Violencia obstétrica

La respuesta a por qué fue mala tu experiencia en torno al parto

5 de febrero de 2019.

Por Lidia López Hernández

Madrid | Voces de mujeres | Situación social de las mujeres | Salud y género | Salud reproductiva | Maltratos | Formación en género





Madrid, 31.ene. 19. AmecoPress.- La violencia obstétrica es desconocida para la gran mayoría de la población pero, sin embargo, afecta de manera considerable a las mujeres en su salud reproductiva. A través de su difusión, concienciación y educación es posible combatirla para, entre otras cosas, tener un parto respetado y un servicio ginecológico que cuente con tu opinión.

Para comenzar, ¿qué es la "violencia obstétrica"? La Organización Mundial de la salud (OMS) en su informe ‘Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud’ dice: “En todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación”. Esta problemática, entre otras, podría entrar dentro de lo que llamaríamos violencia obstétrica. Está pasando, es real y la OMS lo corrobora.

Pero la violencia obstétrica no ocurre solo durante el parto. Si buscamos de manera más profunda, podemos encontrar la definición del ‘Observatorio de la Violencia Obstétrica’ de la asociación ‘El Parto es Nuestro’, para la cual es: “la apropiación del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres.”

No podemos comparar cómo se expresa este tipo de violencia en países desarrollados y en los llamados del “Tercer Mundo”. La sanidad en cada país es diferente y, a pesar de la globalización y la información que poseemos hoy en día, las técnicas utilizadas en cada país para ayudar a pacientes, difieren más de lo que en un principio nos imaginaríamos.

España ocupa el primer puesto en sanidad eficiente en Europa y el tercero del mundo. Constantemente recibimos casos que confirman la gran labor que se hace en nuestro país en términos sanitarios. Pero, ¿es igual cuando se refiere a los procesos reproductivos de la mujer?

Tipos de prácticas que se consideran violencia obstétrica

La Organización Mundial de la Salud desde 1985, y con la colaboración de profesionales de la salud de todo el mundo, consideró que la tasa ideal de cesárea debía oscilar entre el 10% y el 15%. Sin embargo, en 2011, el Ministerio de Sanidad español aportó un informe que hablaba sobre la evolución de la Tasa de Cesáreas en los Hospitales Generales del Sistema Nacional de Salud. Con ello, nos encontramos con un 21,88 por ciento en el último año registrado aquí, 2011. Incluso, podemos ver un incremento del 9,5 por ciento entre los extremos de la serie.

A pesar de no contar con excesivos datos a partir de esa fecha, ‘El Parto es Nuestro’ creó esta gráfica con la ’Tasa de cesáreas por Comunidad Autónoma y tipo de hospital’. Como podemos ver, los números son mucho más altos que los recomendados por la OMS. Esto quiere decir que se hacen más cesáreas de las que serían necesarias.

Otro tipo de prácticas que se pueden considerar violencia obstétrica, parten de hábitos como:

-  Los tactos realizados por más de una persona sin ser necesario
-  El uso de fórceps. [1]
-  La episiotomía como procedimiento rutinario. [2]
-  La maniobra de Kristeller: [3]
-  El raspaje de útero sin anestesia
-  Los partos inducidos a conveniencia de intereses fuera de la medicina
-  Obligar a la mujer a parir en una posición que no le resulta cómoda si hay otras alternativas que la permitan sentir menos dolor
-  Rechazar u obstaculizar sin una causa debidamente justificada la técnica “piel con piel”, que consiste en colocar al recién nacido en el momento del nacimiento sobre la piel de su madre. Se ha demostrado que su uso mejora notablemente las constantes vitales y es favorable para su desarrollo neurológico, psicológico y emocional
-  Alterar un proceso natural de parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas para acelerarlo, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

Estas son solo algunas prácticas comunes que entrarían dentro del término que analizamos.

"Hay profesionales que quieren hacer las cosas de otra manera y reciben mucha violencia"

Marta Busquets es Licenciada en Derecho. Además, cuenta con un Máster en Derecho y un Máster en Mujeres, Género y Ciudadanía. Actualmente está cursando el Doctorado en Estudios de género. Desde AmecoPress hemos contactado con ella para saber cómo se ve este tipo de violencia desde el plano jurídico.

Busquets, hace unas semanas, comentó el caso de una de sus clientas, comadrona de ASSIR en Barcelona, que estaba siendo represaliada por la coordinación de su centro con el apoyo del hospital de la zona por tratar de ejercer su profesión, por estar actualizada científicamente y, como ella misma cuenta en su blog, “lo que es más grave: por explicar a las mujeres todas las opciones, ofrecerles alternativas y apoyarlas en las decisiones informadas que tomen.”

