Unaf organiza la jornada ‘Maternidades vulnerables’

Madres jóvenes, solteras, sordas, que no quieren ser madres o que necesitan ayuda

29 de octubre de 2019.

Por Adriana Rocha Pastor

Madrid | Sociedad | Situación social de las mujeres | Encuentros y Jornadas





Madrid, 29 oct. 2019. AmecoPress.- Las Maternidades Vulnerables la conforman muchas realidades distintas. El proceso no lo vive igual una joven que quiere abortar porque no puede hacerse cargo del bebé que una madre sin recursos económicos ni alojamiento. Tampoco se vive igual la maternidad desde una disfuncionalidad como la sordera o desde una etapa adolescente, casos que se ven abocados a la necesidad de una figura externa que actúe a modo “muleta”. Esta mañana, al CaixaForum de Madrid, se han acercado diferentes voces; cada una, con una visión que aportar.

La jornada arranca con unas palabras de inauguración por parte de Isabel P. Fuentes, directora del espacio anfitrión; Soledad Murillo, profesora de Sociología en la Universidad de Salamanca, secretaria de Estado de Igualdad y parte del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad; Amaia Echevarría, directora de la UNAF (Unión de Asociaciones Familiares) y Elvira Méndez, directora general de la Asociación Salud y Familia.

Algo que caracteriza a todas las asociaciones por igual es la diversidad. Sin hacer especial hincapié en ello, las entidades han dejado claro que variables socio-demográficos no actúan como límite restrictivo, sino en ocasiones todo lo contrario. Al fin y al cabo, se trata de grupos sociales que viven la maternidad de diferentes maneras y perciben servicios acorde a su realidad y su necesidad particular.

Atención proelección a la maternidad vulnerable

Elvira Sánchez, en la primera intervención, nos cuenta su experiencia desde Cataluña con la Asociación Salud y Familia. Explica que el enfoque que reciben las mujeres parte de tres conceptos: pro-elección, equitativo y diverso. Defienden la libre contracepción de emergencia y la libre interrupción del embarazo y lo hacen priorizando la situación de mujeres y madres de colectivos vulnerables y desfavorecidos. “No es igual”, dice Elvira Méndez, el entorno cómodo de quien tiene fácil acceso a estos servicios que el escenario de “condiciones adversas” de las que lo tienen más difícil.

“Las mujeres son las equilibristas que sostienen las familias”, y en esa cuerda floja, cualquier ayuda es positiva. Organizan Grupos de Atención a la Maternidad a Riesgo, con atención psicológica en hospitales; Madres entre dos culturas, con diferentes grupos según idioma -donde hay desde hispanohablantes hasta grupos monoculturales con nacionalidades como China, el Magreb o Pakistán- y el Programa de Oportunidades, con Grupos de Apoyo y Orientación a Madres Adolescentes y Jóvenes.

Hay leyes como la de González del 91 o, más recientes, la de Zapatero y la de Gallardón. La evolución de la legislación del aborto es un caso aparte. Elvira ha recordado que el aborto legal “no solo salva vidas, también previene el aborto”. Y se basa en las recomendaciones Cochrane, cuya biblioteca puede resolver muchas, muchas dudas. La representante de la entidad catalana ha tratado las diferencias entre los diferentes sistemas sanitarios autonómicos. Cree que en Madrid, en comparación a Cataluña, hace falta más coordinación. Explica que en Cataluña optan más por la integración entre las entidades públicas y las privadas como forma real de tejer redes estables.

En Salud y Familia también trabajan la cuestión de la Violencia de Género, entre la pareja, donde optan por la detección precoz y la ayuda inmediata cuando una usuaria da positivo en un test que, vía 3 preguntas, detecta si una mujer está siendo víctima. “Es encender continuamente luces en el laberinto de la violencia”, explica Elvira. Todavía 7 de cada 10 mujeres, aún reconociendo el problema, aseguran que son capaces de controlarlo por su cuenta, que no necesitan ayuda o que “no es el momento, quizá en un futuro”. Casos que, seguramente, no lleguen a ser denunciados.

Mediación para madres y padres con hijos e hijas adolescentes en situación de riesgo
La sensación de pertenencia del adolescente es tanta como su ansia de libertad. Es algo que sabe bien Gregorio Gullón, responsable del Servicio de Mediación para Familias con Hijos/as Adolescentes en UNAF. Integra a cualquier persona de la familia en su círculo más cercano, quienes viven en la casa. Las Maternidades Vulnerables son solo una cara de la moneda, algo que Gullón critica: “Ciertas paternidades que no se sitúan donde se deberían situar, padres más ausentes, que no se colocan”. Más que centrarse en los y las jóvenes, intentan hacer recapacitar al padre y a la madre de la joven: “Nosotros, si no vienen, nunca comenzamos”.

