Ana Quirós, feminista nicaragüense y defensora de Derechos Humanos

“Las mujeres son las más perseguidas en Nicaragua”

4 de abril de 2019.

Por Angélica Mancilla García

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Presas o secuestradas hay 80


Cd. de México, 03 abr. 19. AmecoPress/Cimacnoticias.- Ana Quirós Víquez, nicaragüense y costarricense, es feminista, defensora de Derechos Humanos. En abril de 2018, fue agredida por grupos paramilitares e integrantes de la policía nicaragüense durante la primera manifestación en contra de la reforma impulsada por Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, que buscaba recortar las pensiones y aumentar los impuestos a la seguridad social. La defensora recibió golpes en la cabeza y en una de las manos, lo que le ocasionó el desprendimiento casi total del dedo meñique y la muñeca quebrada.

Desde entonces, las protestas aumentaron y la represión se recrudeció: las y los estudiantes universitarios, que no se habían visto en la escena desde 2005, salieron a manifestarse a las calles; se dio un apagón informativo debido a que los medios de comunicación están controlados por el Estado; el gobierno dio “la orden de que en las instituciones de salud pública no se atendiera a los heridos”, lo que provocó “discapacidades mayores, pero también muertes”; hubo miles de presas y presos políticos, entre los que se encuentran periodistas y defensores de Derechos Humanos, a los que el gobierno “no provee de alimentación ni de absolutamente nada”; y ya hay muchas personas que han sido asesinadas.

Quirós es especialista en salud pública, directora del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS) e integrante de la Comisión Política del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) y de la Articulación Feminista de Nicaragua, así como de la Unidad Nicaragüense de la Disidencia Sexual Auto Convocada y actualmente representa a la Unidad Azul y Blanco (UNAB) en Costa Rica.

En entrevista con Cimacnoticias, la feminista y defensora de Derechos Humanos nos cuenta sobre la represión en Nicaragua y sobre cómo fue expulsada del país (en el que residió durante más de 40 años y del que obtuvo la nacionalidad hace casi 25 años), con argumentos que violan lo establecido Constitución y sin un debido proceso. Ahora, su demanda principal es la liberación absoluta de las y los presos políticos. Para ella “no puede continuar ese sufrimiento”. En Nicaragua “somos víctimas del régimen”, dijo.

Primero, Ana, preguntarte ¿qué es lo que está pasando en Nicaragua? ¿Cómo es que de pronto te retiran la nacionalidad nicaragüense?

En primer lugar, yo fui la primera persona herida en este proceso de protesta e insurrección cívica el día 18 de abril de 2018, mientras participábamos en una protesta por una reforma a la seguridad social, que hablaba de aumentar las cuotas patronales, de los y las trabajadoras, y de cobrarle a las personas pensionadas un 5 por ciento supuestamente por el pago de medicamentos. Estábamos en eso cuando fuimos atacadas brutalmente por un grupo de parapoliciales.

Desde ese primer día, las manifestaciones siguen en aumento y la respuesta del régimen también va en aumento, tenemos las primeras marchas masivas, enormes.

El régimen ofrece a empezar el diálogo facilitado por la Iglesia católica, pero no llega a ningún lado. La gente empieza a hacer lo que en Nicaragua se llama tranques, barricadas para entorpecer el tráfico y para impedir que las fuerzas represivas se muevan de un lugar a otro de la ciudad; eso se mantiene por un mes, con un efecto serísimo con relación a los temas económicos, pero con una organización de la gente de manera territorial muy importante. Producto de eso, el régimen habla de “vamos con todo”, con tanquetas, con francotiradores, o sea, a matar directamente.

Los grupos de mujeres son de los más perseguidos, están sumamente activas en los tranques, en las movilizaciones y en el acompañamiento de las víctimas; juegan un papel central en la organización de las madres de las y los asesinados, de las y los presos políticos, y en la protección de quienes andan huyendo.

¿Pero cómo se liga todo esto con el retiro de tu nacionalidad nicaragüense?

