Martes, 18 de diciembre de 2018.

Reportajes

Así te trata la industria del libro cuando eres mujer

Brecha salarial, techo de cristal, precariedad, soledad, invisibilidad y desigualdad conforman el día a día de las mujeres que trabajan en el sector editorial

Cultura, Sociedad, Libros, Voces de mujeres, Feminismo, Teoría feminista, Movimiento feminista, 8 Marzo, Empoderamiento, Situación social de las mujeres, Empleo y género, Conciliación, Empresarias, Brecha salarial, Paridad, Madrid, Jueves 14 de junio de 2018, por Marián Gómez


Madrid, 14 jun. 18. AmecoPress.- Desde hace 11 años tenemos una Ley de Igualdad de Género en España que no se aplica. Cada vez son más las campañas que están surgiendo como señal de hartazgo hacia la desigualdad: en el sector fotográfico, en el ámbito académico y por supuesto en la industria del libro, un sector ya precario de por sí, pero aún más para las mujeres que lo integran.

“Todo surgió días antes del 8M, cuando al ver que compañeras periodistas se unían, pensamos, ¿por qué no hacemos nosotras lo mismo?”, explica Sheila Mateos, librera de Muga y una de las integrantes del colectivo Mujeres del Libro, una iniciativa para visibilizar el papel de la mujer en la industria editorial, y hacer frente a los problemas del sector mediante la unión.

Tenían las ideas tan claras que Patricia Escalona creó el manifiesto en un momento, tan solo había que plasmar las conversaciones que ya habían tenido en reiteradas ocasiones sobre su situación: brecha salarial, techo de cristal, precariedad, soledad, invisibilidad, acoso sexual y laboral.

En un principio, la iniciativa se iba a quedar en un acto simbólico, pero la gran acogida que recibió el manifiesto y la llegada de múltiples mujeres con ganas de trabajar para cambiarlo todo, las impulsó a seguir.

La 77º edición de la Feria del libro de Madrid ha recibido un total de 2,2 millones de visitas. De estos paseos por las casetas del Retiro, el 64% han sido de mujeres y el 36% de hombres, sumando un total de 8,2 millones de euros en ventas.

Este año, la Feria ha tenido voz y rostro de mujer; la artista y activista feminista Paula Bonet ha sido la encargada de ilustrar el cartel para reivindicar a la mujer en la literatura como sujeto universal; Chimamanda Ngozi vomita lirios al igual que Sara Herera Peralta los vomita en sus poemas.

Junto a ellas, los cuervos que salen de un poema de Elena Medel o los gorriones que vuelan de las palabras de Emily Dickinson han brotado libremente por El retiro.

Por su parte, el colectivo Mujeres del Libro ha encontrado en la Feria el mejor altavoz para contar los problemas con los que conviven las mujeres que trabajan en la industria del libro.

“Las cosas son así y queremos cambiarlas”: En lucha por la transparencia de datos

No se puede cambiar una realidad sin nombrarla, sin demostrarla, sin ponerla en evidencia mediante datos. Este es el principal problema con el que se han topado las mujeres que trabajan en el sector; la desigualdad para ellas es obvia, puesto que trabajan conjuntamente y se rodean las unas de las otras. “El problema está cuando subes a los despachos y la mayoría son hombres” cuenta Sheila Mateos en una de las mesas redondas de Mujeres del Libro.

Uno de los primeros objetivos del colectivo es eliminar la brecha exigiendo transparencia salarial, conocer la verdadera situación de las mujeres en la industria y empezar a poner nombre y cifras reales a la desigualdad.

“Nosotras sabemos que en el mundo del libro somos mayoría, no porque existan estadísticas, sino porque hablamos entre nosotras”. Por eso la transparencia se ha convertido en la principal lucha del colectivo. Nos explican que los datos son la mejor arma para demostrar la realidad, y que si no existen recopilados es precisamente porque no les conviene a quienes ostentan el poder.

