Mujeres inmigrantes en España, las más vulnerables ante la violencia de genero

17 de septiembre de 2009.

Por Elena Box

Madrid | Estado Español | Mujeres inmigrantes | Género y desarrollo





Madrid, 17 sep. 09. AmecoPress.- La mañana del 5 de febrero, varios vecinos de la localidad madrileña de Parla llamaron a la policía, alarmados por los gritos y golpes que se escuchaban al otro lado de los tabiques.

Sin embargo, era demasiado tarde: la joven ecuatoriana Orfea C.G. yacía sin vida en su vivienda, convirtiéndose en la primera víctima mortal que este año se cobraba la violencia de género en España.

Casi siete meses después, los datos del último informe del Ministerio de Igualdad ponen de manifiesto que esta lacra social está lejos de extirparse: en el transcurso de 2009 han fallecido 35 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Y ocho de las víctimas eran, como Orfea, inmigrantes.

Pero los porcentajes cambian si se tiene en cuenta el índice de víctimas dentro de cada uno de estos grupos: entre 1999 y 2007 esa tasa se situó en 2,05 muertes por millón de mujeres españolas y 13,18 por millón de extranjeras. Unas cifras aterradoras que revelan que las mujeres inmigrantes tienen un riesgo más de seis veces superior de padecer la violencia machista.

¿A qué se debe esta situación?

Según organizaciones como Amnistía Internacional (AI), parte de las causas hay que buscarlas en la desprotección que afronta este colectivo, que hace a las inmigrantes aún más cuesta arriba el pedregoso camino de ruptura con el ciclo de la violencia.

"Aunque reconocemos que el gobierno está dando pasos importantes, echamos en falta garantías concretas para el cumplimiento de los derechos de protección, asistencia y reparación a las víctimas", dijo Ángela Iranzo, responsable de política interior de AI. "Estamos viendo que hay mucho de retórica política que en la práctica no se observa", lamentó.

En primer lugar, "es absolutamente necesario tener un diagnóstico de cuál es la realidad y la efectividad de las medidas en marcha", explicó Iranzo. El problema es especialmente grave en los casos de extranjeras en situación irregular, puesto que el paso de presentar una denuncia puede suponerles el inicio de un proceso de expulsión. Y como no existen datos, estas mujeres resultan invisibles para la administración.

Al carecer de un permiso de residencia, las inmigrantes "sin papeles" no tienen acceso a las ayudas económicas previstas por la ley para garantizar su independencia respecto al agresor, y además se les niega la obtención de plazas en pisos tutelados y casas de acogida, transfiriéndolas a otras dependencias no especializadas en violencia de género.

Pese a que el Código de Buenas Prácticas de Naciones Unidas insta a los Estados a asegurar que las supervivientes de maltratos "no sean deportadas o sujetas a cualquier sanción por su estatus migratorio cuando revelan los abusos vividos", en España la policía está obligada a averiguar la situación administrativa de las demandantes. Y si es "irregular", puede derivar en sanciones o incluso en un expediente de expulsión.

En este sentido, la reforma de la Ley de Extranjería, que comienza a tramitarse este mes de septiembre, "supone un tímido intento de suavizar la situación", reconoció Iranzo. "Pero queda mucho por hacer".

Y es que los problemas continúan en cuanto las denunciantes se ponen en contacto con los agentes de la Justicia: en muchos casos, se duda de que digan la verdad por temor a que su objetivo final sea lograr una mejora de sus condiciones de vida por la vía rápida.

Además, cuando el idioma es una barrera no siempre se garantiza el derecho a un intérprete, y personas allegadas a la víctima suelen ejercer esta labor, lo que puede agravar aún más el trauma.

Dependencia afectiva y desempleo

Precisamente, el plano psicológico es otro de los puntos en el que las inmigrantes están en mayor desventaja: a la dependencia afectiva con respecto al agresor se suma la económica, pues muchas veces llegan a España en procesos de reagrupación familiar, por lo que tienen permiso de residencia pero no de trabajo.

Además, tampoco suelen contar con el apoyo de redes sociales o familiares y, especialmente los inmigrantes africanos, provienen de culturas patriarcales más acostumbradas a la sumisión y reclusión de la mujer, explican sociólogos. Un factor que ahora, con la crisis económica, no ha hecho más que agravarse.

El aumento del desempleo, sobre todo en el sector de la construcción, está provocado un cambio de roles entre la población inmigrante, y en la actualidad son muchos los hombres que se quedan en casa mientras las mujeres trabajan en la limpieza o el cuidado de ancianos. Esta pérdida de protagonismo dentro del núcleo familiar puede generar depresión e incluso derivar en agresividad, por lo que asociaciones como la ecuatoriana Rumiñahui ya han puesto en marcha talleres de prevención del machismo y la violencia de género.

Así, y pese a todas las tareas pendientes, la mayor visibilidad del problema y concienciación social parecen dar sus frutos, al menos según las cifras. Entre enero y agosto de 2007 murieron 53 mujeres víctimas de la violencia de género, frente a las 44 del mismo período en 2008 y a las 35 de 2009. Aunque siguen siendo muchas.

Fotos. Archivo AmecoPress.

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Estado Español – Mujeres inmigrantes – Género y desarrollo. 17 sep. 09. AmecoPress.