Por supuesto yo estoy vinculada a todo esto, no dejé de salir en ningún momento. Cuando se acerca noviembre, las mujeres decidimos - igual que todos los años - que vamos a salir el 25 de noviembre, y vamos a salir con el acompañamiento de la Unidad Azul y Blanco que digamos, es el gran paraguas de las organizaciones y de los grupos auto-convocados.

Empezamos a trabajar en función del 25 de noviembre. Es la primera movilización a la que la Policía dice que para poder marchar hay que tener un permiso, lo cual legalmente no es cierto, y cuando fuimos a pedir el permiso cumplimos con todos los requisitos, pero cuando vamos a preguntar cerca todo la Policía y no pudimos llegar a solicitar el permiso.

Damos la conferencia de prensa - eso fue el 23 de noviembre - la Policía nos prohíbe marchar y el 24 hacemos una segunda conferencia y decimos que va a haber distintas manifestaciones no físicas, o sea, no es que íbamos a ir a marchar, sino que íbamos a hacer más cosas virtuales, movilizaciones exprés y cosas de este tipo; pero terminando la conferencia de prensa yo recibo una citatoría para ir a Migración, tratamos de introducir un recurso, no nos lo recibieron y decidimos que acudiría a la cita a Migración.

Cuando llego a Migración, no dejan entrar a mi abogada para que me acompañe, tengo que entrar sola; y cuando entro, me leen una resolución que nunca me dieron donde anula mi nacionalidad nicaragüense y dicen que queda anulada porque está prohibido que tenga doble nacionalidad, a excepción de los países centroamericanos. Inmediatamente yo reacciono y digo: “bueno ¿y desde cuándo Costa Rica ya no está en Centroamérica?”. Desde luego, por supuesto que no recibí ninguna respuesta.

Me obligan a salir de la oficina sin haber recibido la copia ni haber firmado nada y me esposan; me montan en un vehículo de estos que llamamos perrera y me llevan escoltada por otros nueve vehículos con militares armados fuertemente, hasta la cárcel del Chipote. Ahí me tienen por unas seis horas, veo que hay una acusación en mi contra que decía que me acusaban de ser terrorista y que me habían agarrado infraganti en la vía pública.

Horas después, me sacan de la celda y me leen una nueva resolución donde me expulsan del país por 5 años; me obligan a firmarla, entonces yo firmo y pongo un escrito en el digo que firmo bajo protesta, que no me están dando copia de la resolución y casi que me la arrancan de la mano. Me llevaron de la cárcel del Chipote —famosa por ser de tortura desde el tiempo de Somoza, desde hace como 60 años— hasta la frontera con Costa Rica y ahí me entregaron a las autoridades costarricenses.

¿Y cómo te recibe Costa Rica?

Costa Rica me recibe con los brazos abiertos. Soy ciudadana costarricense por nacimiento —aunque nací aquí en México, pero de padres costarricenses— y las autoridades me acogen y protegen en buena medida, igual que los grupos de refugiados en Costa Rica.

Vale la pena señalar que Costa Rica ha recibido, de mayo para acá, más de 80 mil nicaragüenses que están solicitando refugio.

¿Pueden salir libremente de Nicaragua?

No, no, mucha gente ha tenido que salir por veredas o salir camufladamente, no solo hacía Costa Rica, sino caminando hacía Honduras, y por otras vías, incluso por mar.

Y entiendo que hay periodistas y defensoras y defensores de Derechos Humanos.

Así es. Hay 80 mujeres que están presas o secuestradas —como decimos—, algunas tienen casa por cárcel, pero siguen siendo presas. Hay periodistas y defensoras y defensores y están en unas condiciones sumamente difíciles, los mantienen —Nicaragua es muy caliente— en unas galeras que los techos son de zinc, sin ninguna ventana y por cualquier cosa los llevan a celdas de castigo, que son de uno por dos metros, sin ventanas, no los sacan al sol, por cualquier cosa les quitan las visitas familiares o la entrega de los víveres.

