Elecciones 28 de abril: entrevista a Sofía Castañón, candidata de Unidas Podemos

"El Estado debe garantizar el derecho a los cuidados"

17 de abril de 2019.

Por Gloria López

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La Secretaria de Igualdad, Feminismos y LGTBI en la Ejecutiva Estatal de Podemos se declara abolicionista pero insiste en que el punitivismo nunca ha solucionado nada a las mujeres


Madrid, 16 abril. 19. Amecopress. Sofía Castañón, (Gijón, 1 de noviembre de 1983) es poeta, escritora, realizadora audiovisual y política. Se presenta en las listas de Unidas Podemos por Asturias para en las próximas elecciones al Congreso de los Diputados y Senado que se celebrarán el 28 de abril.

Secretaria de Igualdad, Feminismos y LGTBI en la Ejecutiva Estatal de Podemos, aboga por que el Feminismo sea la brújula que oriente a quienes desarrollan las políticas en las instituciones a la hora de establecer prioridades y ser garantes de la representatividad, la memoria y los derechos colectivos. Defiende la precisión del lenguaje, como verdad, como capacidad de nombrar lo invisible, como valor para cuestionar lo establecido.

“Explorar la posibilidad, asumir lo que implica querer hacerla tangible tiene episodios gozosos y frustraciones”, comparte. En esta entrevista telefónica de media hora, un sábado de campaña a la hora del desayuno, Sofía Castañón describe inercias históricas, debates repetitivos y conquistas complejas: los mínimos son insuficientes, no vale solo con resistir, hay que hacer pedagogía, urge construir.

Usted es poeta y política. ¿Es posible armonizar la poesía y la política?

Sería deseable. Una de las funciones del lenguaje que emplea la poesía es ser lo más preciso posible, comprendiendo que a la vez tiene que remover. El lenguaje brilla y rompe los convencionalismos, nos permite poder decir lo que queremos decir. La poesía es el espacio y el tiempo para poder decir lo que queremos decir de verdad y la política debería pretender hacer eso. Pero no es así. En la política institucional se suele usar el lenguaje para dar muchos rodeos sobre lo que se quiere decir. Pero hay quienes estamos en la política para poder meter un poco de poesía en tanto que un poco de verdad al asunto.

La política institucional, al menos desde fuera, parece un terreno bastante hostil y duro. ¿Qué puede aportar el feminismo a la política institucional?

La política institucional es desde luego hostil y dura. Y el feminismo puede ayudar a romper un poco todo ese funcionamiento que tiene que ver con el patriarcado, que tiene que ver con desde donde se pensaron esas estructuras, y funcionar de otra manera. La institución es de mediados del siglo XIX y la arquitectura profunda de funcionamiento sigue respondiendo a eso.

El feminismo puede plantear otra manera de estar, que no sea estar a golpe de testosterona, que tenga que ver con favorecer el diálogo, un diálogo que sea útil, favorecer el consenso, favorecer que la toma de decisiones se hace en los espacios formales y no en los espacios informales. Que por ejemplo en un ayuntamiento dejen de solucionarse las cosas tomando un vino con el cacique de turno, sino que al cacique se le recibe dentro del ayuntamiento, con grabadora en mano. El feminismo es mucho más consciente de cómo se tiene que ser de garante de la representatividad de la soberanía popular.

En esta legislatura ha habido más diputadas que nunca. Hemos contado con un Gobierno con más ministras. ¿Es un buen indicador? ¿Es un cambio de paradigma, de enfoque en la política?

Es reflejo de algo que en la sociedad ha avanzado muchísimo más. La ley 3/2007, que tiene 10 años, plantea una paridad en la representatividad del 40/60. Nosotras pensamos que no es suficiente, que tiene que ser una paridad del 50/50. Y además planteamos mecanismos como las listas cremallera. Nos parece una cuestión de mínimos, y en el Congreso ni siquiera se llega a ese 40 por ciento de mujeres. El Consejo de Ministras es algo muy simbólico, pero, como dijo Teresa Rodríguez, no se trata tanto de tener un Consejo de Ministras sino de ver en qué condiciones trabajan quienes friegan los suelos. Y lo cierto es que todavía no se ha ratificado el convenio 189 de la OIT. ¿Un Consejo de Ministras hace que un gobierno sea feminista? No. Un Consejo de Ministras es un síntoma.

A Unidas Podemos la ley está actuando como un factor de discriminación positiva para los hombres. Porque si no contáramos con la ley, las cinco primeras de cada lista seríamos mujeres. Es decir, a lo mejor las leyes, se están quedando atrás.

