Creo el grupo Sahuesos Guerreras y fundará uno más en el Istmo

María Isabel Cruz: En México la justicia huele a mierda

11 de abril de 2019.

Por Nadia Altamirano Díaz

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Con otras 170 madres de Sinaloa busca a su hijo entre la tierra


Oaxaca – México, 11 abr. 19. AmecoPress.- La impunidad le ha afinado tanto el olfato a María Isabel Cruz Bernal que dice sin pensar y sin miedo: La justicia en México huele a mierda.

En marzo de 2017, dos meses después de levantarse de la depresión en que la sumió la desaparición de su hijo Reyes Yosimar García Cruz -quien hasta el 26 de enero de ese año se desempeñó como policía municipal de Culiacán, Sinaloa-, María Isabel Cruz entendió que si no lo buscaba ella misma el Estado seguiría evadiendo su obligación.

El ejemplo de otras madres la llevaron a convertirse en activista y fundar la asociación Sabuesos Guerreras, una de las once organizaciones de este tipo en Sinaloa, una entidad con el deshonroso tercer lugar por la cantidad de fosas clandestinas que se han descubierto, donde Tamaulipas encabeza la lista.

En Matías Romero conformará Sabuesos Oaxaca

Una conjunción de esfuerzos de organizaciones internacionales como The Global Initiative, Cooperación Alemana Deutsche Zusammenarbeit e Iniciativa Sinaloa Centro Ciudadano de Investigación la han traído a Oaxaca, su tierra, para participar en el Proyecto Resiliencia (#GIResilience) y reunirse con grupos de familiares que como ella, intentan que su hija o hijo aparezca.

En Oaxaca “falta mucho por organizarse” y suelta al grupo de periodistas la noticia: viajará a la región del Istmo de Tehuantepec para iniciar en Matías Romero -de donde ella es originaria- un segundo grupo de Sabuesos Guerreras.

En ese reducto istmeño, la delincuencia organizada, el paso de migrantes y el tráfico de combustible robado ha puesto los reflectores mediáticos cuando se habla de fosas clandestinas, de las cuales se contabilizan al menos cinco que fueron halladas en años recientes.

Las diferencias con las razones de las desapariciones en la mayoría del estado van al orden político y superan en casos la incidencia en menores de edad, pero sobre todo en mujeres.

Sin importar el motivo de la desaparición, quienes buscan a un familiar se topan con el mismo obstáculo: la inacción de las autoridades.

Gritar el nombre de su familiar desaparecido y exigirle al Gobierno que los haga presentes, es el primer consejo que María Isabel da para quienes, por miedo, no han conformado grupos de búsqueda, como los hay en otros estados.

Aquí en Oaxaca “están solos, completamente a ciegas, no saben nada, no tienen idea de lo que es búsqueda en campo, nos ofrecimos para venir a ayudarles y enseñarles a buscar”.

Su historia como activista

El inicio de su propia familia la llevó a Culiacán, Sinaloa, en donde María Isabel radica desde hace 28 años. Yosimar, du hijos, llevaba cinco años como policía municipal cuando el 26 de enero de 2017 un grupo de hombres vestidos de militar lo sacaron de su casa ante la mirada de su novia y su hermano menor.

Unos días antes habían secuestrado a su comandante y a otro compañero que junto con Yosimar participaron en el grupo que prestó auxilio en el bombazo del 30 de septiembre de 2016 contra militares que resguardaban el traslado de Julio Óscar Ortiz Vega, alias El Kevin.

Cuando desaparecieron a su hijo, María Isabel Cruz estaba de visita en Matías Romero, cuidando a sus padres y atendiendo una pequeña tienda, apenas dos días antes había hablado con él.

Al volver a Culiacán, ni se acordó de las autoridades, pero cuando “salió del hoyo” de su depresión, se dio cuenta que estaba sola en esa búsqueda que debía comenzar ella misma porque las autoridades simulaban que lo hacían y ella hacía como que les creía.

Con otras siete madres empezó una búsqueda común a la que se han sumado otras 170.

En ese camino de dolor que todas ellas comparten, han encontrado en fosas clandestinas de Culiacán 120 cuerpos, calcinados en su mayoría, pero no él de su hijo.

Ese trabajo de hallar los cuerpos, “si no se están pendientes de su identificación”, el Estado los vuelve a desaparecer.

Hacer una logística de dónde desapareció la persona, pensar como "malandro", utilizar “tecnología de punta”: pala, pico y una varilla con una espiral que puede ser un indicador que al fondo de la tierra hay un color y olor distinto, puede ser el primer indicio.

Ese olor que ha aprendido a identificar, le cuesta trabajo definirlo. Para ella es entre sarro y a podrido. La inacción oficial la ha graduado como policía, investigadora, abogada y todóloga.

Sobre la desaparición de su hijo tiene más indicios de los que nombra, pero no busca culpables, se conforma con encontrar su cuerpo y poder empezar a llorar, una promesa de resiliencia que se hizo al volverse buscadora.

Foto: SemMéxico.

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