¿Por qué sucede esto? “Porque no interesa la autonomía de las mujeres y la comadrona es una figura bastante central para que las mujeres logren esta autonomía.” En general, y como nos cuenta la abogada, “es una profesional que les incomoda. Estas cosas te obligan a adaptarte, a estar actualizado y a opciones que no son las que tú elegirías y al final es un tema de tener bajo control a las mujeres.”

Las comadronas, “con el tipo de trato que ofrecen o que pueden potencialmente ofrecer, convierten el proceso en mucho más personalizado, más atento a las necesidades concretas de cada mujer, y tampoco apetece en modelos hospitalarios o patológicos donde la base es la estandarización, un protocolo que se aplica a todas las mujeres. Por todas estas razones, a grandes rasgos, no interesa que haya comadronas potentes dentro del sistema y muchas de ellas se sienten expulsadas en diferentes momentos”.

A pesar de que no pueden existir normas o cláusulas que impidan explícitamente a las comadronas informar de todas las opciones, Marta Busquets cree que “de alguna manera sí que existe una norma no escrita de prohibición de informar, porque si el efecto es que vas a tener problemas en el equipo o que te van a echar broncas, que te van a hacer la vida imposible en el trabajo, obviamente ahí ya se está desincentivando de alguna manera un determinado tipo de atención.”

La OMS dice que más de un 70% de los embarazos deberían ser fisiológicos o normales, que son los resultados que obtienen países como por ejemplo, Inglaterra o Suecia donde el abordaje que se hace es desde la fisiología. “Es imposible que todas las mujeres estemos enfermas. Si tú buscas en España es prácticamente imposible encontrar a una mujer a la que no le haya surgido cualquier complicación, ya sea durante el embarazo o el parto. "

"Cómo puede ser que haya países donde todas las mujeres paren sin problema, y haya países como España donde haya tantos problemas. Es por el tipo de atención médica que se nos da a las mujeres.” ¿Qué características tiene nuestro país para que esto sea así? “España es un país altamente intervencionista a nivel obstétrico, el propio Ministerio de la Sanidad cuando emite sus informes dice que de todos los modelos europeos, España se sitúa en un modelo altamente intervencionista.”

Una de las grandes preguntas es si esto ocurre más en la sanidad pública o privada. “Obedece a dinámicas diferentes. En la privada tradicionalmente hay muchas más cesáreas, más inducciones, intervenciones, más ecografías de las necesarias (las facturan, por intereses económicos y por temas prácticos). En la privada casi no existe la figura de la comadrona, y las pocas que hay, están subordinadas al ginecólogo.”

Nos cuenta que en la pública también ocurre. De hecho, ella misma elaboró este informe para ‘Dona Llum’ que cuenta con "dos estadísticas donde se veía que por ejemplo que en fin de semana y puente, casi no nacen bebés. Se programan inducciones etc. para que no caigan en puentes. Como razón tienen la optimización de recursos, les va mejor que se dé a luz en horario laboral porque es cuando hay más plantilla. En ambas sigue habiendo la cultura de la patologización, aunque cada vez nos alejamos más, y eso marca mucho, la misoginia a las mujeres. Está la ideología de que no pueden parir sin cortes está presente vayas donde vayas.”

Al defender durante tantos años este tipo de prácticas que han permanecido en la sombra, Busquets afirma que “nos han tratado de locas solo por decir que las mujeres somos personas. Nos dejan claro que lo que nosotras queramos, deseamos o necesitemos no importa, porque hay otra persona que sabrá más que tú y que será la que te diga todo el rato lo que tendrás que hacer. No se contempla que tú sepas más que la otra persona, que estés más informada o que puedas tomar tus propias decisiones.”

Pero entre tanto descalificativo, Marta Busquets nos ofrece una luz. “Siempre que he ido a dar una charla en un foro lleno de gente y hablas de violencia obstétrica, puedes ir viendo caras de “está loca” o “qué dice”, o gente muy enfadada porque se sienten interpelados, pero siempre al final se te acercará alguna mujer a decirte: “yo recuerdo mi parto, mi embarazo con horror, pero no sabía lo que me había pasado hasta que has hablado de todo esto y ha hecho clic algo en mí. He entendido que lo que me ha pasado ha sido esto”.

Para terminar, le preguntamos cómo cree que sería una buena atención médica para una mujer embarazada. “Para mí, sería una combinación de considerarnos una persona completa con nuestros derechos intactos y velando para que estos derechos, en la medida de lo posible, sean respetados; y que se nos preste una asistencia desde la actualización, la evidencia y basada en la fisiología en la cual no nos pongan en riesgo innecesariamente, ni a nosotras ni a nuestro bebé.