Pacto de Estado contra la violencia de género, un pacto de mínimos

Ha sido integrante de la Comisión de Igualdad. ¿Cuáles cree que deberían ser los grandes objetivos o los grandes acuerdos a alcanzar en este tema?

Siendo críticas con el Pacto de Estado es necesario reeditar el compromiso cuando se vuelva a configurar la cámara. Y veremos qué alianzas aceptan algunos de los partidos que forman parte de ese Pacto de Estado. Es una gestión de mínimos exigir el cumplimiento de la ley de 2004, el marco del Pacto de Estado no es mucho mas ambicioso que eso en su concepto. Las calles tienen muy claro algo que exige el Convenio de Estambul, que es considerar que la violencia de género es algo más que la violencia que sufren las mujeres en el ámbito de la pareja o ex pareja; esto es algo que el Pacto de Estado enuncia pero luego no incorpora medidas adecuadas.

Las medidas no sirven para dar respuesta a las violencias sexuales, para dar una respuesta real a las violencias simbólicas, a la violencia económica, no van a la raíz de la violencia que tiene que ver con una situación estructural de desigualdad entre hombres y mujeres. Por tanto, pensamos que hay que ir un poco más allá, que hay que ser un poco más ambiciosos, y que se tiene que hacer con las organizaciones feministas, que son el motor por el que esto ha llegado a la Cámara y no están presentes en ese Pacto de Estado.

Además necesitamos una ley contra las violencias sexuales, que contribuya a situar la libertad sexual de cada persona en el centro y proteja esa libertad sexual. Necesitamos una ley contra la trata de personas con fines de explotación sexual, entendiendo que hay un trasvase continuo de la trata con fines de explotación laboral, diferenciándolas muy bien, pero comprendiendo que sin abordar ambas no vamos a estar solucionando ninguna. Necesitamos una ley de igualdad retributiva que se ponga en funcionamiento. Necesitamos una ley de diversidad familiar, porque ahora mismo casi ninguna familia entra dentro del corsé que nos quieren colocar de familia normativa, necesitamos que haya prestaciones y políticas públicas para los distintos tipos de familia y ahora mismo quienes están en mayor riesgo de exclusión son las familias monomarentales. Es necesario que tengamos una ley para garantizar la no discriminación de las comunidades LGTBI. Es necesario que haya una ley que garantice la libre autodeterminación de género, que garantice los derechos de las personas transexuales. Es necesario que en nuestro currículum académico exista de verdad una presencia de la historia del feminismo, porque hasta ahora cuando se estudian en el siglo XIX los “ismos” nadie estudia la historia del feminismo y eso se refleja también en la ausencia de referentes femeninos, de mujeres que han construido la historia, la cultura, la música... Necesitamos que la educación afectivo-sexual esté incluida en las escuelas.

Y pensamos que todo esto es preciso articularlo desde una vicepresidencia de feminismo y economía de los cuidados, no vale que coloquemos la cartera de igualdad en una vicepresidencia, si esa vicepresidencia está también a otros muchos múltiples cometidos; y desde luego no vale que coloquemos la igualdad, como tiende a hacer la derecha, junto a sanidad o asuntos sociales o infancia, porque es transmitir que el feminismo es un asunto de las mujeres cuando precisamente el feminismo tiene que ver con el conjunto de la sociedad.

Todos los partidos coinciden en que la violencia de género es un problema muy grave, pero luego parece haber discrepancias en cómo luchar contra ella. Ustedes se abstuvieron en la votación del Pacto de Estado contra la violencia de género. ¿Por qué asumieron esta postura?

Nosotras hicimos posible el Pacto y de hecho las compañeras del grupo confederal nos sentimos autoras del mismo y creo que el resto de partidos no lo van a negar. Lo que sí vimos necesario luego, tanto en la Comisión como en el pleno, fue emitir un voto crítico, porque no estamos de acuerdo con decirle a la ciudadanía que con esto estábamos caminando con un paso contundente hacia la erradicación de las violencias de género, porque no era así como después lamentablemente se ha visto.

En realidad el Pacto no es sino exigir el cumplimiento de leyes que ya tenemos y claro esto hay que hacerlo. Porque el problema es que hay determinadas leyes, como la ley contra la violencia de género, la ley de igualdad, incluso la ley de dependencia o la ley de violencia histórica que parece que son derechos blandos, que se pueden incumplir, que no pasa nada si no se cumplen. Hemos tenido hasta una ministra de Igualdad en el gobierno de Mariano Rajoy que por incumplir, incumplía hasta el uso del lenguaje no sexista, y si se le afeaba, decía que esto no era importante.

