Juego de Palabras

Ciudadanía de cuento y el disfraz de la discriminación

16 de julio de 2019.

Por Yaneth Tamayo

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“Desde mi infancia siempre creí que los cuentos eran una especie de sátira de lo que les ocurría a las mujeres cuando se encontraban mágicamente enamoradas”


Cd. de México 15 jul. 19. AmecoPress/SemMéxico.- Desde mi infancia siempre creí que los cuentos eran una especie de sátira de lo que les ocurría a las mujeres cuando se encontraban mágicamente enamoradas; circunstancia que me parecía de lo más ridícula y absurda -quiero pensar que esta idea se debió a que crecí rodeada de niños, en donde mi rol infantil fue el de un niño, que se burlaba de las princesas y le daban ascos los besos- situación ultima que convenientemente cambio.

Recuerdo también, que cuando veía las películas de Disney me fascinaba ver las maldades demasiado creativas de los personajes “malvados”, me preguntaba ¿cómo era posible que personas tan astutas e inteligentes fueran derrotadas, por absurdos cantos de aves, chaparritos enjundiosos o besos de amor?

Me desesperaba ver a las princesas lloriqueando y sufriendo por todo, esperando que un apuesto y valiente hombre las rescatara de las garras de sensuales brujas, creo que desde ahí empecé a aborrecer las películas de princesas -bueno menos la de Hércules-, siempre quise tener de amigos a Pena y Pánico -a como se divertían- de hecho yo podría interpretar a Ades me va el personaje; aunque, físicamente no me parezco – aun no alcanzo el tono azulado que los críticos de cine requieren-, sin embargo la creatividad, el sarcasmo y la tolerancia a la frustración que son parte de la esencia del personaje, daría vida a un renovado Ades.

Esto si es que viviéramos en una realidad alterna, en donde el físico de los personajes de fantasía no fuera más importante que la historia misma.

Estimado lector, no crea que el breve pasaje de mi infancia es una especie de catarsis en el que inconscientemente sugiero que me gustan las princesas, porque soy enfática en referir que no me gustan, pero eso no quiere decir que considere que las adaptaciones infantiles de los cuentos clásicos no aportan algunos aspectos positivos a las niñas y niños, a quienes finalmente van dirigidos.

La anterior fantasía infantil, me resultó necesaria traerla a colación como un ejercicio a través del cual se puede analizar la polarización que recientemente inunda las redes sociales, respecto de la adaptación en live action del cuento infantil La Sirenita, en donde las críticas al reparto actoral se han centrado en la apariencia física de la protagonista, especialmente en lo que se refiere al tono de su piel.

En donde los mayormente agraviados son adultos de más de 30 años, a quienes les parece inconcebible que una mujer afrodescendiente interprete a un personaje de fantasía, el cual fuera concebido por Disney como una chica de piel blanca con cabellera rojiza, esto, por considerar que se debe respetar la versión original y conservar intacto los recuerdos de su infancia.

Argumentos que considero absurdos, si tomamos en cuenta que las adaptaciones realizadas por la compañía en mención, ni siquiera son la versión original, ya que en todo caso y cumpliendo con su petición la Sirenita debiera ser una mujer de ojos azul obscuro, cabello obscuro y piel casi trasparente; con una expresión que refleje su dolor al verse engañada por un hombre que jamás la miró y el sentir que en cada paso las plantas de sus pies le eran cortadas por cuchillos filosos, para finalmente morir y convertirse en espuma.

La apariencia de cómo debe lucir este personaje no debería ser el centro de debate, máxime que la esencia del mismo se basa en trasmitir como una mujer se enfrenta a adversidades y muere por el mito del amor romántico.

Además, no se debe dejar pasar por alto que la mayoría de los cuentos clásicos infantiles fueron el reflejo de una sociedad excluyente, pues la totalidad de los cuentos fueron escritos a principios del siglo XIX donde existía una marcada violencia racial y además se establecía una especie de jerarquía a las “razas humanas”, en donde el hombre blanco, occidental, dominante, estaba en lo más alto de la escala social. De ahí que fuera imposible considerar que una persona afrodescendiente fuese protagonista de un cuento o una historia diseñado en esa época para una élite.

La oportunidad de adaptar la versión de un cuento infantil, al presentar a una persona de color no debe considerarse como un acción que destruye la idealización de un personaje infantil, ni mucho menos como una medida que alinea a una corrección política; pues la inclusión trata de hacer visible a las personas que por determinada característica han sido excluidas.

Emitir comentarios como “no soy racista, solo exijo que se apegue a la historia original” “se pierde la esencia de la historia al crear una sirenita negra” o burlarse de como luce un personaje afrodescendiente, es una forma de justificar en menor o mayor grado las distinciones que se tienen internalizadas respecto de una persona.

Ya que su concepción subjetiva al estar disfrazada de argumentos simplista e inconscientes generan circunstancias de discriminación que si bien son imperceptibles estos son exteriorizados y propician que un sector de la población los consideren como válidos y minimicen la diferenciación que se hace de la comunidad afrodescendiente.

Es un absurdo que las personas estén más preocupadas por el color de piel de un personaje de fantasía, si realmente se quisiera la exposición de la versión original, no se seguiría disfrazando las historias de amor romántico y se expondría como tal a las circunstancias reales que pasan algunas mujeres sin la necesidad de vender un ideal o estereotipo que afecta la concepción de ideales de muchas niñas.

Si las personas que se han inconformado exigieran y se manifestaran de igual manera ante las situaciones de violencia que se viven, creo que abría un cambio sustancial en la forma en la que vivimos nuestra realidad social.

Aceptemos que el mundo se reinventa y construyamos un mundo que celebre su diversidad, los cuentos infantiles están destinados para infantes, no contaminemos el libre desarrollo de su pensamiento, ellos no hacen distinciones, no les importa el color de piel y si a ustedes les importa es porque algo está mal, lo que te choca te checa.

Foto: SemMéxico. La autora Yaneth Angélica Tamayo.

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Opinión – Cultura – Infancia - Violencia de género – Redes Sociales – Libros. 15 jul. 19. AmecoPress.