"No puede darse un servicio ginecológico si no tiene perspectiva de género"

Tras saber cómo afecta la violencia obstétrica a las mujeres a efectos de su salud, queremos saber la otra parte de lo que engloba el término, que se refiere a cómo se infantiliza a las mujeres en términos que eluden a su propio cuerpo y qué consecuencias puede tener esto.

Rosa Urién es psicóloga, experta en género y cuenta con amplia experiencia en docencia y en intervención clínica y psicosocial. Nos pusimos en contacto con ella para analizar las consecuencias en las mujeres tras sufrir este tipo de violencia, muchas veces sin ser consciente de ello, desde el punto de vista psicológico.

Para Rosa, el mayor problema es que “no está evidenciado, es un tipo de violencia que sufrimos las mujeres y que ni siquiera muchas veces nos damos cuenta de que es una situación de violencia”.

El término recoge varios tipos de circunstancias. “Situaciones en las que estás en una consulta ginecológica y la puerta está abierta, o entra y sale personal, que puede ser personal médico o no, tú no lo sabes. Desde ese tipo de situaciones hasta por supuesto situaciones más extremas, de violencia evidente en el que se dan abusos sobre las mujeres, violaciones o tocamientos que no son necesarios”. Un ejemplo actual lo encontramos en Estados Unidos, donde una mujer en estado vegetativo fue violada por un enfermero, quedando embarazada sin que el resto del equipo médico fuese consciente.

Desde la ’Asociación de Mujeres para la Salud’, donde colabora Rosa Urién, se realizó una encuesta a aproximadamente dos mil mujeres de todo el territorio español para saber su opinión respecto a los servicios de ginecología. Entre otros datos, se descubrió que un 49 por ciento de las entrevistadas se habían sentido violentadas en un servicio de ginecología y había una sensación general de falta de formación entre las y los profesionales. Para leer más, pincha aquí.

Tras sufrir este tipo de violencia y ante la pregunta de qué consecuencias psicológicas puede arrastrar esa mujer, la psicóloga nos cuenta que “a veces se siente culpable porque ha ocurrido algo que no quería que ocurriera, sobre todo cuando se dan agresiones físicas, pero que no ha hecho nada para impedirlo, específicamente cuando hablamos de mujeres adultas. Y las consecuencias son un sentimiento de culpa muchas veces muy importante, una sensación de infravaloración, de indefensión también, en cuanto a que es un espacio que vivimos como protegido, es un espacio de confianza".

Una de las premisas más repetidas para negar el término es que es el equipo médico es quien debe decidir, ya que es el que más sabe. Ante esto, Rosa nos explica que muchas veces el problema llega por no informar a las mujeres de las decisiones que se van a tomar. “En el momento del parto a lo mejor es difícil tomar decisiones, pero se te tiene que informar, eres una adulta, en una situación difícil, pero adulta. Lo que ocurre aquí es que muchas veces se sigue manteniendo esta idea de infantilizar a las mujeres, por lo que se toma decisiones por ellas. «Era la mejor decisión», bueno pues si es la mejor decisión, como profesional tendrá que acatar que ha tomado una decisión sin contar con el beneplácito de la adulta.”

Una gran parte de los problemas psicológicos que pueden tener las mujeres radicaría en la visión que se tiene de lo que debe ser una buena madre. “La educación de género es que tú ya te conviertes en madre en ese mismo instante y es así, pero las relaciones y las emotividades se van desarrollando, el vínculo afectivo. Podemos estar hablando de situaciones muy complicadas en el parto, de mucho dolor físico, de desgaste emocional muy importante. E inmediatamente ponerte con la crianza a veces no es posible, pero se nos exige estar a pesar de lo que te haya pasado en el parto.”

Finalmente y como solución a ello, Urién sentencia: “Lo primero es hablar de ello, que esto existe, que está pasando, que nos puede pasar a todas sin que tenga que ver que tu seguridad sea pública o privada, pasa en todos los ámbitos. Y, por supuesto, desde una educación profunda de todo el personal médico en género. No puede darse un servicio ginecológico si no tiene perspectiva de género.”

"Sentí que no iba a saber dar a luz a mi hijo"

Muchas veces, al leer este tipo de estadísticas y encuestas, a pesar de ser una realidad, nos cuesta hacernos a la idea de situaciones concretas. Por ello, hemos querido entrevistar a una mujer que tuvo una mala experiencia con su parto y que se ha enterado a través de la realización de esta entrevista de que lo que ella sufrió tiene un nombre, y que es más habitual de lo que cree.

