Jueves, 17 de enero de 2019.

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Seguiremos brillando, como el arcoiris en días de lluvia y sol, en las plazas y en las calles

Os deseamos Feliz 2019

Y el feminismo inundará todo, las redes, los medios de comunicación, las conversaciones en el trabajo, en los bares, en las comidas familiares

Medios de Comunicación, Opinión, Feminismo, Movimiento feminista, Comunicación y género, Madrid, Jueves 20 de diciembre de 2018, por Redacción AmecoPress


Madrid, 20 dic. 18. AmecoPress.- Si algo destaca en este año que acaba es la aceleración de un proceso, que se ha ido fraguando durante años, y que en 2018 ha brillado, como el arcoiris en días de lluvia y sol, en las plazas y en las calles muchos países y en especial en España, donde el 8 de marzo se convirtió en un hito histórico, masivo y esperanzador, gracias al movimiento feminista. El feminismo parece haber inundado todo, las redes, los medios de comunicación, las conversaciones en el trabajo, en los bares, en las comidas familiares. Con más o menos profundidad, con más o menos acierto, las mujeres han cuestionado las prioridades establecidas como verdad absoluta. Como removiendo la tierra para sembrar las semillas de algo nuevo.

Pero este año hemos visto resurgir, impúdicamente, los decadentes rasgos de civilizaciones que creímos ver morir –autoritarismos, racismos, fundamentalismos y machismos retrógrados- y signos de una deshumanización que se traslada a las relaciones entre las personas y a las decisiones que se reclaman –y se toman- en distintos campos. El fascismo se rearma y expresa como tendencia global, en distintos países y en todos los continentes.

Con acciones como #YoTeCreo –iniciativa que, en honor a la verdad, puso en marcha la Asociación de Mujeres de Guatemala, por primera vez en el año 2016-, la eclosión del movimiento #MeToo, o campañas que reivindican que #TodassomosJuana-Laura- y la "verdadera Manada", se ha logrado romper un “umbral de tolerancia”, lo cual no deja de ser revolucionario. Primero, porque miles de mujeres han visto que no están solas y han enfrentado el dolor y lo que lo produce. Y también porque, abierto el dique, hay quienes ya no van a callar ante la violencia y van a hacer frente al machismo.

Las mujeres no callan. Y cabe mencionar a las comunicadoras, no por corporativismo –con el que no nos identificamos, ni tampoco compartimos-, sino porque se exponen mucho, reciben innumerables ataques, y a la vez, su voz es decisiva para denunciar las violencias machistas. Recientemente Pikara Magazine presentaba un informe que acredita el acoso -’Las violencias de género en línea’- y que ofrece propuestas colectivas ante los ataques. Pocos días después, el Teatro del Barrio acogía la presentación #CuéntaloEnDatos, una iniciativa de la periodista Cristina Fallarás que obtuvo 2,7 millones de tuits y 160.000 narraciones originales de mujeres que sufren o sufrieron agresiones, violaciones, acosos o asesinatos a manos del machismo.

Son muchas las defensoras de derechos humanos, las activistas y las comunicadoras en el mundo que sufren de manera constante acoso en redes sociales, lo que coarta su participación en este espacio de debate público. Quieren callarlas. Pero eso es como tratar de poner puertas al campo. El mundo está ya interconectado. Las mujeres también. Fuimos conscientes de ello el pasado 8 de marzo, en una movilización histórica: masiva, desbordante, alegre, diversa, revolucionaria.

En ese soplo esperanzador la participación de las más jóvenes que, por cierto, son las más discriminadas en este sistema económico, político y social, fue fundamental.

Se atrevieron a plantear una Huelga de Mujeres, que transcendía el ámbito tradicional de las huelgas hasta ahora planteadas, el laboral, para llegar a los cuidados, al estudio y al consumo. Aprendiendo mientras hacían, dieron una lección al mundo: construyendo propuestas radicalmente diferentes, cuestionando las políticas laborales y el modelo de producción, el ideal de belleza y su tiranía sobre las mentes y cuerpos, los modelos hegemónicos de sentir y vivir la sexualidad, las identidades y la influencia del consumismo en el ideal de felicidad. Y a la vez proponiendo nuevos estilos de vida: con las personas en el centro, cuidadosas con el planeta, tolerantes y diversas en modelos y formas de expresión. No es un debate ni una postura completamente nueva, hay generaciones de feministas que han hecho muchos aportes en esa dirección, pero las jóvenes están sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos. Un logro del 8M 2018 es que tuvo un carácter intergeneracional.

