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Entrevista a Mariana Aramayo: Entre el voluntariado y la solidaridad

Internacional, Sociedad, Género y desarrollo, Pobreza y género, Derechos humanos, Cooperación, La Paz - Bolivia, Jueves 9 de septiembre de 2010, por Liliana Aguirre F.


La Paz, 09 sep. 10. AmecoPress/SEMlac.- Mariana Aramayo tiene 28 años, es boliviana, estudió psicología y desde los 15 años, hasta ahora, dedica su vida a trabajar con y por las y los demás.

Cuando pequeña se percató del dolor y desigualdades sociales que vivían otros seres humanos, tanto en su país como en el mundo entero, y, desde que pudo, participó activamente para ayudar, en la medida de sus capacidades, a través del voluntariado.

Esta joven mujer ha trabajado en países como Haití, Chile, San Vicente y Las Granadinas; desde luego, en su propio país (Bolivia), y próximamente viajará a Malawi para seguir ayudando. SEMlac contactó con ella para conocer sus experiencias.

¿Cómo te vinculaste al voluntariado y qué te motivó?

- Creo que el voluntariado empezó en mi casa, continuó en mi colegio, con los amigos y se hizo sin fronteras. Una primera labor formal con voluntariado se dio en la coordinación de grupos de voluntarios; empecé mi primer trabajo en el colegio San Ignacio (colegio católico jesuita), donde yo había estudiado, y desarrollaba programas de autoconocimientos y trabajo comunitario con adolescentes de secundaria.

¿Con qué instituciones, en qué países y qué temas desarrollaste en tu trabajo como voluntaria?

- En Bolivia trabajé, como te decía, en el Colegio San Ignacio con adolescentes, en el hogar Virgen de Fátima con niños huérfanos, en Funsame (Fundación por La Salud Mental) colaboré con familiares de personas que sufren esquizofrenia, en la Fundación AYNI con programas de información y capacitación a mujeres de diferentes comunidades del Altiplano paceño en temas de género y desarrollo humano.

También en Un Techo para mi País participé en la construcción de viviendas para familias que viven en situación de extrema pobreza, en Chile participé de esta labor, y en la Universidad Católica Boliviana, que creó la Universidad de la Tercera Edad, fui docente voluntaria de talleres de memoria.

Por otra parte, Haití fue una experiencia nueva, tenía 24 años, y la labor fue inolvidable. El voluntariado lo realicé con América Solidaria y allí sentí que el amor encuentra siempre un espacio, a pesar de toda la adversidad, tomando en cuenta la deforestación, la pobreza y la violencia que había azotado a esa nación -que en ese tiempo aún no había vivido el terremoto-.

Participé en la edificación de viviendas para personas que carecían de un techo, también realicé acompañamiento psicológico a Cascos Azules bolivianos y apoyé con la coordinación de operativos en temas de salud y alimentación en orfanatos y comunidades.

Creo que el recuerdo más fuerte que tengo de Haití fue un día en que ayudé a otro voluntario, un médico, a curar a una niña a la que casi no se le veían los ojitos de tanto llorar y que, después de unos minutos de tratamiento, nos mostró dos ojos enormes, casi tan grandes como la sonrisa que nos regaló. Esa hermosa imagen me frustró hasta el llanto, pues en ese minuto me percaté de que mi trabajo no tenía semejante efecto en la gente…

Ahora, mirando atrás, me doy cuenta de que esto me mostró que ser voluntario es más que una linda foto y una buena intención, a partir de dos lecciones: primera, que en ese entonces tenía y aún tengo mucho que aprender si quiero realmente dar y, segunda, que mi trabajo toma más tiempo en mostrar sus resultados, pues es distinto, no es mejor ni peor, sólo distinto.

En breve viene un desafío de amor que me persigue desde la infancia: África. Viajaré a Malawi, con Humana People to People, para trabajar con profesores, alumnos y familias en temas de educación, salud, agricultura orgánica, entre otros.

Actualmente estoy en San Vicente y las Granadinas formándome en la institución Richmond Vale Academy, que es una organización donde se preparan personas para un voluntariado en África, acá mi trabajo es, sobre todo, aprender y capacitarme para la futura labor que realizaré en África.

Además, se realizan actividades extracurriculares (deportes, clases de español, matemáticas, canto,) con la comunidad y dirigidas sobre todo a niñas y niños, ya sea en orfelinatos o en comunidades específicas, para brindar a la infancia más espacios de esparcimiento.

Cuéntame experiencias de tu labor y ¿en qué medida crees que tu trabajo ha contribuido?

- No puedo explicarte el efecto de mi trabajo. Al tratarse de un trabajo social comunitario toma años y nuevos voluntarios en los proyectos para poder demostrar resultados reales. Pero te puedo decir que la intención mía iba y va dirigida a intentar cambiar la situación de la comunidad en general, pues sólo en una comunidad sana pueden darse relaciones de aprecio y cuidado real hacia y entre niños, mujeres, hombres y ancianos. Creo que el dolor se puede transformar en fuerza, alegría, música y color con la participación e inclusión de todas y todos.

¿Cuál es la mayor recompensa que tienes o has tenido por ser voluntaria?

- Ser voluntaria puede resultar una forma de vida no muy lucrativa (risas), pero yo, así como muchos, realizamos un trabajo normal para lograr cosas que hacen felices a los demás. Trabajo con el mismo fin, la única diferencia es que esto me hace feliz. Mi recompensa son sonrisas, besos, amigos, abrazos, conocer y aprender.

Sé que mi trabajo no va a cambiar al mundo, pero también soy totalmente consciente de que mis actitudes y esfuerzos pueden cambiar la vida de las personas, porque lo he vivido, y ésa es una gran recompensa.

Ser voluntaria no es fácil, pero tampoco es difícil, no paga bien (en lo económico), pero llena espacios que en muchos casos no reconocíamos vacíos. El voluntariado tiene menos palabras y más actos.

Tiene además un doble efecto, pues la mayor parte de las veces quien ayuda es quien termina ayudado. Ser voluntario es un estilo de vida y la única manera de descubrir si es tu estilo de vida es viviéndolo.

Foto: SEMlac. Mariana Aramayo y el presidente de Haití René Preval

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Internacional – Cooperación – Derechos Humanos – Género y desarrollo – Pobreza y género. 09 sep. 10. AmecoPress/SEMlac.




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