimos siendo mujeres las que somos contratadas para realizar este trabajo. Además, hay una concepción de que es un trabajo muy fácil, que puede realizar cualquiera sin esfuerzo, es decir, no hay una visibilización y valoración de este trabajo y de lo que conlleva”, y al no producir un bien tangible, “pasa desapercibido”.
Ni poco formadas, ni pobres, sino empobrecidas
En España el sector del trabajo de hogar está constituido mayoritariamente por mujeres migrantes, que son mujeres catalogadas durante mucho tiempo como mujeres pobres, ignorantes, con escasa formación. Sin embargo, el mismo debate del Instituto de la Mujer evidencia que esto no es así: Carolina Elías y Edith Espínola son mujeres, migrantes, han trabajado años en el sector del empleo doméstico y cuentan con formación universitaria. No son las únicas. “Muchas veces venimos con titulaciones universitarias y con una preparación alta pero la ley de Extranjería y otras normativas no te deja homologar tu titulación”, denuncia Espínola. “Se cree que las mujeres que realizamos este trabajo somos mujeres pobres, pero yo diría más bien que somos mujeres empobrecidas”, precisa su compañera de debate.
¿Qué hace falta para que se reconozca el valor social y económico del empleo doméstico?, ¿es posible tal y como está organizada la sociedad?
“Tal y como está configurado el mundo en la actualidad creo que no es posible revalorizar el trabajo que realizamos”, advierte Carolina Elías. “Nosotras estamos demandando un cambio fuerte en torno al tema de los cuidados”, siguiendo los "postulados de la economía feminista", que pone en el centro los cuidados, la vida, como parte de los pasos a seguir para transformar el empleo del hogar.
“El empleo del hogar es un trabajo que va a ser necesario siempre por cómo está configurada demográficamente la población en España, en primer lugar”. Además, las mujeres estamos reivindicando “nuestro derecho a cuidar o también a no cuidar”. Todo esto conduce a la necesidad de buscar políticas públicas que hagan frente al tema de los cuidados. “Somos partidarias de que el Estado cumpla esa obligatoriedad con toda su ciudadanía de brindar cuidados de calidad, pero para ello, también es necesario que quienes cuidan lo hagan en condiciones justas y dignas”.
Las organizaciones defienden una “dignificación de las tareas de cuidados como tal”, apostando por una “profesionalización del sector”. Pero esto no es suficiente. Muchas personas se están profesionalizando, formándose en el área de cuidados a mayores, que demográficamente es el sector más numeroso, y no están ganando lo justo y lo digno. “Necesitamos un cambio de mentalidad”.
“¿Quiénes cuidan a quienes cuidan?”, pregunta Edith Espínola. Esa es la pregunta que está en el centro de todo el sistema ideológico que mantiene este trabajo, porque más allá de las leyes, que evidentemente se pueden luchar y se pueden cambiar, si no cambia el sistema, es imposible que se valore este trabajo adecuadamente. Entre otras cosas, porque la mayoría de las familias que en estos momentos contratan o subcontratan estos trabajos no podrían pagar un salario decente y, si se exigiera legalmente este tipo de salario, el sistema se vería colapsado.
Espínola enfatiza: “el cuidado es bueno para la ciudadanía, tiene que estar en el centro, por lo tanto, también se tiene que cuidar a la cuidadora”. Evidentemente “no todos los empleadores son malos y explotan a las cuidadoras, pero hay quienes se aprovechan de la situación legal y de este vacío para someter a las empleadas de hogar a unas condiciones de precariedad muy muy grandes”. Por ello, es imprescindible la implementación de políticas de cuidado por parte de las instituciones y los gobiernos, acompañada de recursos humanos y económicos.
Feminismo y privilegios
Los cuidados no son solo un asunto laboral, sino una postura feminista que afecta a muchos campos. Pero, incluso dentro del feminismo, si bien los cuidados en general, como una cuestión abstracta, sí genera cierto consenso, “cuando hablamos de leyes, de cambios en las regulaciones del empleo doméstico, no existe una demanda clara y perenne en todo el feminismo”, matiza la directora del Instituto de la Mujer.