“No somos Supernanny, no vamos a redactar relaciones contractuales, nuestro trabajo es algo más complejo”. Su perspectiva entiende lo que caracteriza la adolescencia y también la tensión de la madre y/o el padre que vive con la joven. Las familias suelen llegar con dificultades en la resolución conjunta de problemas. Una necesidad que se tiene que asentar sobre la capacidad de comunicación, que a su vez necesita un vínculo seguro. El problema profesional suele ser intentar resolver la capa 3 sin tocar la 1. Un modelo de apego seguro les hace manejar bien sus relaciones.

Optan por modificar ciertos modelos de apego. Los “patrones educativos, heredados, muy rígidos, que no les permiten adaptarse a la realidad y necesidad de sus hijos/as”. Al ayudarles, se alejan de modelos autoritarios donde fueron educados, pero acaban colocándose en el mismo sitio sin darse cuenta. “Ser un padre autoritario y uno permisivo es lo mismo: ninguno de ellos va a poder adaptarse. La mediación intenta hacer un traje a medida para cada familia, ningún modelo educativo sirve para todas las familias”, explica Gregorio.

“Contestar mal, un puñetazo a la pared… Son conductas que a los padres les asustan. Se suelen centrar en cambiar esta conducta concreta, se vuelven miopes a lo que sí funciona en sus hijos, que se sienten cada vez más incomprendidos y frustrados”. Pero, ¿qué herida se esconde tras la conducta? Los padres han de ser contenedores emocionales de sus hijos y figuras de apego seguras para ellos.

Es una espiral insana que, sin cambio, no da resultado: no se puede empezar la casa por el tejado. Su organización ofrece servicio directo y gratuito por la CCAA de Madrid. “7 o 8 sesiones, suele ser suficiente”, aunque también hay casos de duración prolongada. Atienden a familias derivadas de Servicios Sociales, con rasgos de vulnerabilidad o familias más normativas cuyos padres están “asustados”.

Madres sordas: doble vulnerabilidad

Laura Hernando es psicóloga y Técnica del Área de Investigación y Materiales en LSE de la LSE (Lengua de Signos Española) de la Fundación Confederación Estatal de Personas Sordas. Asegura que todas las madres sordas “necesitan atención especializada por el tema de la comunicación”. En España, según los últimos datos del INE, casi 4 millones de personas con distintas discapacidades. 1 millón 64 mil, son personas sordas: el 56% del cual son mujeres”. Explica que las madres sordas en España son un grupo muy heterogéneo en el que variables específicas de la sordera influyen sobre las inevitables variables sociodemográficas.

Existe una Ley de la ONU sobre los Derechos de las Personas discapacitadas y otra, a nivel estatal, la Ley 27/2007, del 23 de octubre (LSE), que versa que las personas sordas no pueden ser discriminadas, ni tratadas desigualmente. Pero del dicho al hecho hay un trecho. Laura Hernando cuenta cómo hace poco una jugadora de fútbol tuvo que quitarse el audífono durante un partido por orden directa de los árbitros. “Como ellos son quien mandan, pues ya está”. Finalmente, se denunció el caso y se falló a favor de la chica, que ahora puede utilizar el audífono si quiere. Pero esa injusticia es una valla que se pasan toda la vida saltando. La realidad está lejos de conseguirse.

Otro caso dice que una madre sorda llama a un centro sanitario y pide información, de la que se pueda enterar, no por teléfono. Le preguntan si se puede poner su hija al teléfono, de 6 años. Otra madre sorda tuvo que escuchar que no había intérprete en un evento porque “no cabía más gente”. Otro ejemplo es una madre que, tras dar a luz, en la habitación con el bebé recién nacido, tuvo que soportar que las indicaciones médicas las recibiera un familiar en vez de ella. “Que la madre soy yo, que me lo expliques a mí”, recrea Laura. Y hay otra, con bastante buena lectura labial, que no entendió al médico y le pidió que vocalizara mejor para poder entender sus palabras a través de sus labios. Se negó. Esto son solo ejemplos, casos de fracaso en los que gana la barrera de la comunicación y quien acaba por no acceder al servicio es la madre sorda. Cualquiera de estas situaciones incide directamente en la autoestima: “cada vez que tienen que hacer algo tienen que luchar por conseguir lo que dictan sus derechos”.

La propuesta del colectivo es garantizar pleno acceso a la información sobre recursos para madres, incorporar lenguas de signos y subtitulado en campañas mediáticas, eliminar barreras sonoras en las consultas y las habitaciones de los hospitales y la adaptación textual, en pro de un lenguaje más sencillo que incorpore elementos visuales para facilitar la comprensión.

Las madres sordas tienen derecho a tomar libremente sus decisiones. No hay que hablar directamente al intérprete o al hijo/a. “Hace sentir muy mal, inferior, a la mamá sorda. Sobre todo, en mujeres mayores, que sienten miedo a que las tomen por tontas. Puede conllevar que se inhiban y se vayan con la consulta con las mismas consultas que llegaron”.

Así que piden más sensibilidad e implicación por parte de los profesionales que las tratan. “Debido a la falta de posibilidades, se ven obligadas a recurrir a otra persona para conseguir una buena comunicación con su entorno”. Se convierte en una falta de autonomía total, falta de intimidad personal. Una de ellas decía: “Durante toda mi vida tengo que luchar por mi discapacidad. Un momento tan bonito como la primera ecografía, se convierte en una experiencia agridulce”. Se convierte en un trámite de cómo hacerse entender con el personal sanitario.

