Viernes, 14 de diciembre de 2018.

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La mediación intercultural, una profesión "indispensable y no reconocida"

La Unión de Asociaciones Familiares reivindica la importancia de este trabajo que une culturas y personas

Estado Español, Sociedad, Mujeres inmigrantes, Derechos humanos, Ablación, Madrid, Martes 29 de mayo de 2018, por Laura Campillo Sánchez


Madrid, 29 may. 18. AmecoPress.- En el corazón de Lavapiés, donde conviven más de 80 nacionalidades distintas, ha tenido lugar este martes un encuentro para debatir acerca de la importante labor que realizan los mediadores y mediadoras interculturales, aquellas personas que hacen de nexo entre dos contextos culturales distintos y entre idiomas diferentes, ayudando a ambas partes a entender y respetar la forma de ver la vida al otro lado de la frontera.

La iniciativa de esta charla estuvo a cargo de la Unión de la Asociaciones Familiares, representada por Luisa Antolín y Mª Ángeles Rodríguez, quienes reunieron en el Casino de la Reina a mediadoras y mediadores de distintas nacionalidades para que contaran sus experiencias y reivindicaran la visibilidad y presencia de su profesión en todos los ámbitos.

Y es que la labor de estas personas se confunde con frecuencia con la de los intérpretes, que se limitan a traducir literalmente las palabras de una conversación, pero su aportación es mucho mayor. “Se trata de profesionales que conocen y tienen asimiladas dos culturas, y ayudan a conectar las diferencias que existen entre ellas, actuando como nexo”, explica Kaoutar Stouti, la representante del Proyecto IntegraCentro.

La mediación intercultural supone un apoyo, un punto de confianza para aquellas personas inmigrantes que no conocen las costumbres, el idioma y la estructuración del país al que ha llegado. Pero también aporta a la persona nativa que va a comunicarse con la población recién llegada sin conocer su cultura y, en muchas ocasiones, con una idea estereotipada de sus comunidades. Desde el desconocimiento no se puede iniciar una relación o una comunicación, “no puede ser que en estructuras judiciales, policiales, sanitarias o sociales no haya ninguna persona que hable tu idioma, ni sepan cómo es tu comunidad o cómo moverse en ese ámbito”, reclama Stouti.

El reconocimiento de una profesión

El principal reclamo de las personas que se dedican a esta labor es que se asuma como una profesión imprescindible en cualquier ámbito, tan extendida como la presencia de la población inmigrante en la sociedad, ya que su labor forma parte de los derechos humanos más elementales.

Podemos observarlo en el ámbito sanitario. Martina Corral es una mediadora especializada en salud y forma parte de todo un equipo de trabajadores en el hospital madrileño Ramón y Cajal. Allí, existe una unidad dedicada especialmente a medicina tropical y cada día recibe a decenas de pacientes que no hablan español. “Damos acompañamiento durante las consultas médicas, o cuando tienen que realizarse pruebas, pedir citas…”, detalla.

Su trabajo no consiste simplemente en traducir el diagnóstico, sino en advertir que la persona que acude a esta unidad proviene de una cultura en la que solo se va al hospital en situaciones de riesgo mortal y quizá no comprenda por qué se piden determinadas pruebas o por qué se les ingresa. “Pueden creer que es algo de vida o muerte y asustarse, por eso es importante comunicarnos, ayudarles a entenderlo. También hablar con el personal médico y aclararles qué puntos son delicados para el paciente, qué aspectos creemos que no ha comprendido del todo, etc”, cuenta Corral.

Por este motivo, la presencia de mediadores interculturales en lugares públicos como un hospital garantizan el cumplimiento de los derechos básicos de las personas. Y es que se corren peligros al recurrir a traductores sin formación o no profesionales. Pueden transmitir información errónea a los y las pacientes o evitar temas delicados o tabúes de la otra cultura.

Un nexo entre dos orillas

Romeo Gbaguidi empezó su formación en mediación hace 13 años, como acompañante en Cruz Roja. En un comienzo, su labor era simplemente la de interactuar con las personas recién llegadas que necesitaban a alguien de confianza para comunicarse con la institución. Para él esta profesión no es solo una forma de resolver conflictos, sino una manera de “dar la oportunidad a las personas de que se integren en la sociedad antes de que estos conflictos se produzcan”.

