Ellas por el Sáhara II: cinco artistas unidas por la causa benéfica

1ro de octubre de 2019.

Por Rocío Cabello Blanes

Cultura | Madrid | Música | Crítica cultural | Mujeres creadoras | Refugiadas



Un Micro por el Sáhara organiza por segunda vez este concierto benéfico para recaudar fondos para los campos de refugiados de Tinduf


Madrid, 01 oct. 19. AmecoPress.- El pasado domingo 29 de septiembre la sala La Riviera acogió el concierto benéfico ’Ellas por el Sáhara’, organizado por la asociación ’Un Micro por el Sáhara’. El nombre del concierto viene dado por las cinco artistas que participaron con sus canciones para recaudar fondos por la causa saharaui.

Durante todo el concierto se recordó el porqué del mismo, para evitar que se disipase entre la música el propósito benéfico, aunque las propias cantantes estaban concienciadas y todas ellas dedicaron unas palabras de apoyo al pueblo saharaui.

Lo que no se escucha no existe

’Un micro por el Sáhara’ nació por parte de un grupo de periodistas amantes de la radio. Es una iniciativa cuyo objetivo es dar voz al Sáhara y narrar las historias cotidianas de quienes habitan los campamentos de personas refugiadas de Tinduf, en Argelia, así como intercambiar las maneras de expandir la radio. “Lo que no se escucha, no existe”, aseguran.

El proyecto está formado por un grupo de periodistas que viajan de forma periódica al desierto, entre ellos Ángel Carmona y Antonio Vicente, de Radio3. Allí imparten talleres de redes sociales y otros asuntos cotidianos. En su primer viaje, en 2017, aprovecharon para documentar el día a día de la vida en el desierto de los desiertos, además descubrieron diferentes formas de comunicar a través de la radio y la televisión en un entorno tan hostil como el del Tinduf.

Virginia Díaz fue la encargada de conducir el concierto y presentar a las artistas, así como de explicar las partes más importantes del proyecto. Así, describía que desde 1958 el Sáhara occidental ha sido la provincia 53 de España pero tras la muerte del dictador y antes de la Transición, “España se fue de la zona y les dejó abandonados a su suerte” en medio de una guerra contra Marruecos y Mauritania, así que, “solos y sin medios tuvieron que enfrentarse a un conflicto que aún no ha terminado”. “Tuvieron que abandonar sus hogares”, explicaba, la mitad de la población se fue a territorio ocupado y la otra mitad se fue a Argelia, a los campamentos de personas refugiadas de Tinduf, es decir, “el desierto de los desiertos”. La periodista contaba que “ir hacia allí es como viajar a otro planeta, poco a poco las plantas van desapareciendo, cualquier atisbo de verde… allí nada ni nadie puede vivir, entre otras cosas porque en verano se alcanzan los 50ºC”.

Aun así, desde hace 44 años viven unas 300 mil personas, con el agravante de que Marruecos construyó lo que ellos llaman “el muro de la vergüenza”, un muro de 2700 metros llenos de minas anti-persona y controlado por militares.

Una noche para cantar

El concierto comenzó con la voz Suilma Aali, una cantante y compositora hispano-saharaui que fusiona los sonidos del desierto con la canción española y con el soul, el jazz y el R&B. Además firmó e interpretó la canción original de la película “Coría y el mar”, la historia de las mujeres saharauis valientes y luchadoras que levantaron Argelia del desierto del Sáhara. La artista cantó cinco canciones, llenas de vitalidad y fuerza. Los giros de voz de la cantante engancharon al público que, a pesar de no conocer las melodías, se volcó con ella y es que consiguió levantar los ánimos, las palmas y los gritos de todas las presentes. Su música resulta nueva y familiar al mismo tiempo, al mezclar estilos tan diversos con la canción española. La cantautora consigue levantar los corazones y la atención de toda la sala. Además, su bonita y controlada voz hacía que sus giros y quejidos no resultasen pesados, sino sorprendentes y arrolladores.