Con el cambio de Gobierno –qué bueno el porcentaje de ministras o contar con feministas como Soledad Murillo o Silvia Buabent como responsables de instituciones fundamentales para el fomento de la igualdad-, avanzamos un poco hacia la implementación de ese Pacto de Estado contra la violencia de género que el año pasado prometía mucho, pero que todavía ha dado tan poco. Y se abrió el debate: feminista sí, feminista no.

Los debates son buenos. Pensar, argumentar, profundizar, equivocarse, rectificar, incorporar, llegar a acuerdos y a desacuerdos es sano. El problema es que a menudo las ilógicas dinámicas en las que vivimos nos absorben y no salimos de la dialéctica presión de los opuestos, de la ausencia de matices, del conmigo o contra mí, de la negación del cambio, de la afirmación de las propias contradicciones, de los interesados reduccionismos que nos arrinconan y aíslan. Ese es tal vez el mayor reto: ser capaces de vivir en la inestabilidad que genera la comunicación verdadera y experimentar que es posible ser firme y flexible, claras y tolerantes a la vez. Ojo con Twitter y Facebook, nos ayudan mucho, pero, como bien dice June Fernández, también “son espacios que promueven la polarización, la endogamia, el cabreo, y las opiniones categóricas frente a la duda y la escucha”. Es posible hablar de prostitución, de vientres de alquiler, de economías, de identidades, sin estar de acuerdo, pero sin excluirse. Recomendamos la lectura del dossier "La urgencia de los matices" de La Marea.

No podemos dejar de mencionar un debate que la realidad nos ha impuesto: la inmigración. Un debate que se acomete muchas veces sin rigor: con cifras falsas, sin perspectiva histórica, sin el coraje y la humanidad necesaria para reconocer la vergüenza de unas políticas migratorias que, además de inmorales, son ineficaces. Es un debate que nos obliga a salir de la tibieza y la falsa estabilidad, a priorizar y, por tanto, nos conduce a dibujarnos como civilización. Incluso dentro del Feminismo, es imprescindible revisar las fronteras e incluir las realidades de estas otras hermanas. Estamos lejos de teclear en masa #TodassomostemporerasdeHuelva. Nos cuesta reivindicar con contundencia la ratificación del 189 de la OIT, que equipararía los derechos de las trabajadoras domésticas, un sector formado fundamentalmente por mujeres inmigrantes, al resto de personas trabajadoras. Y la fosa común en la que se ha convertido el Mediterráneo, donde yacen miles de mujeres que huyen de la pobreza y miles de hijos e hijas de mujeres, es un abismo sobre el que se sostienen ciertos privilegios que todavía no hemos logrado saltar. Obviamos que muchas mujeres que logran cruzar cielos y fronteras han convertido la violencia sexual en una estrategia de lucha, como bien explica Helena Maleno, -perseguida por salvar vidas-, que las refugiadas que esperan nuestra solidaridad en campos inhumanos utilizan pañales por las noches para no tener que ir al baño ante el riesgo de ser violadas o que las niñas son vendidas en las fronteras para contraer matrimonio con señores mayores a cambio de dinero para sus familias.

Hay organizaciones trabajando mucho y bien. Hay personas que construyen. Hacerlo en un mundo de éxitos efímeros, que da credibilidad y volumen al oportunismo, es para celebrar. Por ello nuestras fuentes siempre son quienes luchan contra la justicia patriarcal, contra la utilización del dolor para pedir que aumenten las penas y se justifique la venganza, contra la normalización del maltrato cotidiano, la discriminación y la violencia. Son quienes construyen otros modelos de hacer. Las que apuestan por la sororidad y la coherencia, como las compañeras que lograron sacar adelante la financiación del proyecto ‘Por Todas’, con Magda Bandera a la cabeza, con el que pretenden hacer un seguimiento en profundidad de los asesinatos de 55 mujeres por violencia de género en 2014 y explicar la dimensión estructural de esta violencia.

Gracias a nuestras fuentes. A nuestras lectoras. A nuestras colaboradoras. A las estudiantes que participan en los talleres que AMECO impulsa desde su Escuela de Comunicación de Género e Inclusiva y a quienes hacen prácticas en AmecoPress. A quienes trabajan para que este proyecto se sostenga y fortalezca. A nuestras lectoras. A las que no están. Gracias a todas.

Nos vemos en el 2019. Tal vez sea un buen momento para reflexionar, para escuchar y aclarar propósitos vitales.

Foto: AmecoPress, cedida por Pablo de Pedro

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Opinión – Medios de Comunicación – Comunicación y género – Feminismo – Movimiento Feminista. 20 dic. 18. AmecoPress.




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