Francia es uno de los referentes a la hora de hablar de transparencia: es un país donde cada año se publica un informe anual que contiene un cuadro con todas las categorías laborales dentro del sector editorial, qué cobran los hombres y qué cobran las mujeres, “Algo que a simple vista parece claro, fácil y evidente, pero que en España todavía no se ha conseguido”, afirma Mireia Lite, una de las editoras de Lince ediciones, del grupo Malpaso.

La meta de conseguir datos está siendo la más tediosa en esta carrera por la igualdad. Es complicado por el hecho de que gran parte de las trabajadoras son autónomas, no forman parte de la plantilla y es un sector muy desigual en el que hay dos grandes grupos que cuentan con cientos de trabajadores, en contraposición de las pequeñas editoriales en las que una o dos personas copan todas las líneas del cuadro que quieren representar.

Por esto, finalmente optaron por atajar el camino poniéndose en contacto con Francia y ya están a la espera de conseguir el cuestionario que allí pasan a cada editorial, coordinado por un sindicato de editores.

En cuanto a España, el Observatorio del Libro hace un informe exhaustivo que publica cada dos años, pero este no refleja nada con respecto a las especificidades laborales de la mujer. “Necesitamos la ayuda de un organismo dotado de múltiples herramientas, porque nosotras podemos ser la punta de lanza, pero no podemos ganar la batalla solas”, el colectivo reconoce que el cambio de Gobierno ha supuesto una ventana de optimismo para el grupo.

Es necesario crear genealogía: la Biblioteca de Mujeres

Ana María Matute decía que nunca se hubiera presentado al Premio Nadal si en su momento no lo hubiera ganado Carmen Laforet con Nada. Lo cierto es que hoy en día las mujeres solo ganan el 20% de los premios literarios de este país, según datos del’ Observatori Cultural de Gènere. El porcentaje roza la paridad tan solo en la categoría de narrativa infantil y juvenil.

Otro de los grandes desafíos para las mujeres de la industria es hacer visible una épica de creación femenina que ha sido silenciada. “Se trata de crear referentes, crear genealogía, crear modelos, crear maestras, tener siempre puntos de referencia” dice Pilar Rubio, editora y fundadora de La Línea del Horizonte Factory.

En este ardor de visibilizar a las mujeres, uno de los objetivos clave del colectivo es el trabajo que están llevando a cabo con la Biblioteca de Mujeres, un proyecto de Marisa Mediavilla Herreros que nace en 1985 para dejar testimonio de la aportación de las mujeres a la sociedad, esa historia nunca contada y mantenida en el silencio.

Su fondo reúne más de 30.000 volúmenes, compuesto por estudios y ensayos feministas, femeninos e incluso misóginos. Contiene obras desde el S. XVIII, hasta el S. XX; la mayoría están descatalogadas y algunos de los documentos son imposibles de conseguir hoy día.

Sin embargo, “por razones de gestión política la biblioteca no dispone de un espacio físico en el que poder consultarla, para ello hay que llevar a cabo una serie de trámites bastante complicados” explica Miren Elorduy, librera de profesión, que junto con el colectivo ha iniciado la campaña “Un espacio propio para las mujeres” con el fin de poner a disposición de todo el mundo la cultura y el saber que las mujeres hemos elaborado a lo largo de la Historia.

“El problema que estamos encontrando en este camino es que desde el lado político lo están entendiendo como una cuestión de agenda política”, lamenta Miren, que se adentró en el feminismo cuando empezó la carrera de Historia y nadie le hablaba de mujeres.

Eliminar la escolarización en el patriarcado es otra de las líneas de trabajo pendiente para Mujeres del Libro. El colectivo pretende trabajar mano a mano con las editoras de libros de texto, quienes han tenido problemas para participar en las mesas redondas por miedo a represalias en el trabajo.

