Diálogos Feministas con Colectivos Sociales

Tres sectores, doméstico, cuidados y calzado, cuentan su realidad a las políticas de Unidas-Podemos

1ro de noviembre de 2019.

Por Adriana Rocha Pastor

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Madrid, 30 oct. 2019. AmecoPress.- A gritos de “¡¡Sí se puede!!” arrancaron ayer los Diálogos Feministas / Europa y América Latina que Unidas-Podemos organizó con diferentes sectores del movimiento. Más que diálogo, monólogo dos-a-dos: la trabajadora expone y la política responde. Hay algo en lo que todas las trabajadoras coinciden: su sector está “esclavizado, invisibilizado, explotado”.

Poco se tarda en aludir a las fechas que corren, aunque todas defienden que nada tiene que ver el acto con el electoralismo de las intensas campañas políticas. También es difícil no coincidir de vez en cuando si en España es moda este amor periódico a las urnas. Una vez al año no hace daño, pero al final las propuestas que nacen de las quejas acaban traspapelándose. Es importante volver a mirar hacia atrás.

Mª Eugenia Rodríguez Palop opina sobre los feminismos de la UE o Cs

Mª Eugenia Rodríguez Palop critica el feminismo de la UE, del PSOE y de Cs
“Somos todas mujeres feministas, luchadoras, que construimos”. Mª Eugenia Rodríguez Palop, eurodiputada y vicepresidenta primera de la Comisión de Derechos de las Mujeres e Igualdad de Género del Parlamento Europeo, habla la primera como moderadora. Da importancia a definir “qué tipo de feminismo somos” y discierne entre el feminismo institucional, más “lobbyista” y el feminismo social, en las calles. Y en el primer saco mete al PSOE o al que representa la Unión Europea. Rodríguez Palop cita a Nancy Fraser cuando señala al 1% de mujeres ricas con voluntad de liderar. Situaciones que, según reflexiona, no tienen esa tensión de la calle.

La estrategia feminista que adopta la UE cree que se basa en “cubrir mínimos”: hablan de la paridad, de la brecha salarial, de la no-discriminación… Pero la directiva está atascada por la férrea postura de países que no dejan avanzar, como Polonia. Pone como ejemplo a una eurodiputada de extrema derecha que no entendía por qué debía impartirse Educación Sexual en los colegios, “barbaridades”, según la moderadora.

También hay un revés para Ciudadanos, partido al que acusa un “feminismo de la Señorita Pepis”, que confunde independización con mercantilización, que mantiene la división público privada y que grita “Mi cuerpo es mío” como si se tratara el propio cuerpo de una empresa privada.

El feminismo relacional, en la otra cara de la moneda, aporta una visión intergeneracional que respeta y promueve la política y la valorización de los cuidados. “Somos seres de afectos y de cariños y ecodependientes”. Los cuerpos que entiende Unidas-Podemos, explica la eurodiputada, son “necesitados y sin visión esencialista” para no excluir a nadie del colectivo LGTBI, todo vale, no solo lo normativo. Explica que los cuerpos ocupan un lugar en las acciones comunes, “montan una vida alrededor de las personas” y precisan una visión periférica donde la experiencia y el testimonio son elementos clave.

Isa Serra responde a Carolina Elías

Las primeras en intercambiar opiniones son Carolina Elías, presidenta de la asociación Servicio Doméstico Activo (Sedoac), e Isa Serra, portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid. “Espero que no sea solo un encuentro por fecha electoral”, comienza Elías, que pone los puntos sobre las íes y destapa muchas verdades sobre la doble moral española. En un país con tanta población dedicada al sector de los cuidados, la demanda es cada vez más alta, pero las condiciones laborales han quedado estancadas.

