Martes, 14 de agosto de 2018.

Entrevistas
“Cuando vi Volver me pareció tan buena que era como si yo no hubiera trabajado en ella”

La cubana María Isabel Díaz: Una chica Almodóvar

“Yo soy actriz”

Internacional, Cultura, Voces de mujeres, Cine, La Habana, Cuba., Martes 8 de febrero de 2011, por Dalia Acosta


La Habana, 08 feb. 11. AmecoPress/SEMlac.- Ella barría el piso, cambiaba ceniceros, seguía con la mirada ansiosa los platos de comida, iba creando el caos. Cuando las luces se apagaban y sonaba la música, María Isabel Díaz aparecía en el escenario y cantaba "yo quiero ser una chica Almodóvar…" El espectáculo había sido preparado por ella misma, tras su llegada a España, en 1996, y durante mucho tiempo lo adaptó para "bares y cantinas".

Con el vestido de 15 de su hermana, cantaba aquella canción que había repetido tantas veces frente a su espejo en La Habana y, al final, le daba la espalda al público. Entonces, bajo el vestido brillante que apenas le servía, se veía su pobre traje de camarera.

Trabajar con Pedro Almodóvar, el director de películas "entrañables" como Mujeres al borde de un ataque de nervios, Átame o Todo sobre mi madre, ni siquiera parecía una opción cuando viajó a Barcelona para unas presentaciones teatrales y decidió quedarse por un tiempo, confesó 10 años después en una conversación totalmente informal, en su apartamento habanero, por los días en que llegó a la capital de Cuba para la presentación de la película Volver (Pedro Almodóvar, 2006), en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Graduada del Instituto Superior de Arte de Cuba (ISA), María Isabel Díaz tendría 16 años cuando empezó a actuar en el grupo de teatro del preuniversitario habanero "Antonio Guiteras". Unos años después, aún siendo estudiante del ISA, fue llamada por el cineasta Orlando Rojas para el papel protagónico de la película Una novia para David (1985). Al personaje tan querido de "la gorda" siguieron otras experiencias televisivas y cinematográficas en su país natal, hasta un día en que comprendió que necesitaba "volar un poco" y "vivir una experiencia nueva".

¿Cómo es que llegas a Barcelona?

Me fui al Maratón del espectáculo, una especie de escaparate teatral. La gente va, hace un espectáculo de 10 minutos como máximo y hay distribuidores, programadores que te contratan si el espectáculo funciona. Me inventé una cosita de última hora y cuando terminé el público empezó a dar patadas en el piso. Pensé "ay, Dios mío, me quieren pisotear". Todo lo contrario. Cuando salí, me dijeron que era lo máximo, que cuando algo les gusta, aplauden; pero si les gusta mucho, patean en el suelo. Esa era la forma de demostrar cuánto les había gustado.

Sin embargo, de allí no salió nada. Me fui a una semana de cine cubano en Mallorca y, cuando ya podía regresar a Cuba, decidí que quería conocer mejor Barcelona y hacer algo que puede parecer tan superficial como ver la nieve. Y así me fui quedando. No soy de las personas que puedan decir "me quedé en España", porque no es una decisión tomada ni que necesite tomar: vivo allí ahora, nada más. Pero, en aquel primer momento, de todo lo que pensaba que podía hacer, no pude hacer nada.

O sea, ¿vinieron tiempos duros?

No tenía dinero, me sentía como una mochilera -como les dicen a las personas que viajan con su mochila, se van con su saco de dormir a cualquier lugar y viven así por el mundo-, aunque lo que tenía era una maleta. Tenía una maleta, pero vivía esa misma sensación. Sin embargo, nunca me faltaron los amigos: siempre tuve techo, comida y afecto.

Estuve cinco años y medio en Barcelona, haciendo cualquier tipo de trabajo, porque ya yo lo que quería era probar en serio esa vida que uno desconoce. Yo desconocía cómo es la vida fuera de Cuba; había viajado a algún que otro festival de cine, pero siempre de actriz…vivir es otra cosa. Me olvidé hasta de lo que era. La gente me preguntaba y yo decía: "soy graduada del ISA", pero me costaba mucho decir: "soy actriz". Estaba viviendo tan lejos de mi mundo que era como un chiste. Hice de todo. Trabajé en restaurantes, cuidé niños, fui camarera en un hotel. Y eso que yo tuve papeles enseguida en España, pero ni con residencia encontraba trabajo y mucho menos en mi profesión.

¿Eras, como se dice, una emigrante en toda regla?

Exacto. En Barcelona, además, cuando hablaba el catalán con este acento mío, me miraban con cara de "¿y esta de dónde salió?" Hasta conseguir un piso se hacía difícil: cuando me sentían el acento, me decían "lo siento, sólo para españoles". Y yo pensaba "ay, mi madre, qué duro va a ser esto", pero insistía. Todavía no puedo explicar por qué no volví entonces; será por cabezona. Ni siquiera pensaba que la vida iba a mejorar, pero me decía: "no me puedo ir", "todavía no", "déjame vencer este capítulo". Siempre veía mi vida por capítulos: "deja que termine este capítulo a ver qué pasa en el que viene".

Así iban las cosas, hasta que unos amigos me metieron por los ojos a su representante y ese hombre me abrió las puertas de España. Dos meses después de conocerlo, estaba en Madrid con un personaje fijo en una telenovela.

Y, si Barcelona era tan difícil, ¿por qué no habías optado antes por Madrid?