Por este motivo, Gbaguidi distingue tres funciones en su trabajo: la preventiva, porque “no hay que esperar siempre a que ocurra algo para tener que intervenir”, la resolutiva, “hay que utilizar las herramientas que hemos aprendido de las diferentes culturas para solucionar las situaciones concretas” y la creativa, porque “tenemos que tener presente que podemos transformar las normas existentes para poder adaptarlas a la realidad en la que estamos trabajando. Jornadas como esta permiten reclamar nuevas normas, como la profesionalización de la mediación”. En este sentido, Gbaguidi critica que en España no exista una escuela mediadora para estudiar esta labor, como sí sucede en Francia o Bélgica.

Especializado en entornos comunitarios, este mediador intercultural ha trabajado formando a población migrante para que se desarrolle en esta profesión en un futuro, “o al menos tenga las herramientas para poder hacerlo y transmitir en su comunidad ciertos valores, actuando como puente”.

Mutilación genital femenina

Uno de los aspectos más controvertidos a los que se enfrentan los mediadores y las mediadoras es el tratamiento de la mutilación genital femenina, una práctica que está reconocida como una violación de derechos humanos y una forma de violencia de género, pero que se practica en más de 30 países. Más de 200 millones de mujeres y niñas la han sufrido.

Este fue el motivo por el que Ibrahim Bah se hizo mediador intercultural. Desde siempre había observado que esta práctica era algo normal en su país, aunque siempre la miró con algo de rechazo, pero cuando emigró y se acercó el momento de hacérsela a su hija, Ibrahim comenzó a investigar por qué en España era rechazada. “Empecé a buscar y a hacer preguntas, y me di cuenta de que no era compatible con la vida si hacía sufrir a las mujeres”.

En los conocidos como “foros de hombres”, Romeo Gbaguidi incluía como parte de la pedagogía para ser mediador intercultural la cuestión de la mutilación genital femenina, intentando sensibilizar a los varones sobre lo inhumano de esta tradición.

Asha Ismail es miembro de Save a Girl, Save a Generation, y se dedica especialmente a hacer comprender al funcionariado y las instituciones por qué se realizan estas prácticas y de qué forma deben ser tratadas las mujeres y niñas que la han padecido. “El decir: ‘pobrecillas, hay que ayudarlas…’ aunque se diga con buena intención, coloca a esas personas en una situación de partida inferior. No somos víctimas, somos supervivientes, y venimos a enseñar lo que hay para que no os confundáis”, reclama.

En una breve guía para la intervención en casos de mutilación genital femenina, la Unión de Asociaciones Familiares recomienda a los mediadores y mediadoras interculturales abordar con naturalidad estos temas, escuchar los argumentos de ambas partes activamente y tener en cuenta la presión familiar que existe en estos casos. Motiva a incluir en las conversaciones argumentos médicos, consecuencias positivas de evitar la MGF en las niñas, mujeres y parejas, consecuencias legales… de tal forma que sea la propia familia la que llegue a la conclusión de que no quiere realizar la mutilación.

Traducir no significa comprender

La mesa de debate organizada por la UNAF dejó claro que con traducir palabras no basta para que se produzca una comunicación completa. Xirou Xiao actúa como mediadora entre la cultura china y la española, y asegura que su población de origen no entiende cómo funcionan muchas estructuras de nuestro país. “No comprenden qué es un trabajador social, piensan incluso que son policías. Van a este tipo de servicios sociales por obligación, y allí se encuentran con que el personal no entiende que tengan un punto de vista diferente de lo que es ‘derecho’ o ‘democracia’”.

La cultura también afecta a las formas de relacionarse, de expresar los sentimientos y las emociones o de trabajar y educarse. Es lo que Xirou ilustró con un ejemplo que vivió en primera persona mientras traducía lo que hablaban un trabajador social y una anciana china. “El chico la decía que tenía que encontrar espacios propios y dedicarles tiempo, y yo veía que, aunque yo tradujese literalmente estas palabras, ella no las comprendía. En China no hablamos así. Tienes que ser tú la que le explique: ‘se refiere a que te ames más a ti misma’, y así lo entenderá mejor”.

"Algunas veces la funcionaria te dice: ’Has hablado mucho y yo solo he preguntado una cosa, ¿qué le has dicho?’ No comprenden que no traduzco literalmente lo que dice, sino que explico con palabras que la otra persona pueda entender qué se le está preguntando. No deberían considerarnos como un comodín, debería ser una profesión más que esté presente en todos los sectores con población migrante", zanja Asha.

Foto: Archivo AmecoPress.
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Estado Español – Sociedad – Mujeres migrantes – Ablación – Derechos humanos. 29 may. 18. AmecoPress




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