Desde su experiencia como profesora, Belén cuenta que cuando intenta enseñar autoras femeninas o feministas en sus clases, los padres son los primeros reticentes. Algo que deja en evidencia la barrera no solo institucional, sino también social que hay en el sector educativo; el caldo de cultivo para el futuro.

Obligar a las bibliotecas a cumplir con la Ley de Igualdad es algo que nos atañe a toda la sociedad, ya no solo desde el punto de vista laboral (en el que la mayoría de mujeres son auxiliares), sino también desde la perspectiva de los contenidos.

Esto es algo que ya tenía muy claro el Colectivo de la Librería de Mujeres de Milán cuando publicaron `No creas tener derechos´, un libro en el que explican como el poder, la tradición, los medios materiales y simbólicos se inclinan hacia un solo lado (es innecesario decir cual). "Pero en favor de la mujer subsiste, indestructible, el hecho de que una mujer no puede no saber la diferencia humana de haber nacido mujer. El problema está en conjugar este saber de la dualidad sexuada con los grandes proyectos humanos" reza el texto del colectivo.

Es difícil incluso hacerse una idea de lo necesarias que son las relaciones de apoyo entre mujeres, porque en la cultura recibida se han conservado algunos productos de origen femenino, pero no su matiz simbólico, sino como productos re-generados por un pensamiento masculino.

Belén puso una protesta personal por la presencia de una obra misógina en una biblioteca. Consideraba que en un espacio público no tiene cabida un libro que habla de dictadura de género, denuncias falsas o de violencia irreal. A día de hoy ese libro sigue ocupando una estantería al alcance de cualquier persona, pues como diría Virginia Woolf; “Que una mujer haya maldecido una biblioteca famosa es algo que a una biblioteca famosa le deja del todo indiferente”.

Una de las medidas concretas que proponen desde el colectivo para hacer cumplir La Ley de Igualdad es la retirada de subvenciones públicas a las empresas editoriales que no faciliten sus datos.

Literatura feminista: ¿una moda pasajera?

Las mujeres leen más. Según la última edición del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, el 67,9% de las mujeres leen libros, frente al 63,6% de los hombres. Esto supone que no nos sentimos representadas en el 80% de los libros y aún así los leemos, algo que no ocurre a la inversa, ya que como cuentan las libreras; “cuesta mucho más que un hombre lea algo escrito por una mujer porque no se siente representado”.

Cuando a Miren le dicen que la literatura feminista está de moda y que se van a disparar las ventas, su respuesta siempre es la misma: si fuera mi intención venderlo todo, no sería librera feminista.

“Me han llamado excluyente, me han llamado misógina, me han llamado machista, y de hecho este año que se supone que más de moda estamos, es cuando más violencia estamos recibiendo en la caseta” afirma la librera de Mujeres & Compañía.

Las librerías feministas manejan menos del 20% de todo el mercado editorial y el único empeño de libreras como Miren es recordar que las mujeres existen.

Si Virginia Woolf asistiera hoy a una biblioteca para ofrecernos "unas pepitas de verdad" sobre las mujeres y la novela, no le habrían ardido de ira tanto las mejillas al toparse con el trabajo de mujeres como Marisa Mediavilla o de todas aquellas mujeres que se han unido bajo una necesidad moral y universal comoMujeres del Libro.

Probablemente nos diría que sigue aborreciendo la capacidad que tiene la vida para dividir, o que todavía hay demasiados profesores, maestros, novelistas, ensayistas y periodistas que no tienen más cualificación que la de no ser mujer.

Lo más seguro es que ella siguiera rogándonos que recordemos nuestras responsabilidades, que seamos más elevadas, que amemos nuestra sutileza, nuestra falta de convencionalidad y sobre todo; que jamás olvidemos la influencia que podemos ejercer en el futuro para no postergar más este terrible desorden causado por el dominio de un sexo sobre el otro.

Fotos: Archivo AmecoPress

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