No quería irme a Madrid porque me parecía una ciudad muy grande, desproporcionada, inhumana. Me equivoqué totalmente. Madrid es entrañable, caótico, muy habanero. No quería vivir en una ciudad sin mar y, de pronto, veía el Malecón desde el Paseo del Prado. Bajaba por Huertas, una calle muy bohemia y llena de bares, hacia mi casa, y allá abajo, al final, veía el Malecón y el mar. Y no era un mar cualquiera -no era el de Barcelona, donde siempre pensaba: "no huele"-, era mi mar. Me inventé mi mar en Madrid y eso me daba tremenda alegría. Ahí me empezó a cambiar la vida.

Después de aquella primera serie para la televisión, hice otras y volví al cine con un personaje pequeñísimo en la película Piedras (Ramón Salazar, 2002). Hice de una prostituta que cantaba en francés "La vida en rosa" y, a partir de ahí, empecé a interpretar una cantidad increíble de prostitutas: putas apaleadas, robadas, informantes, pero todas putas. ¿Tú sabes lo que pasa? En España aún no se dan cuenta del papel real de la emigración: un personaje inmigrante siempre es criada, prostituta o mujer pobre; nunca un intelectual o un médico.

De alguna manera, ese también es el papel que haces en Volver, aunque con una historia muy cercana a la protagonista de la película.

¿Qué significó para ti?

Era algo que yo quería que pasara, pero nunca esperé que pasara. Jamás. Y todo esto de "yo quiero ser una chica Almodóvar" venía de atrás, no de cuando llegué a España, sino de mucho antes. Lo hacía frente al espejo de mi casa. Iba a una fiesta, me subía la saya (falda), me encaramaba en una mesa y cantaba una versión criolla de la canción. O iba caminando por la calle y me imaginaba que me lo encontraba. Pero era como cuando eras niña y juegas a ser la maestra del aula. Era lo mismo. Lo vivía sin pensar que eso fuera a suceder alguna vez.

¿Y la película?

Cuando vi Volver me pareció tan buena que era como si yo no hubiera trabajado en ella. La historia me gustó tanto, como estaba contada. Hace 25 años que mi mamá murió, pero para mí fue ayer; siempre la tengo tan presente y sé que esa película me la mandó ella, estoy segura.

Tengo una distancia con la película, como si nunca hubiera trabajado ahí, porque me siento muy espectadora. Me siento como cuando uno ve una película y piensa "yo quiero que eso me pase a mí". Así mismo. Y, de alguna manera, esa madre que regresa es mi mamá, que está por algún lado. Es lo que yo hubiera querido. Cuando yo leí ese guión, era como si esa historia me saliera del corazón. Puede ser un poco místico, pero no lo puedo evitar. Para mí tiene una importancia doble: haber trabajado en ella y, todavía más, haberla podido ver.

¿Qué puede esperarse de María Isabel Díaz después de Volver?

Quisiera trabajar mucho en España, porque es un capítulo que todavía no he cerrado, pero está a punto de cerrarse…puede ser dentro de cinco, 10 años, no sé. Todavía debo enfrentarme a otras experiencias. Así como los años duros de Barcelona me prepararon, me hicieron comprender la vida de otra manera, ahora me toca conocer, entrar, dar los primeros pasos en mi medio. Me toca vivir algo que no sé aún qué es, pero para poderlo vivir tengo que trabajar. Y, cuando ese período pase, pues a lo mejor quisiera hacer algo en América Latina, que me parece otra historia totalmente distinta. Mi perspectiva más inmediata, de ahora mismo: trabajar, trabajar y seguir conociendo ese medio allí, donde me falta muchísimo por conocer.

¿Queda algo aún de aquella muchacha que fundó el grupo de teatro de su preuniversitario, pasó airosa las pruebas del ISA y, aún sin graduarse, ya era la protagonista de una película cubana?

Yo todavía me siento como en el pre. Hay veces que doy brincos y todo cuando me doy cuenta de que tengo una reacción madura o me sorprendo diciendo: "mira cómo pienso…qué madura estoy". Más o menos soy la misma, no debo estar igualita, pero sigo queriendo de la misma manera, que es lo que yo creo que una no debe cambiar. Claro, si quieres bien. Si quieres mal, tendrías que cambiar. Yo pienso que quiero bien y eso me gustaría que siguiera siendo así.

No he hecho demasiadas concesiones en mi vida; alguna he hecho, pero nunca he llegado a vender mi alma al diablo por nada, y eso me da tranquilidad. Son las cosas a las que una aspira cuando está jovencita, pura y limpia.

Soy menos soñadora, bastante menos soñadora. Eso ha cambiado en mí y yo diría que mucho. Si todavía lo soy un poquito, es porque antes era demasiado. Y es algo que me duele mucho perder, pero es como si la espiritualidad la hubiera encauzado por otros lugares. Me horroriza lo que pasa en el mundo, no puedo ver un noticiero sin llorar o sin que se me salte la comida de la boca, porque siempre como a la hora de las noticias. Todo lo que está pasando es tan fuerte que siento como si mi sensibilidad se hubiera cambiado de lugar.

¿Sueños?

No creo. Deseos, muchos. Pero eso de soñar despierta que estoy en un escenario…eso ya no lo tengo. ¡Qué pena! Pero así es.

Foto: Archivo AmecoPress.

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Internacional – Cultura - Cine – Voces de Mujeres. 08 feb. 11. AmecoPress.




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