“No queremos seguir siendo las que recojan los cristales del suelo para que otras mujeres blancas puedan romper el techo de cristal”. En el ámbito de los cuidados, “la mano de obra es de las mujeres migrantes”, explica contundente la presidenta de Sedoac. Sus condiciones laborales son “indignas” y la necesidad de cambio le parece imperante. El botón de muestra es la “modalidad interna, una evolución de la esclavitud inventada por el Estado moderno”. No tienen derecho al desempleo -es el único sector donde existe despido por desistimiento, según explica- y no se cotiza realmente el tiempo trabajado. Se perpetúa esa complicidad entre el Estado y el sistema jurídico, en comparación al resto de trabajadores. “No podemos dejar que España se autodenomine Estado de Derecho cuando se violan los derechos de miles de mujeres”. Sedoac lo tiene claro, pero también otras como Las Kellys, un colectivo de camareras de pisos. Es importante que se alíen.

“Nosotras cuidamos la vida en España, cuidamos lo que más aman, pero sin embargo, nos esclavizan”. Y ya no aceptan excusas ni de partidos ni de instituciones ni del Estado, lo que quieren es compromiso.

La solución sería aplicar el Convenio 189:Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos de la Oficina Internacional del Trabajo. Isa Serra, parte de la coalición morada, asegura que para Unidas-Podemos es “una prioridad ratificar ese convenio”. Le parece una vergüenza que no se haya aplicado ya. El Convenio 189 salvaría a las trabajadoras domésticas del “régimen de exclusión” en el que viven. Serra habla de derechos que el colectivo no tiene y rescata breve un tema menos tratado: el aumento del abuso sexual en este ámbito laboral.

Arremete contra el PP y contra el PSOE: en 2012 los conservadores recortaron sus derechos y aprobaron medidas contrarias, y asegura que los socialistas votaron a favor de una enmienda “que os hubiera dado igualdad real, pero se siguió atrasando”. La política se centra en el por qué: en el modelo económico-social actual, el sector hogar lo ocupa un 90% de mujeres, en su mayoría migrantes. Además de las malas condiciones laborales, se enfrentan también a una dura Ley de Extranjería. La política no entiende que se tengan que pasar años trabajando en negro para conseguir los papeles.

El 8-M las mujeres hacen Huelga Laboral, pero también de cuidados y, algunas, hasta de consumo. Sierra cree que si los trabajos invisibilizados se valoraran, el sistema económico se tambalearía. Es un gran sector y la inversión sería demasiada. La solución sería reorganizar el sistema de cuidados, pero “a los poderes les interesa que las mujeres de cuidados sigan ahí, perpetuadas” y da la razón a Carolina Elías cuando dice que no van a barrer unas el techo de cristal que han roto las otras. 2 PNLs llevan ya.

Sofía Castañón responde a Isabel Matute

Isabel Matute forma parte de la Asociación de Aparadoras y Mujeres Trabajadoras del Calzado de Elche, y habla con Sofía Castañón, secretaria de Feminismos Interseccional y LGTBI de Podemos y candidata de Unidas-Podemos al Congreso por Asturias.

“Durante más de 40 años, nadie ha hablado de nosotras”: Matute empieza cronológica. Las aparadoras llevan a cabo el artesano trabajo de hacer zapatos y avisan: cada día, sale un modelo nuevo y es un oficio que cuesta aprender. La degeneración de su sector ha sido progresiva, pero con los años van necesitando cambios urgentes.

Antiguamente, si la mujer se casaba, se le permitía “trabajar en casa”, donde al trabajo de aparadora se sumaban el cuidar la casa, al marido y a los hijos. Dos (o más) trabajos en uno: “una verdadera cruz: uno que no nos iban a pagar nunca y el otro, que casi que tampoco”. En una mirada al pasado recuerda una huelga del sector en Elche, ella tenía 15 años y consiguieron el Contrato Domiciliario (con un 10% extra). Asegura que en Elche eso ya no existe, aunque “los sindicatos, hipócritamente, lo siguen firmando”.