Es particularmente difícil la situación de tres compañeras trans, que están en la cárcel de hombres y que el régimen no les reconoce su identidad, de manera sistemática, las obliga a desnudarse y hacer sentadillas enfrente de 300 presos, las amenazan con violarlas y les dicen que ahí solo hay hombres; es una agresión constante.

¿Y hasta ahora se han pronunciado algunos países u organismos internacionales? Lo pregunto porque de alguna manera, el caso de Nicaragua no ha tenido tanto eco como el de Venezuela.

Sin embargo, resulta bastante decidor y curioso hasta cierto punto porque por ejemplo, recientemente se aprobó una resolución para Nicaragua en el Consejo de Derechos Humanos, aprobada por 23 votos a favor y 3 votos en contra de Egipto, Eritrea y Cuba, donde se establece que la oficina de la Alta Comisionada debe dar seguimiento al régimen; dos, que la Oficina de Defensoría de allá, que es la Procuraduría de Derechos Humanos, no se puede considerar un órgano independiente y, por lo tanto, no tiene ninguna credibilidad; tres, que se promuevan las sanciones en contra del régimen y que haya informes en cada una de las sesiones sobre la situación en Nicaragua.

Punto y seguido, sigue una discusión, más o menos en los mismos términos, sobre Venezuela, y pasa la de Nicaragua pero no pasa la de Venezuela. Lo cual, personalmente me sorprendió, porque sabemos que la situación en Venezuela es crítica, pero también entendemos que el nivel de brutalidad del régimen de Ortega ha sido tal, que si comparáramos la cantidad de muertos, la cantidad de heridos y la cantidad de detenidos, con lo que sucede con la población de Venezuela, tendríamos en este momento alrededor de más de seis mil asesinados en Nicaragua y la cantidad de asesinados en Venezuela ha sido a lo largo de varios años, y en el caso de Nicaragua fue en pocos meses. Entonces, vemos que sí ha habido una reacción.

Entonces, digamos que es cierto que a nivel mediático no tiene la misma proyección, pero en términos de respuesta de la comunidad internacional, hemos venido teniendo una respuesta positiva, gracias a países que han actuado beligerantemente por esta respuesta.

¿Y cuál ha sido la respuesta del gobierno de Nicaragua?

Para empezar, para el gobierno todos nosotros somos golpistas y terroristas; en segundo lugar, se quieren colocar como víctimas, dicen que son víctimas del imperialismo yanqui, cuando en realidad para nada nos interesa que haya una intervención de Estados Unidos, nos interesa acabar con el régimen, y la gente sigue apostando por la salida cívica.

¿Plantean nuevas elecciones?

Se plantea un adelanto de las elecciones, que haya justicia. O sea en primer lugar se plantea la liberación de las y los presos; en segundo lugar, que se reconozcan las libertades y los derechos humanos, en tercer lugar, porque tenemos tiempo de no podernos movilizar; en tercer lugar, que haya justicia frente a los crímenes de lesa humanidad y frente a los crímenes que ha habido durante este periodo —que no prescriben. Entonces, en eso vamos a seguir insistiendo.

Una de las siguientes cosas es el desarme de paramilitares, porque ha sido la Policía la que los ha armado y tanto Daniel Ortega como el jefe de la Policía, han reconocido públicamente —en alguna de sus entrevistas— que se trata que estos civiles tienen dos vertientes: unos que son policías disfrazados de civiles y otros que son civiles que actúan bajo el mando de la Policía, y no lo dicen, pero muchos de ellos han sido armados con armamento y municiones del Ejército. Entonces esa es una de las demandas grandes: el desarme de las fuerzas paramilitares.

Otra demanda importantísima es el retorno seguro de quienes estamos en el exilio, pues sólo en Costa Rica, de manera registrada, hay más de 80 mil solicitando refugio. Costa Rica está saturada de nicaragüenses, pero tenemos gente en Panamá, aquí (en México), en Honduras ya hay un grupo importante, en España y en Estados Unidos.

