Gioconda Diéguez, Coordinadora en Derechos Sexuales y Reproductivos en Bolivia

“Se ha creado este discurso de la ideología de género para deslegitimizar y desacreditar todo el avance de la igualdad entre mujeres y hombres”

11 de junio de 2019.

Por Gloria López

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La experta, que participó en Madrid en una jornada organizada por la Federación de Planificación Familiar Estatal, aboga por la laicidad en las políticas públicas y la relevancia de procesos liderados por mujeres para el cambio en la agenda política de gobiernos locales y nacionales


Madrid, 11 junio. 19. Amecopress. Gioconda Diéguez es peruana, aunque ahora vive en Bolivia, coordinado programas de la ONG Alianza por la Solidaridad. Cuenta con amplia experiencia en transversalización de los enfoques de género, derechos humanos e interculturalidad, en promoción y defensa de la salud y derechos sexuales y reproductivos, incidencia por los derechos de las mujeres y lucha contra la violencia de género. Estuvo en Madrid participando en una jornada, organizada por la Federación de Planificación Familiar Estatal, titulada ‘La cooperación al desarrollo en salud sexual y reproductiva. ¿Dónde estamos?, y pudimos conversar con ella.

En su intervención, Gioconda Diéguez valoró el Consenso de Montevideo como un importante logro para la región, ya que incorpora algunos aspectos sobre los derechos sexuales que el Cairo no abordó y además incluye a los pueblos indígenas. En este acuerdo, donde se definen compromisos, estrategias, políticas y programas en el ámbito de la salud sexual y reproductiva, se incluye también la importancia del principio de la laicidad en las políticas públicas y la relevancia de una educación sexual integral en igualdad y ciudadanía.

Durante la jornada varias de las personas que han intervenido advierten del retroceso que se está produciendo en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Cuál es la situación en Latinoamérica?

En América Latina la relación entre Iglesia y Estado es muy fuerte. Ha habido una lucha desde el movimiento feminista para avanzar en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y en laicidad de los Estados. Pero más allá de las normativas, que pueden estar apuntando al compromiso con la laicidad del Estado, está la práctica. La injerencia que tienen los poderes religiosos o grupos laicos pero que tienen una base religiosa conservadora es enorme. Se han sabido colocar como parte de la sociedad civil, vienen sabiendo utilizar herramientas de incidencia, de trabajo con el Estado, cursos de derechos humanos, pero buscan retroceder en todo lo que tiene que ver con la lucha contra la violencia contra las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos.

Esta vuelta hacia la derecha que se está dando en Latinoamérica está facilitando el trabajo de estos grupos y el surgimiento de grupos como ‘Con mis hijos no te metas’, que tienen como líder al hijo de un pastor evangélico que forma parte del Congreso en Perú y que tiene como objetivo la lucha contra la igualdad de género en la educación. Se ha creado este discurso de la ideología de género para deslegitimizar y desacreditar todo el avance respecto a la igualdad entre mujeres y hombres.

Igual que aquí.

Claro. Son estrategias globales que van adaptando a los contextos de acuerdo a las oportunidades que se van encontrando.

En Bolivia también han entrado. En algunos casos usan discursos religiosos, en otros, estratégicamente no, pero de base está una mirada muy conservadora, discriminadora y con un uso negativo de la religión, porque yo creo que las religiones también pueden ser herramientas de avance, progreso y liberación.
Esta mirada más conservadora, tratando de mantener formas de discriminación históricas, está floreciendo y fortaleciéndose también con financiamiento de determinadas empresas.

Entre sus estrategias destaca el desprestigio de la lucha feminista, de las organizaciones de mujeres. Tratan de imponer miedo, temor, crear campañas –y tienen dinero para hacerlo- para crear miedo y rechazo hacia las feministas, la igualdad, tergiversando todo, mintiendo. Además de trabajar con jóvenes, con poblaciones, también se ubican en contextos electorales, como ahora en Bolivia. Están ahí y cada día con más fuerza. Es una tendencia global que lo que hace es vulnerar los derechos de las mujeres.

Cuéntanos acerca de vuestro trabajo en la base social, con las organizaciones de mujeres.

Trabajamos para facilitar procesos para su auto-reconocimiento como sujetos, como sujetos de derecho y por el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos que tienen que ver con todo. Facilitamos procesos desde mujeres lideresas, jóvenes, para construir una agenda de propuestas hacia sus instituciones a nivel local, generamos campañas comunicacionales para la obtención y defensa de los derechos.
Partiendo de las necesidades y propuestas de los grupos, con un trabajo de interseccionalidad, en el sentido de reconocer las diversas identidades: soy mujer, soy indígena, vivo en zonas rurales, soy lesbiana, soy joven….Y tratamos de entrecruzar y entrelazar propuestas. No es fácil porque la agenda de derechos sexuales y reproductivos sigue siendo muy desprestigiada, pero es vital para el desarrollo.

¿Qué significado tiene para ti el hecho de que sigan siendo los hombres, con sus debates y sus políticas, quienes decidan acerca de los derechos de las mujeres, como por ejemplo el derecho a interrumpir su embarazo?

Esa situación está presente en todos los campos. Lo que está de base es el sistema heteropatriarcal milenario, capitalista, que no pone en el centro a las personas y mucho menos a las mujeres. Esas reflexiones sobre las relaciones de poder necesitamos ubicarlas en el centro de todos los espacios: en las relaciones afectivas, en la interlocución con las instituciones locales, en la participación política.

Por ejemplo, en Bolivia se han logrado leyes de paridad en la participación política. Pero en la práctica, a nivel nacional el porcentaje de repostulación de las mujeres es mínimo porque las que han asumido responsabilidades tienen muchos costes y no se animan a repetir. A nivel de concejalas se habla de paridad y alternancia pero muchas veces cuando una mujer ocupa un cargo público tras ser elegida, se entiende que, sin son 4 años de gobierno, lo desempeñas dos años tú y dos años tu alterno hombre. Y muchas mujeres lo validan como una cuestión de respeto hacia los hombres y no se dan cuenta de que detrás lo que se está impidiendo es una verdadera participación política y la alternancia.

Hicimos un estudio en los municipios. Hay barreras de entrada, desventajas que se enfrentan más si eres de una comunidad indígena rural. Y en el proceso se refuerza la resistencia. Aun existiendo normas que supuestamente garantizan su participación, está costando. Son mucho más juzgadas en su labor y cuestionadas más allá del rol que puedan desempeñar en sus cargos. Son cuestionadas en su entorno más cercano: “¿Qué estarás haciendo para estar ahí?, ¿Qué estarás dejando de hacer de tu rol de madre?, ¿Con quién te estás acostando?
Por ello, las mujeres ven como muy positivo el apoyarse en las redes de mujeres, reafirmándose y comprometiéndose.

Fotos archivo AmecoPress


Internacional – Derechos humanos – Salud reproductiva – Aborto – Política y género; 11 de junio. 19. AmecoPress