Violencia obstétrica, un problema de salud pública para las mujeres
Madrid, 18 may. 21. AmecoPress.- La Universitat Jaume I de Valencia ha alojado el II seminario internacional sobre violencia obstétrica con el fin de visibilizar esta violencia como un problema de salud pública. La jornada ha contado, entre otras, con las ponencias de Desirée Mena, profesora del Grado en Enfermería e investigadora del grupo de investigación Enfermería; Jesusa Ricoy, especialista en educación perinatal, activismo ginecoobstétrico y feminismo maternal y Virginia Murialdo, doctora en Antropología y Sociología.
La directora del Observatorio de Violencia Obstétrica, Serena Brigidi, ha presentado el trabajo del Observatorio de Violencia Obstétrica, que nace para evidenciar y poder denunciar las vulneraciones que ocurren en el estado español como consecuencia de la violencia obstétrica.
Las líneas principales se centran en la lucha contra el negacionismo, tanto dentro del sistema sanitario como mediático y cultural: “La primera encuesta a madres que hemos realizado, demuestra la necesidad de trabajar el concepto de violencia obstétrica”. Para ayudar y estudiar esta realidad, desde el 12 de noviembre del 2019 el Observatorio de Violencia Obstétrica, una asociación independiente, forma e informa para conseguir mejorar los derechos de las mujeres durante la maternidad.
El Fondo de Población de Naciones Unidas de 2019 reconoce que hay una falta de consenso para definir qué es la violencia obstétrica, lo que dificulta detectarla y medirla. Desirée Mena, profesora de Grado en Enfermería e investigadora, ha centrado su exposición en la violencia obstétrica en España y la define a través de Jesus Arricoi como: “cualquier práctica o actitud médica expresada mediante lenguaje o actos que durante el seguimiento gineco-obstétrico de las mujeres embarazadas, parturientas o lactantes, ignora los derechos, deseos, decisiones, necesidades, emociones y/o dignidad de las mujeres, así como la de sus bebés”.
Varios estudios recogen la ausencia de derechos y respetos hacia estas mujeres durante las distintas fases del embarazo. Tras ser preguntadas, el 70% piensan que las instituciones no apoyan sus derechos y casi el 35% fueron criticadas por sus comportamientos con comentarios irónicos o descalificantes. De forma mayoritaria, las mujeres señalaron que no se les pidió el consentimiento informativo (83,4%).
Además, de estas 17500 mujeres, el 44% respondieron que creían haber recibido intervenciones dañinas para ella y su bebé, como el rasurado del vello púbico, prohibición de beber y comer o la Maniobra Kristeller (apretar de forma controlada con los puños o antebrazos el fondo uterino para expulsar al bebé).
El empoderamiento femenino tiene un gran papel para la lucha contra la violencia obstétrica, por ello, las conclusiones de los estudios señalan que la sanidad mixta es la que conlleva menos intervención. Sin embargo, más de la mitad de las mujeres encuestadas se sintieron inseguras, vulnerables, culpables o incapaces durante el parto.
Otro síntoma de violencia obstetricia es la falta de comunicación para crear un ámbito agradable y de cuidados. En todas y cada una de las variables analizadas aparece la figura del “otro” como persona que no logran identificar, lo que puede llegar a crear inseguridad y miedos durante su estancia en el hospital.
¿Por qué se produce?
La existencia de la violencia obstétrica viene impulsada, principalmente, por una falta de correcta formación de los y las profesionales de la salud y por un modelo medico hegemónico que considera el parto una “situación de riesgo”.
Además, no deja de ser una violencia institucional, ya que dentro de estas instituciones la administración sanitaria no aporta demasiados recursos -personal, turnos, etc- para estas situaciones, según ha expuesto Desirée Mena.
Por ello, también es importante señalar una serie de factores políticos y legislativos: “es necesario la existencia de un permiso de maternidad lo suficientemente extenso como para poder atender las necesidades de su bebé y poder ofrecer una lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses como recomienda la OMS y UNICEF”.
Consecuencias
Según otro estudio que la potente ha comentado, un 13,1% de las mujeres presentan un alto riesgos de sufrir estrés post traumático, tienen dificultades para recuperar la vida sexual, están expuestas a infertilidad secundaria por miedo a volver a pasar por ahí, dolor permanente en el coito, continencia urinaria o fecal por una episiotomía, etc.
También en el personal sanitario se producen consecuencias que, incluso, pueden llegar a abandonar su profesión por ser testigos de violencia obstetricia y no querer ser cómplices.
A pesar de todo ello, Mena explica que la existencia de la violencia obstetricia sigue sin estar aceptada por la mayor parte de la comunidad médica e incluso de la sociedad. De esta forma, se acaban normalizando las practicas dañinas tanto para la mujer como para la criatura.
Foto: archivo AmecoPress.
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Estado español – Salud y género – Salud reproductiva. 18 may. 21. AmecoPress
