Lunes, 23 de octubre de 2017.

Reportajes

Mujeres en la ciencia: muy valoradas pero todavía invisibles

A pesar de ser más numerosas que los varones, en la investigación, como en otras áreas, las mujeres no alcanzan los puestos de toma de decisiones

Sociedad, Situación social de las mujeres, Género y desarrollo, Ciencia y tecnología, Madrid, Jueves 15 de abril de 2010, por Elena Duque


Madrid, 15 abr (10). AmecoPress. Las mujeres investigadoras son tan efectivas, y según la ANECA, incluso más, que sus homólogos varones. Además de su dedicación profesional, cuidan del hogar, de personas familiares al cargo, y de lo que haga falta. No se pueden permitir dejar de lado las tareas que, por ser mujer, la sociedad les ha encomendado, porque no tienen a nadie que lo haga por ellas.
 
No por esto renuncian a su carrera profesional y a su vocación. A pesar de las reticencias del entorno, heredadas de siglos y milenios de consideraciones machistas sobre el ejercicio de la labor científica, luchan por seguir dedicándose a ello. Pocas han conseguido el reconocimiento a lo largo de la historia. Aún hoy, pocas han logrado alcanzar un puesto de responsabilidad acorde a sus capacidades. No obstante, las mentalidades están cambiando y, aunque todavía persiste un importante sesgo, catedráticas y directoras de investigación demuestran la valía de las mujeres.
 
Para destacar la posición de las mujeres en la carrera científica hay que hacer como en casi cualquier otra esfera profesional: buscar con detenimiento. No sólo al destacar el importante aporte a la ciencia de las mujeres en la antigüedad, ahora en boca de todos gracias a la versión cinematográfica de la astrónoma Hipatia de Alejandría. Encontrar mujeres liderando investigaciones en el momento actual es una tarea en ocasiones ardua.
 
Sesgo en los puestos de decisión
 
Los datos lo demuestran. En la publicación “La Universidad Española en Cifras” de 2008 se contabilizaban 94.000 personas en el personal docente e investigador de las universidades públicas. Sólo el 30 por ciento son mujeres.
 

Más grave es la situación si se observa los puestos que ocupan. Sólo hay seis rectoras de universidad en toda España, “todas vivas y de muy buen ver”, como ironizaba Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga. La primera rectora española (Carmina Virgili Rodón) fue nombrada hace poco más de 25 años.
 
Adentrándonos más en los puestos de decisión dentro de lo que es puramente la investigación, es imposible no destacar que hay 1.243 catedráticas frente a 7.495 varones, o 10.000 profesoras titulares frente a 17.000 profesores. Así podríamos ir señalando las diferencias en todos los niveles, hasta comprobar que el número por género sólo se iguala en los puestos de ayudante y en los de personal contratado. La base de la pirámide.
 
“Consolidamos menos puestos de dirección. Se confía mucho en las mujeres para cargos de eficacia, de gestión, pero no para cargos de toma de decisiones. El argumento es que las mujeres necesitamos muchos permisos en el trabajo. Es la excusa que se utiliza para que no puedan tomar cargos de decisión pero sí de retaguardia, menos visibles”, destaca Amparo Garríguez, responsable de la unidad de género de la Fundación Isonomía, de la Universidad Jaume I.
 
Según esta investigadora, hombres y mujeres investigan con intensidad idéntica, pero la calidad es mayor en el caso de las mujeres en parámetros de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), que examina la labor investigadora en periodos de seis años. “Los estándares de calidad en mujeres, según este análisis institucional, son excelentes”.
 
Muchas mujeres, además, abandonan la carrera investigadora en el camino. La proporción de mujeres que leen una tesis no se corresponde en absoluto con las que luego permanecen en los departamentos universitarios. Los obstáculos se multiplican si desean formar una familia, porque las cargas caen directamente sobre ellas. La conciliación parece estar reñida con la corresponsabilidad, son dos términos que no tienden a aparecer en la misma frase.
 
“Se habla de conciliación, pero parece que sólo afecta a las mujeres, que son medidas sólo pensadas para que ellas concilien”, denuncia Garríguez. “En su lugar, lo que debe primar es el criterio de corresponsabilidad. Que hombres y mujeres se hagan cargo en la misma medida de las tareas del hogar y el cuidado de las personas”.
 
Cabe preguntarse si las catedráticas y las directoras de investigación se desdoblan entonces para alcanzar esas posiciones. “Las que sí han llegado a esos puestos, o bien no han tenido hijos, o bien han retrasado su maternidad, o han tenido la suerte de contar con una pareja con la que la corresponsabilidad sea una realidad, o bien sus compañeros/as y superiores eran mujeres y hombres exentos de prejuicios y comprometidos con los derechos de las mujeres”, sintetiza Garríguez.
 
Las jóvenes predominan en las primeras escalas
 
No será por falta de dedicación: al igual que las mujeres ya suponen el 60% de las personas graduadas en las universidades españolas, con un reflejo semejante en las europeas, si atendemos al número de personas matriculadas en cursos de doctorado, dirigidos al desarrollo de una tesis, los números nos dan la razón.
 

Ya en 2007, el 52,3% de personas matriculadas en el doctorado de las universidades públicas españolas eran mujeres. Eran especialmente numerosas en la rama de ciencias de la salud, (el 64%), y sólo no eran mayoría en la rama técnica, donde el número de hombres era más del doble que el de mujeres.
 
Para Garríguez, esta diferencia tiene lugar “por el estereotipo de sexo. A la hora de que el alumnado elija estudios, están condicionados por los papeles que se supone que deben cumplir. Las mujeres se asocian a los cuidados y a las humanidades. Lo técnico parece que está más referido a lo masculino, pero son ellas las que se retraen”.
 