No tener derecho a baja laboral ni a jubilación las convierte en “esclavas, no trabajadoras”. Y la aparadora señala a la trinidad culpable: “sindicatos, empresarios y Administración, tres patas de la mesa que son las culpables de la situación de estas mujeres”. Consiguieron la jornada laboral de 40 horas y vacaciones dos años antes de que llegara la crisis del petróleo con el cierre de las fábricas. La producción se trasladaba a China, pero volvió “trabajábamos más barato que los chinos”, explica Isabel Matute. 1’5€/h, “si esto no es esclavista y tercermundista, no sé qué es”, añade.

Problemas de circulación, espalda, manos y vista son las cuatro enfermedades que más achacan a su trabajo. De 44 años trabajados, solo cotiza 6, y no es el peor de los casos: hay quien no ha cotizado un solo día. Solo quieren “que el Convenio de Calzado se cumpla, que no sea una quimera, que se reconozcan nuestras enfermedades”. Con una media de 10-11 horas trabajadas, estas mujeres frecuentan la consulta con quejas que todas comparten. El ejemplo del colectivo Las Kellys (camareras de piso) es motivante: ellas consiguieron que se reconocieran sus dolencias. Su colectivo es más pequeño, solo abarca a una comarca alicantina, pero recuerda que el calzado representa el 5% de la riqueza del Pais Valencià. El 90% son mujeres, unas 7.000 pero da igual. Ni de cifras ni de promesas se vive: “5 PNLs llevamos ya, pero no ha servido de nada”, explica Matute, que también milita para la coalición morada. Aún así, está feliz por el ruido que están haciendo: “Acaba de llamarme Wyoming, que quiere hacerme una entrevista”.

Castañón es quien responde a la aparadora, opina que las políticas públicas no están a la altura. La reivindicación laboral es una cuestión de reconocimiento de derechos y la política insiste en que hay que llamar a las cosas por su nombre. “Quien roba es un ladrón, fascista no significa lo mismo que nostálgico y no tener derechos laboral es esclavismo”. No se le puede pedir a los cuerpos de estas mujeres que trabajen hasta los 65 años cuando han soportado tantas horas de trabajo. Del cuerpo a la salud y de ahí a la vida: cada cosa cuenta.

La candidata por Asturies al Congreso cita dos reformas laborales: anticipar la jubilación en determinados oficios y recompensar las lagunas de cotización. Si la brecha salarial es del 23%, ella opina que lo de las pensiones debe ser una zanja. Con el Estado produciendo al margen del 50% de la población, ¿dónde está la democracia real? “Hay que tener memoria, los derechos se conquistan, pero nos los pueden quitar”. Que la CEOE duerma tranquila no es tan importante como ese otro 99% de la población. Castañón explica que “lo personal es político”, el trabajo doméstico es invisible, pero el movimiento feminista empieza a organizar a las mujeres por el cambio, no solo el 8-M. “Si vosotras paráis, no podemos andar”.

Irene Montero responde a Concha Real

Concha Real representa a la Plataforma Estatal de Ayuda al Domicilio, le va a responder Irene Montero, portavoz de Unidas-Podemos en el Congreso. La trabajadora social explica que, según un estudio, en 2033, habrá 12 millones de mayores necesitando cuidados, “cada día más personas”. La situación actual le parece una emergencia social: millar y medio de dependientes y cerca de 50 millones esperando a ser reconocidas en el limbo de los Servicios Sociales”.

El SAAD (Sistema para la Autonomía y la Atención a la Dependencia) no conoce la conciliación familiar. Han querido profesionalizar el trabajo, pero no lo han dignificado: “cuidados del hogar, como si lo lleváramos en el ADN”. Al trabajar en una casa particular, la de la persona atendida, no cuentan con ayuda técnica. Tampoco hay un control de calidad o de sanidad previo a su visita. Trabajan con personas dependientes, en riesgo de exclusión social, con enfermedades mentales o con paliativos.