Quisimos dar un voto crítico porque el Pacto no superaba el marco de las leyes que ya tenemos y también porque no había ni un calendario ni un presupuesto específico para llevarlo a cabo.

Hacer pedagogía de los cuidados

Pablo Iglesias ha sido criticado por tomar el permiso de paternidad. Pero también cuando ha hecho algunas declaraciones o ha asistido a alguna reunión durante ese periodo. ¿Cómo interpreta eso?

Hay una enorme falta de pedagogía y por eso se convierten también en necesarios los permisos. Como mujer autónoma que también se tomó su permiso de maternidad cuando tuvo a su peque, este permiso hacía que yo no estuviera ejerciendo mi responsabilidad laboral pero no me excluía de todos los espacios. Creo que ser diputado o ser diputada no es exactamente un trabajo; efectivamente podríamos hacer un poco la traslación en el sentido de que consume mucho tiempo que no te permitiría estar criando. Pero no puede ser que emitir un comunicado sea algo incompatible con criar y con estar en tu permiso de paternidad o maternidad, más que nada porque lo problemático no es que se critique a Pablo Iglesias sino porque a quienes estamos haciendo ese cuidado se nos expulsa de la vida pública. ¿No vamos a poder mientras cuidamos a nuestros hijos e hijas emitir una opinión?, ¿no vamos a poder manifestar públicamente una idea, un criterio, una postura? Porque eso lo que está diciendo es que las personas que crían, en ese tiempo, no valen para nada más y no comparto para nada esa postura. Al contrario, creo que esas personas están aportando una visión que quienes no están criando no van a tener y que es necesaria también. Entendiendo la política de una forma más amplia que la institución o la representatividad en un partido. Hace falta pedagogía, no somos inútiles cuando criamos. Además, hace falta pedagogía para explicar que criar no es algo exclusivo del ámbito privado; la diferenciación entre lo privado y lo público sólo ha servido para crear la división sexual del trabajo y para encerrar a una parte de la población en un espacio e impedirnos acceder al otro. Y al mismo tiempo, por una cuestión de espejo, impedir también que quienes están llamados al espacio público no puedan disfrutar del espacio privado, asumiendo que esa dicotomía es algo que tenemos que erradicar.

Así que quienes le han criticado por estar cuidando es que no quieren ver que existen otras personas, otros liderazgos en el partido que han hecho una labor magnífica. Y quienes le han criticado por haber emitido algún tipo de valoración política es que no han entendido que criar tampoco nos puede expulsar de la vida porque la primera mermada es nuestra propia vida colectiva.

Usted es responsable del área de feminismos, que ha tratado de llevar sus propuestas al programa electoral de Unidas Podemos. Un aspecto que han destacado es elevar a derecho constitucional el derecho al cuidado. ¿Qué quiere decir esto? ¿Cómo se articula?

El derecho a ser cuidadas y cuidados es algo innegable para cualquier persona y por tanto el Estado ha de garantizarlo, tiene que dejar de caer en los hombros de las mujeres. Tiene que dejar de caer en ese “voluntariado” más o menos organizado. Es un derecho y por tanto se tiene que garantizar.

Para garantizar este derecho hay que hablar de corresponsabilidad no sólo entre hombres y mujeres, sino también del Estado. El Estado tiene que asumir que todos aquellos sectores profundamente feminizados y que son los más castigados en las últimas reformas laborales, tienen que ser sectores donde no se estén vulnerando los derechos de las trabajadoras; hay que remunicipalizar el servicio de ayuda a domicilio, para que garantice la calidad del servicio y también de los puestos de trabajo. También el Estado tiene que garantizar el derecho a ser cuidado y cuidada en el primer año de vida y que las trabajadoras puedan disfrutar de esos permisos de maternidad en condiciones de igualdad y no seamos penalizadas en nuestros puestos de trabajo. La corresponsabilidad del Estado con el cuidado implica que haya escuelas de 0 a 3, que no sean un “aparcabebés”, sino que sean un valor para la comunidad. Mientras no blindemos en la Constitución esto, esos derechos se convierten en batallas electorales.

"Deberíamos ser muy sensibles a la capacidad de organización que han tenido las empleadas domésticas"

Incluye entonces su programa el compromiso de ratificación del convenio 189 de la OIT, para garantizar los derechos de las empleadas domésticas.