Análisis de la realidad monomarental

Carmen Flores preside la Federación de Asociaciones de Madres Solteras, una asociación que suple algo que no hace la administración pública. Empoderan a las madres solteras en pro de su inclusión social. Meten mano en diferentes ámbitos: orientación, información, intervención social-familiar, vivienda, atención a las necesidades básicas, empleo y formación, conciliación, ocio, participación.

Nos explica que durante el franquismo, las madres que tenían hijos extramatrimoniales eran metidas en entidades del Patronato de Mujeres Solteras o derivadas a entidades religiosas para “encarrilarlas”. Afortunadamente, la cosa ha evolucionado. En 2018, atendieron a 692 mujeres asesoradas por primera vez, 272 asesoramientos fueron presenciales y otros 420, por RRSS o por teléfono. En España, se contabilizan 1.878.500 familias monoparentales, el 83% de las cuales están encabezados por mujeres: familias monomarentales. Son un 10,7% del cómputo total de familias en el territorio y, de todas ellas (1.529.900), el 65% confirma tener problemas para llegar a final de mes.

Se desprotege la infancia si no se tiene en cuenta la existencia de familias monomarentales. Y ahora mismo, la estabilidad de una familia monomarental depende de sus recursos propios, por lo que piden más políticas públicas.

Convivencia, empleo y ahorra son los tres elementos determinantes para lograrlo. El Área de Vivienda de su asociación es una de las más importantes: “Alquilar es caro, comprar, ya no os quiero contar para una persona sola, es mucho más difícil”. El proyecto de Bolsa de Vivienda Compartida que promueven acogió el año pasado a 70 familias monomarentales. En esta línea, desarrollan un Taller de Convivencia que detecta, previene o soluciona los problemas que puedan surgir. Otro programa gestiona las situaciones más vulnerables mediante pisos de acogida temporal o atención a necesidades básicas: banco de alimentos, servicio de donación de ropa y mobiliario infantil. Con tal abanico, por supuesto, también cuentan con actividades pro-empleo.

La mayoría de las mujeres que atienden ronda de 30 años, el 59% son españolas o tenen permiso de trabajo. El nivel de ingresos más habitual menos de 900 euros. “Que alguien me diga, con menos de 900 euros, cómo se puede sostener una familia”.

Programa Preinfant de acompañamiento a la maternidad

Arantxa Díez coordina el programa público y gratuito Preinfant Madrid, de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD). Su trabajo consiste en intentar hacer un poco mejor la vida de las familias. “Damos soporte a la madre, protegiendo así a salud física y psíquica del bebé”.

Suelen reunir 3 o más criterios de vulnerabilidad. Casi todas coinciden en no tener recursos económicos (66%) y no tener apoyo familiar (53%). Otros son la violación en la relación de pareja (22%), violencia en la familia de origen (32%), ser menor de 21 años (27%) o tener problemas de salud mental (16%). “Es difícil sostener una maternidad, todavía más difícil cuando son adversas las condiciones que nos rodean”, explica Arantxa.

“No es que haya una relación directa entre estas dificultades y el maltrato infantil”, puntualiza la representante de ABD. Pero sí es cierto que la OMS ubica como factor de riesgo del maltrato infantil las dificultades de las personas adultas de su entorno. Ellas, este año, han trabajado con 73 familias: 73 mujeres -de 14 a 42 como media de edad-, son 61 bebés que han visto nacer. 59 de las madres eran primerizas. El 34 % trabaja Todas ellas en trabajos precarios, sin contrato, temporales, parciales… muchas de ellas pierden el trabajo cuando saben que están embarazadas, algo que Arantxa Díez está tratando de demostrar, según nos cuenta.

En ABD apuestan por ellas, por su capacidad como madres. Sus situaciones adversas no quitan que no puedan ser “buenas madres”, importante: aquí hace comillas con las manos. No son moralistas, ni paternalistas, no estigmatizan… Su enfoque.filosofía-metodología es distinto. El acompañamiento a la maternidad es psicológico-informativo en la etapa prenatal y se transforma en el parto, “un momento en sí mismo, la clave, el principio de todo, cuando se va a iniciar el vínculo”. Para ellas, es importante estar presentes en el parto, aunque si hay una pareja o familiar que vaya a dar la mano, le dejan ese espacio. Si no, la mano la pone la ONG. Y siguen en el posparto, esos primeros meses posteriores: la presencia en el domicilio es más intensa, se están reestructurando los roles tradicionales. La ayuda depende de cuándo acuda la madre a la organización. La jornada cierra con el testimonio de Jenny, quien lo que más destaca es esa ayuda psicológica: “seguridad de mujer, de madre, como amiga, quererme yo”.

Foto: Archivo AmecoPress
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Sociedad - Diversidad - Situación social de las mujeres- Encuentros y jornadas. 29 oct. 2019. AmecoPress.