Concha Real se queja también de las enfermedades músculo-esqueléticas que suele sufrir su colectivo, además de la presión psico-social por bajas o depresión a las que están ya acostumbradas. El sistema tampoco ayuda: un salario bajo se valora poco y, aunque la realidad es que son trabajadoras cualificadas, la imagen que se crea es que no tienen formación profesional. Otros temas como el plus por peligrosidad o el obvio disgusto por cobrar el salario mínimo los trata por encima. Acumulan 2 PNLs que “ojalá alguna vez sean más que proposiciones”. Quieren hacer público el servicio (la Administración externalizó el servicio), la mejora de sus condiciones laborales, que se redacte un epígrafe de jubilación anticipada, Prevención de Riesgos Laborales (aunque sea un domicilio privado), revalorización de la figura del SAAD y una partida en el BOE para la Ley de Dependencia. ¿Por qué? “Porque algún día todas vamos a depender de alguien”.

Irene Montero agradece “la crudeza y la entereza” en estas historias de “mujeres que se levantan pronto y se acuestan tarde, con condiciones laborales de mierda”. Habla del loco bucle de la política, que a veces despersonaliza la razón de su carrera profesional. El colectivo de Concha tiene como objeto de trabajo “la vida de las personas que queremos”, pero sus testimonios inhumanos demuestran que la economía está descontrolada. Según la portavoz de Unidas-Podemos en el Congreso, la economía olvida las necesidades de los cuerpos en pro de intereses económicos. El descontrol del sistema limita la democracia española, pero Montero va a la otra cara de la moneda: con mujeres cobrando 1’5€/h, la duda es para qué empresas trabajan las aparadoras.

“El modelo económico es incompatible con la vida”, opina. El feminismo y el ecologismo son dos movimientos que apuntan al mismo objetivo: el progreso. En un ataque a los medios, Irene Montero se queja de cuánto se le pregunta cuándo va a sustituir a Pablo Iglesias en los mandos del partido. Ningún periodista le ha preguntado por el Convenio 189. Y tampoco sirve de nada que ella como política diga que hay que ahorrar agua para ser ecologistas. Lo que se puede hacer desde el Congreso es “penalizar y disciplinar a la gran empresa, la culpable”, y cita a Endesa o Naturgy, entre otras.

Montero cree que feminismo y ecologismo plantean una cuestión central en el debate: “darle la vuelta a la economía”. El gobierno tiene que reorganizar el sistema económico de producción en cuestiones como los cuidados a nivel profesional o la preocupación real por el planeta, garantizar igualdad. La cuestión no va de “cosmética o electoralismo” y la política insiste en que son muchas las personas peleando, “no van a parar hasta que esto genere acción de gobierno”.

En su opinión, la nueva crisis de la que hablan los expertos no va a solucionarse dándole tanto peso a temas como Franco o Catalunya. Las mujeres conocen como nadie los recortes: “cuando lo común se hace pequeño” son quienes más sufren. La denominada “mochila austriaca” es la crítica de Montero para el PSOE. No entiende por qué Sánchez dijo que no a su coalición para no tener dos gobiernos en uno si más tarde iba a tener esa misma división pero a nivel interno, en su partido. La ministra Valerio en contra de la mochila austriaca y Calviño y el presidente en funciones, a favor: algo no encaja. “A lo mejor quien se tiene que preguntar si tiene dos gobiernos en uno es Pedro Sánchez”. Se debate si el trabajador paga o no la indemnización en un despido. De ninguna manera esperaban solo los sillones de un gobierno de coalición. A Unidas-Podemos les dejaron carteras que no cambian la vida de la gente, y lo que quieren, si llegan al gobierno, es hacerlo “sin puertas giratorias, sin coger dinero del ICO, sin vergüenza”.

Otro ataque de la portavoz de Unidas-Podemos señala a los medios, por haber publicado falsa información del partido durante meses. Un espontáneo enfadado con las fake news pregunta “¿Has tomado nota, Ferreras?” en la sala. Tiene otra pulla para los bancos, que “no perdonan deudas a las familias pero sí a los viejos partidos del bipartidismo”. Pero ante tanta molestia externa, Montero recuerda que “las cosas se consiguen codo a codo, luchando. No nos creemos esa patraña de que no se puede”.

Fotos: Archivo AmecoPress
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