¿Estás impulsando algún proceso con algún organismo internacional para que se te regrese tu nacionalidad nicaragüense?

Sí, yo puse la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En los próximos días voy a interponer una demanda en las cortes costarricenses porque la actuación en mi caso fue violatoria de todos los Derechos Humanos y de todos los derechos establecidos en la Constitución; en parte no lo he hecho no porque no lo crea importante, sino porque la situación de los refugiados en Costa Rica es sumamente dramática, o sea, toda esta gente llega con una mano adelante y otra atrás, llega sin medios para sobrevivir, sin lugar donde quedarse, y por más que el gobierno trate de facilitar las cosas, no se da abasto.

¿Las organizaciones de la sociedad civil también están acompañando este proceso?

Sí, pero también están sobregiradas a la máxima expresión.

¿Qué ha pasado con la organización que tú presidías en Nicaragua, con CISAS?

La otra parte de nuestra historia es que tres días después de que me sacan de Nicaragua nos cancelan la personería jurídica de la organización que yo presidía; y menos de ocho días después nos cancelan las cuentas, nos intervienen y nos expropian los edificios y todos los bienes que teníamos, de una organización con 35 años de existencia. Entonces, también hemos puesto la denuncia ante el Consejo de Derechos Humanos, las Relatorías Especiales y ante la CIDH, con relación a la libertad y derecho a organizarse y el derecho a trabajar. Entonces, hemos inscrito la organización en Costa Rica, y estamos iniciando el trabajo también en esa dirección.

¿El gobierno sigue sin permitir que se ofrezcan los servicios de salud?

Sí, el gobierno sigue sin ofrecer los servicios de salud ni reconocer que hay problemas de salud.

¿Y tú cómo te sientes? ¿Cómo has sobrellevado esta situación?

Bueno, me siento como que quiero que termine todo, o sea, yo llevo 40 años de no vivir en Costa Rica, no entiendo a los ticos, no entiendo a mis compatriotas, o sea, tengo una mentalidad muy modificada. Entonces las tareas son muchas, nuestra meta es que se logre en el diálogo una negociación que establezca plazos para la salida del régimen, además de otras cosas.

Ortega llegó con el apoyo del Frente Sandinista de Liberación Nacional; en ese sentido ¿qué pasa con la Izquierda en Nicaragua?

Es difícil hablar de Izquierda y Derecha en Nicaragua. Lo cierto es que el Frente, desde que llegó al gobierno o incluso desde antes, no es Izquierda, menos una Izquierda comprometida con los Derechos Humanos. No se puede hablar de Izquierda y de Derecha, ya están muy entremezcladas, hay como fuerzas dictatoriales y fuerzas democráticas, ahí si podemos hablar de que esa es la gran división en este momento en Nicaragua.

Yo vengo de las fuerzas sandinistas también, o sea, yo me fui a Nicaragua por eso. Yo creo que sí hay un resquebrajamiento de las fuerzas sandinistas afines al régimen, hay muchas sandinistas que son opositores, y van a tener un papel fundamental en lo que va a ser la nueva república nicaragüense.

¿Y qué sigue? ¿Qué va a pasar con Nicaragua?

Hay una cosa que es digna de admiración de los nicaragüenses, y es que con todo esto que ha pasado, con la violencia, la gente sigue insistiendo y sigue señalando que la vía tiene que ser cívica; y dentro de la salida cívica, el diálogo.

Por eso, a pesar de las grandes críticas, las grandes quejas que tenemos sobre el gobierno, en este momento hay un equipo negociador, que aún no entra a la negociación porque se planteó que lo primero, como ambiente previo al diálogo, es la liberación total de las presas y los presos, que, en este momento, suman más de 800.

Convencida de que la mejor solución es el diálogo, Ana Quirós sueña con volver a Nicaragua para continuar su trabajo de defensa al derecho a la salud, que se le devuelva el registro a su organización (CISAS) y se le reconozca que su organización es defensora de Derechos Humanos.

Fotos: Archivo AmecoPress; CIMACFoto: Angélica Mancilla.

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