“Todas y todos necesitamos en algún momento ser cuidados y cuidadas, esto no se puede negar, alguien lo hace, necesitamos que el feminismo se vuelque por completo en este tema, haga suyas nuestras reivindicaciones y juntas luchemos por los derechos de todas las mujeres, minorías o no”, resume Carolina Elías.
En ese sentido, Edith Espínola advierte que hay que tocar el tema de los privilegios, porque tal y como está planteado actualmente “ser cuidado o cuidada es un privilegio”. Como feministas hay que hacer esta reflexión y cuestionar las consecuencias que esos privilegios tienen sobre otras mujeres. Pero denunciar estos privilegios y mover este duro engranaje es complicado. “Por eso siempre decimos que, a veces, el feminismo trabaja para romper el techo de cristal, pero somos nosotras las que recogemos los cristales rotos y nos cortamos. Si yo tengo privilegios, tengo que revisarlo y ayudar a quien no los tiene. Hay mucho trabajo que hacer y tenemos que extender la mano”.
El tema de los cuidados tiene que ver con algo fundamental para el feminismo: la división sexual del trabajo, un pilar fundamental del patriarcado. Y para avanzar se necesita luchar por la corresponsabilidad entre los miembros de la familia dentro de casa y también es imprescindible una lucha social porque los cuidados estén garantizados por parte del Estado para todas las personas. “Es difícil valorar este trabajo cuando en realidad abunda gratis, es decir, hay muchas mujeres que lo están haciendo sin que nadie aparentemente se entere, sin que nadie lo pague y sin que nadie lo valore”, denuncia Beatriz Gimeno. Esta mirada se traslada al sector, es complicado valorarlo porque siempre va haber una mujer que lo haga gratis.
Marco de derechos
Es fundamental el establecimiento de un marco de derechos. Las organizaciones abogan por una campaña de sensibilización para delimitar bien en qué consiste el trabajo de hogar, qué riesgos implica y cómo debe protegerse la trabajadora y también la persona que está en casa haciendo la limpieza. “Una no debería arriesgar su vida por limpiar una ventana”, denunció Espínola aludiendo al accidente laboral que costó la vida a una trabajadora de hogar de origen marroquí hace apenas unos días, el último caso conocido, pero no el primero ni mucho menos. “Hay trabajos que una trabajadora del hogar no puede hacer”.
La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia la importancia de determinados sectores, por ejemplo, el sanitario, pero que los aplausos diarios se traduzcan en una reducción de las privatizaciones y en un apoyo verdadero al personal de hospitales y centros de salud es algo que está por verse. ¿Ha sucedido del mismo modo con el trabajo que desempeñan las trabajadoras de hogar y cuidados? ¿Se valoran más, a partir de eta crisis en la que se han evidenciado esenciales? “Espero que se valore, pero sinceramente no sé qué tanto vamos a conseguirlo”, afirma Carolina Elías, “tenemos que salir distinto y no volver una normalidad, caracterizada por la explotación y la desigualdad”.
Entre las peticiones concretas que las portavoces de Sedoac manifestaron en el debate del pasado jueves destaca el apoyo al único Centro de Empoderamiento de Trabajadoras de Hogar y Cuidados de Usera, que se ha quedado sin financiación. También, como todo el colectivo, defienden la ratificación del convenio 189 de la OIT por parte del Estado español, una “herramienta para iniciar el cambio”. Pero hay cosas que se pueden hacer en lo inmediato: “que desaparezca el sistema especial de la Seguridad Social para las trabajadoras de hogar, que desaparezcan los tramos, y que podamos tener el anhelado derecho al paro”.
Fotos: archivo AmecoPress-
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Economía – Empleo y género – Trabajo doméstico; 19 de mayo 2020. AmecoPress.