Sí, claro, forma parte del acuerdo al que llegamos con el gobierno, lo que pasa es que después no se ha hecho. La hemos defendido siempre, fue objeto de una proposición no de ley que presentamos ya en el 2016. No entiendo porque se ha postergado, no hay excusas para esperar. Deberíamos ser muy sensibles a la capacidad de organización que han tenido las empleadas domésticas, teniendo en cuenta que es uno de los sectores que más dificultades tiene a la hora de organizarse, porque están atomizadas, porque muchas son internas, pero están desarrollando una capacidad de organización y de propuesta admirables. La ratificación es algo tan de mínimos, que no hacerlo es una vergüenza.

¿Cómo abordan el debate de la prostitución? ¿Qué propuestas hacen y por qué modelo abogan?

Tenemos propuestas de consenso dentro de la diversidad que existe también en Podemos a la hora de abordar este tema. Hay quienes somos abolicionistas y hay quienes tienen otras visiones dentro del partido y no hay una posición al respecto sino una diversidad de posturas. Lo que sí vemos son algunos consensos como que necesitamos una ley integral contra la trata. En esa diferenciación entre trata y prostitución, compartiendo –y esto ya es mi postura personal- que sigue teniendo una misma raíz, y que esa raíz-y esto sí es una postura colectiva- hace que tengamos que pensar esto en términos de una institución patriarcal, porque el 99,7% de los clientes, consumidores, puteros, son hombres, si esto no lo abordamos desde una postura feminista y entendemos que es una cuestión patriarcal nos estamos haciendo una trampa. Eso es una postura de consenso, tiene que reflejarse en una ley integral contra la trata, específica, porque la trata tiene una realidad específica, y eso nos lo dice gente abolicionista que está trabajando en la Red contra la trata, por ejemplo. Tiene que ser específica porque que necesita abordar cuestiones de la ley de extranjería, la ley mordaza y otros temas. Y el gobierno lleva meses, años, prometiendo actuaciones en ese sentido, pero sabemos que se están incumpliendo sistemáticamente directivas de la Unión Europea y no se está haciendo nada. No entendemos por qué se está tardando tanto en hacer una ley.

Más que el debate sobre el abolicionismo, sobre si hay que incluir otras posturas, hay que dar propuestas y no hemos visto ni una. Y sí hemos visto una tendencia a hacer determinadas ordenanzas municipales que lo que hacen es castigar y penar a las prostitutas y ahí, a pesar de tener una clara postura abolicionista personal, creo que hay que ser muy claras: el punitivismo nunca ha solucionado nada a las mujeres. En todo caso hay que atreverse a ver la complejidad del propio debate y mientras debatimos hay cosas concretas que sí podemos estar haciendo.

Se ha colocado al movimiento feminista como antídoto frente a la ultraderecha. ¿Es correcto plantearlo así?

Si el movimiento feminista fuera el antídoto y el único movimiento capaz de frenar a la extrema derecha no necesitaríamos las feministas estar en ningún partido. Y si tuviéramos toda esa fuerza tampoco habría patriarcado. Creo que el movimiento feminista propone un proyecto que pone nerviosa a la extrema derecha, que reacciona, porque además son reaccionarios. Y hay ciertas desigualdades de las que se nutren esas posturas, además de cierto espacio mediático que están encontrando y que también les ayuda y alimenta. Nunca históricamente las mujeres hemos ganado terreno sin encontrar una reacción fuerte de quienes temen perder sus privilegios. ¿Eso quiere decir que las feministas tenemos que colocarnos en primera línea de trinchera para ver cómo arrasa con nuestros cuerpos el auge de la extrema derecha? No. Eso quiere decir el movimiento feminista tiene que ser la brújula democrática para ubicarnos.

Que las mujeres están poniendo su cuerpo y luchando contra el avance de la ultraderecha es así, lo estamos viendo en Brasil, en Argentina, pero es que lo hemos visto siempre aunque luego quienes se sientan a escribir la historia son hombres que nos han borrado de los libros. Es lo que hemos visto también con nuestra Constitución, que tiene padres, pero no tiene madres, pero que sin embargo fue posible por el aporte de tantas mujeres feministas que pelearon por nuestros derechos. Siempre hemos estado ahí, ahora tenemos una hegemonía que nadie nos puede negar, pero creo que es importante que se entienda que tiene que colocarse el feminismo como brújula democrática.

Fotos archivo AmecoPress, cedidas por Podemos


Política – Política y género – Feminismo – Dependencia – Conciliación – Debates –Prostitución – Violencia de género; 16 de abril. 19. AmecoPress