Son ellas las que lo rechazan antes incluso de conocer su vocación. “Esto parte de las enseñanzas medias, donde también están segregados y esto condiciona lo que después van a poder estudiar, ya no tanto por vocación si no por tendencia. El sesgo se perpetúa, y la universidad no ayuda a romperlo”, destaca Garríguez.
 
En ese sentido, el Plan de Igualdad que próximamente será aprobado en la Universidad Jaume I aboga por trabajar en coordinación con los centros de enseñanzas medias, tratando de eliminar las reticencias de las chicas a elegir estudios “masculinos”.
 
Lucha diaria, durante décadas
 
Pilar López Sancho, presidenta de la Comisión Mujeres y Ciencia del CSIC, recuerda que las mujeres españolas ya deseaban participar en la investigación cuando apenas habían conseguido entrar a la universidad.
 
“Para encontrar a las mujeres que investigaban en los años 30, que las había, tienes que bucear en documentos antiguos. Después, la Guerra Civil cortó el impulso incipiente que la República estaba dando a la participación de las mujeres”, mantiene, pero también advierte de que en otros países no hubo este parón, y sin embargo la situación se repite.
 
López llevó lo que consideraba una carrera profesional normal, con sus sueños y con mucho esfuerzo detrás. Todo parecía justo en los primeros años, pero después se dio cuenta de que no querían que ella tomase el mando, y que ocurría así porque era una mujer.
 
“No eres consciente de nada de esto hasta que tienes un estatus. Cuando eres becaria, todo el mundo te trata bien. Pero cuando tienes que pedir ser investigadora principal de un proyecto, y solicitar un becario a tu cargo... ahí se ve la diferencia. Parece que el jefe tiene que ser un hombre. Ahí está el techo de cristal”.
 
Esta profesora de investigación defiende que hoy en día la comunidad científica es más considerada, sobretodo si se tiene en cuenta de dónde partimos. “Entre mujeres de generaciones anteriores, que se están jubilando ahora, hay muchas que se quedaron solteras, que no tuvieron hijos. Pero no por ello han promocionado, no han llegado a puestos de dirección. Se jubilan en las categorías más bajas después de toda una vida de trabajo con buenos resultados. Eso no es normal”.
 
Es abiertamente defensora de los sistemas de “cuotas” como medida precisa frente a la pausada renovación de las mentalidades. “Las mujeres dicen “quiero llegar por mi misma”; no se dan cuenta de que ése no es el problema. De que no van a llegar por sus méritos porque son mujeres”, declara, y hace referencia a los países del norte de Europa, donde la imposición de la igualdad de presencia de hombres y mujeres en los puestos de trabajo no ha significado una merma de la producción ni de la calidad.
 
Jóvenes y decididas
 
Muchas mujeres jóvenes empiezan su doctorado ilusionadas con un proyecto. Leen el DEA y se enfrentan a la tesis, precisamente en una edad que coincide con la propia para ser madres. Aquí las jóvenes tienen que elegir casi por obligación, algo que los varones ni se plantean.
 
Marta, nombre ficticio, querría seguir dedicándose a la investigación en químicas, donde ahora colabora en un laboratorio universitario y goza de una beca. Espera conseguir algún día un puesto en la universidad, pero también quiere ser madre, y sabe que serlo le impediría desarrollar su carrera profesional.
 
“En general las mujeres profesoras que conozco se han casado con treinta y muchos y han empezado a tener hijos casi a los 40, o por el contrario ni se han casado ni han tenido hijos, se han dedicado simplemente a su desarrollo profesional”.
 
Si se decidiese por ser madre ahora, perdería la beca, “porque no contemplan bajas por maternidad”, y recuperar su posición sería improbable.
 
Julia, también nombre ficticio, es profesora colaboradora honorífica en la facultad de Odontología de la UCM, “lo cual significa que no tengo horas determinadas a cumplir ni labores docentes específicas. Vamos, que valemos para todo y, lo más importante, no nos pagan”.
 
Leerá su tesis doctoral dentro de un mes y puede que aquí termine su carrera en investigación, pues ve difícil conseguir un puesto remunerado. Lo único que lamenta de estos años dedicados es no haber podido seguir estudios profesionales que le preparasen mejor para el trabajo en el sector privado.
 
Sin embargo, Julia no achaca su situación a la condición de mujer. “En mi campo, las mujeres están valoradas y reconocidas; ahora bien, las mujeres que comenzaron a trabajar en este campo si lo tuvieron más difícil y es ahora cuando las está llegando el reconocimiento”.
 
Paula Fuentes, arquitecta, realiza su tesis en la UPM, en un área tradicionalmente masculino. Manifiesta que no ha sentido ningún tipo de discriminación sexista, y los obstáculos que se encuentra coinciden con los de Julia. “Me gustaría dar clases en la universidad, pero de verdad, cobrando”, ironiza.
 
También depende económicamente de una beca no ligada a su tesis. Lamenta la precaria situación de la investigación en España. “Si no me renuevan, tendré que empezar a trabajar, y no sé si podré terminar la tesis”. Destaca también que, a la hora de acceder al mercado laboral, la investigación le ha colocado en una posición muy por detrás de sus compañeras y compañeros de promoción.
 
 
 
Fotos: archivo AmecoPress.
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Pie de Foto: 1) Gráfico por sexo del Personal Docente e Investigador (PDI) en las universidades públicas. Fuente: "La Universidad Española en Cifras" (CREU, 2008); 2) Gráfica de "tijera" del PDI en el CSIC. Fuente: Informe Mujeres Investigadoras 2009 (CSIC)

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Sociedad - Ciencia y Tecnología - Situación Social de las Mujeres - Género y Desarrollo; 15 abril (10), AmecoPress



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