La segunda artista en salir al escenario fue Carmen Boza. La gaditana salió en solitario al escenario, acompañada únicamente de su guitarra y unos pedales para conseguir esa sonoridad que la caracteriza. Mostrándose afectada por la causa de la que se trataba la noche aseguró que, aunque es más fácil mirar para otro lado, es necesario mirar a los problemas a la cara y enfrentarlos, intentar ayudar en la medida de lo posible con actos como este. Cantó canciones de su último disco, La Caja Negra, con esa sonoridad tan propia y construida con tanto mimo y cuidado que la representa. La cantante estuvo sublime en su actuación, haciendo disfrutar al público con su voz y su habilidad con la guitarra, consiguiendo las ovaciones y aplausos de la gente que, sin éxito, le pedía que se quedase en el escenario.

Tras ella, tomó el relevo otra andaluza, Rocío Márquez. La cantaora salió acompañada de un guitarrista, junto al que consiguió crear una atmósfera muy íntima que hizo callar a las personas más ruidosas de entre el público. Y es que resulta imposible no dejarse envolver por la voz y el quejido de la artista y el control absoluto sobre sus cuerdas vocales, así como la habilidad y el arte de su guitarrista. Sus giros provocaron numerosos “ole” de las asistentes, que no podían hacer otra cosa más que admirarla y reconocer su capacidad y la dificultad del cante jondo.

Con esta atmósfera tan íntima y calmada que había dejado la cantaora, llegó Amparo Sánchez, de Amparanoia, para cambiar el ambiente y hacer bailar a toda la sala. No podía ser de otra manera con esta artista, que en su larga trayectoria siempre se ha mostrado preocupada por las problemáticas sociales. Esa noche lo volvió a demostrar al grito de “¡Viva el Sáhara libre!” seguido de la ovación general de todo el recinto.

Finalmente salió al escenario la artista más reconocida e internacional de la noche, Rozalén, acompañada de Beatriz, su intérprete de lengua de signos, y Piltra, haciendo la percusión con el cajón flamenco. La artista, comprometida desde sus inicios con el activismo social, quiso dedicar unas palabras, y es que, no sólo participó en el anterior concierto de “Ellas por el Sáhara”, sino que este mes irá al campo de refugiados de Tinduf con UMPES a realizar talleres con las personas del campamento, centrándose en las mujeres. “Por la causa saharaui creo que no hay discusión, son los grandes olvidados pero todo el mundo es pro saharaui, qué cosa tan extraña de este país”. La manchega explicaba que el Sáhara le inspira especialmente, ya que fue en un concierto benéfico por esta causa a través de la cual conoció a Bea, su intérprete de lengua de signos. Como broche del discurso, invitó a subir al escenario a María Ruiz, compañera de Arte Muhé para cantar la canción “Las hadas existen”. La artista no decepcionó y consiguió provocar múltiples emociones en el auditorio, pasando de la risa al llanto de una canción a otra. Y es que la voz rasgada y la sensibilidad de la albaceteña hace que se le pongan los vellos de punta hasta a las personas más insensibles.

Como cierre del concierto subieron al escenario todas las artistas y sus acompañantes de la noche para, capitaneadas por Amparo Sánchez, "liarla parda" y cantar juntas unos estribillos, bailar e improvisar.

Sin duda, este fue el broche de oro de una noche redonda que consiguió despertar todo tipo de sensaciones, desde la preocupación a la lágrima acabando en carcajada. Las organizadoras, emocionadas, agradecieron la implicación con el evento y es que fue un éxito más allá de lo esperado.

Foto: AmecoPress.
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Pie de foto: 1) Suilma Aali; 2) Carmen Boza; 3) Rocío Márquez 4) Amparo Sánchez 5) De izquierda a derecha: Piltru, Rozalén, María Ruiz y Beatriz
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Cultura – Crítica musical – Música – Mujeres creadoras – Refugiadas. 01 oct. 19. AmecoPress.