Para Marisol era su primer parto, y en cuánto sintió que rompía aguas, fue hacia el hospital de inmediato. Su embarazo no había tenido complicaciones y, sin unas instrucciones claras, hizo lo que pensó que era mejor para ella y su bebé. “Lo primero que me dijo la comadrona al llegar fue que no sabía para qué había ido tan pronto – eran las 11 de la mañana-, que tenía que haberme ido a dar una vuelta y haber ido más tarde”. A pesar de no entender bien el por qué de estas advertencias, Marisol se quedó debido a que sufría fuertes dolores. Las contracciones estaban pero, aunque ella intentaba hacer lo que podía sin explicaciones ni ayudas, nada avanzaba y el equipo médico no la tranquilizó. “Me dijo que no sabía empujar. En vez de ayudarme, me metió más miedo. Siendo primeriza, al decirte que no sabes empujar no sabes cómo iba a salir el niño. Lo pasé mal como madre.”

“Era el primero y, tras un buen embarazo, me hizo dudar pensando si había llegado muy pronto a pesar de romper aguas, y luego estuve todo el día allí sin avanzar porque no miraron cuál era el problema. Me sentí mal, no sabía qué más hacer. Pensé que no sabía empujar y nunca había oído que a alguien le pasara eso. Sentí que no iba a saber dar a luz a mi hijo".

El problema era que el niño tenía el cordón umbilical muy corto, siendo finalmente trasladada a quirófano. “Cuando vino el médico me dijo que estaba bien dilatada, y por mucho que empujase, no salía. Ya por la tarde y al ver los latidos, se dieron cuenta que el bebé y yo empujábamos y que no salía debido a que tenía el cordón muy corto".

Marisol nos cuenta que la experiencia empañó una parte de su vivencia, y se dio cuenta porque en su segundo parto “todo fue mucho mejor. Me sentí atendida y ayudada en todos los aspectos”. Pero, lo tiene claro: “Si me hubiese pasado ahora con la información que tengo, la hubiese denunciado”.

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Foto: Archivo AmecoPress 1. Cedida por Wikimedia Commons 2. Cedida por Wikimedia Commons. 3. Cedida por ’El parto es Nuestro’ 4. Cedida por Pixabay
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Pie de foto: 1. Equipo médico practicando una cesárea 2. Imagen de archivo de una cesárea 3. Gráfica ’Tasa de cesáreas por Comunidad Autónoma y tipo de hospital’ 4. Mujer embarazada
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[1Debido a las lesiones maternas y neonatales asociadas a su uso a lo largo de la historia, no es recomendado más que en casos excepcionales. A pesar de ello, es un instrumento muy usado en los partos instrumentalizados. Entre sus inconvenientes se encuentra el aumento del riesgo de desgarros en la vagina, el periné y el esfínter anal, hematomas e, incluso, puede causar de manera más excepcional, parálisis facial o fractura y hundimiento craneal.

[2Esta consiste en un pequeño corte o incisión que se realiza en los tejidos del periné (vagina y músculos superficiales) durante el periodo expulsivo del parto. Se usa para ampliar el canal de parto en mujeres que viven un parto vaginal por primera vez. Este procedimiento se realiza de forma variada en distintos países. Según datos obtenidos de trabajos realizados entre 1996 y 2012, en Estados Unidos se le realiza al 62,5% de las madres nulíparas, primigestas con feto único vivo y un 30% en Europa (Suecia con el porcentaje más bajo con el 9,7%), como podemos comprobar en este estudio normalizar esta técnica y que sea rutinaria en vez de excepcional, no son nada buenas.
En este otro estudio se especifica que la herida resultante de la episiotomía tardaba más tiempo en cicatrizar que la herida resultante de un desgarro, es decir, de un parto vaginal sin episiotomía.
Además en el mismo estudio se observaron complicaciones inmediatas y mediatas tales como hematoma (62%) y edema (32%) en mujeres con episiotomía, comparando con 3% y 5% en pacientes sin episiotomía, respectivamente.
Las complicaciones más temidas después de las anteriormente mencionadas, son el dolor en la zona perineal y la dispareunia. Se vieron índices de dolor más alto en pacientes con episiotomía (83%) que en pacientes sin episiotomía (27%)

[3Está prohibida en países como Inglaterra. En España no se puede usar tal y como se ideó, sino para acortar la segunda fase del parto. Anteriormente, esta maniobra consistía en presionar con ambos puños o con el antebrazo sobre el fondo del útero, independientemente de la altura de la cabeza fetal. Hoy en día solo se utiliza de una forma más suave, cuando la cabeza del bebé ya está encajada y la madre siente ganas de empujar. Su objetivo es acortar el parto en periodos expulsivos que se están prologando.