Lunes, 18 de diciembre de 2017.

Entrevistas
Cuando acabó Medicina se fue lo más lejos de su padre, un reputado reumatólogo mexicano, para tener independencia en su carrera

Marta Alarcón, la científica a la que dijeron que Marie Curie era una mala madre

Doctorada en Suecia se especializó en genética de enfermedades autoinmunes. Ahora dirige desde Granada un proyecto de investigación financiado con casi 23 millones de euros

Estado Español, Salud, Ciencia y tecnología, Madrid, Agencias, Martes 14 de febrero de 2017, por Olivia Carballar


Madrid, 14 feb. 17. AmecoPress.- La Marea.- Cuando un profesor de Histología le preguntó por el personaje científico que más admiraba, ella contestó: Marie Curie. “Esa es una mala madre, me dijo, y me desarmó totalmente”, recuerda muchos años más tarde Marta Alarcón (Rochester, Minnesota, EEUU, 1962), aún consternada. Cuando acabó Medicina, decidió marcharse lo más lejos posible de su padre, un reputado reumatólogo mexicano, para tener independencia en su carrera. Realizó su doctorado al otro lado del Atlántico, en la cuna de los Nobel, en Suecia. De allí, tras especializarse en genética de enfermedades autoinmunes como el lupus, se trasladó a España.

Y aquí, en Granada, desde el Centro de Genómica e Investigación Oncológica de la Fundación Pública Andaluza Progreso y Salud, dirige un proyecto de investigación financiado con casi 23 millones de euros y en el que participan 28 entidades públicas y privadas de 12 países diferentes.

“Cuando llegaban pacientes nuevos y mi padre les diagnosticaba lupus se iban corriendo a EEUU si tenían dinero. No se sabía qué era aquello. Hoy sí. Por eso es tan importante la investigación y ponerse en los zapatos de los demás, para entenderlos, respetarlos y avanzar”, afirma Alarcón, con una agenda tan abultada que esta entrevista fue realizada siete meses después de su solicitud.

El proyecto, denominado Precisesads, comenzó en 2014 y tiene una duración de cinco años para crear un mapa molecular que pueda servir de base al desarro de nuevos tratamientos para este tipo de enfermedades, caracterizadas por una disfunción del sistema inmunitario que ataca a más de un órgano y afecta a un 5% de la población.

“Las asociaciones están haciendo un gran esfuerzo. Por ejemplo, los pacientes con lupus son muy sensibles a la luz solar, la enfermedad se despierta con el sol y quieren que las cremas solares estén cubiertas por el sistema de salud. Son luchas que hay que escuchar. La vida les cambia totalmente en el momento que tienen un diagnóstico”.

En su despacho hay mucha literatura científica, pero también un libro que le ha llegado al corazón y que ha regalado a todo su equipo: La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. “Me encanta cómo escribe y para mí fue muy importante al tratar sobre Marie Curie”, añade. Ahora está leyendo otro de la misma autora: La carne.

¿Cuál es el objetivo del proyecto de investigación?

Estudiar las enfermedades autoinmunes sistémicas para reclasificarlas. Son relativamente raras, afectan con mayor frecuencia a las mujeres más o menos en la edad media y suelen tener una base patológica similar. Cuando utilizamos los criterios clínicos para diagnosticar a estas pacientes, muchas de ellas no cumplen los criterios o el diagnóstico se retrasa mucho tiempo. La idea es, por tanto, que con nuevos métodos moleculares y celulares hagamos una reagrupación para la que tenemos que encontrar unos parámetros. Es decir, crearemos una nueva reagrupación de pacientes, lo cual puede tener implicaciones clínicas importantes.

¿Por qué se da más en mujeres?

Se ha hablado durante mucho tiempo sobre las hormonas femeninas, pero no hay pruebas fehacientes de que sea así. Sí existen diferencias después del periodo menstrual. En la edad pediátrica la enfermedad se iguala un poquito. La diferencia se hace más marcada en la edad adulta. También existen síndromes, como el de Klinefelter, que es una anormalidad cromosómica relativamente frecuente, donde hay hombres que tienen un cromosoma extra X que pasa desapercibido clínicamente y, sin embargo, muchos pacientes masculinos con lupus tienen este cromosoma extra. Por tanto, el riesgo de padecer lupus se iguala con el de las mujeres en hombres que tienen ese cromosoma X extra.

Que afecte más a mujeres ¿supone que se investigue menos?

No creo que sea tanto así. La artritis reumatoide afecta más a mujeres y se estudia más que el lupus porque es más frecuente en la población europea. También se estudia más el cáncer de mama que el lupus, a pesar de que el lupus tiene un impacto socioeconómico muy importante. Las personas con lupus muchas veces pueden tener abortos espontáneos, morir de trombosis, de enfermedad renal, cardiovascular… y es una enfermedad crónica que requiere de un seguimiento frecuente, al menos cada seis meses el resto de la vida.

¿Qué supone para esos pacientes que no se investigue?

Seguirían sin diagnóstico fehaciente. Hay un grupo de pacientes bastante grande a los que llamamos indiferenciados, que no tienen un diagnóstico. Quizá serían tratados con los típicos corticosteroides, que tienen efectos secundarios muy importantes a largo plazo. Algunas de estas pacientes pueden llegar a desarrollar algunas de las enfermedades, pero no todas. Muchas pueden quedar en manifestaciones que les están molestando durante mucho tiempo, como la apatía, el cansancio… y no sabes realmente por qué. Eso es lo que estamos tratando de encontrar. Por un lado, qué relación tienen esos pacientes con los que sí han sido diagnosticados y encontrar los marcadores que nos ayuden a agruparlos. Y esos marcadores también nos hablan de forma más concreta sobre un determinado tratamiento, que eso es otro problema, la respuesta al tratamiento y la falta de tratamiento.

¿En qué momento se encuentra el proyecto?

Va avanzando bastante bien. Hemos reclutado la primera fase de pacientes. Estamos procesando las muestras, realizando análisis preliminares y esperamos tener resultados el próximo año, que nos van a dar muchos frutos. Yo estoy tremendamente emocionada y motivada. Lo mejor es que es un proyecto que se mueve junto, donde todos los implicados estamos trabajando hacia el mismo objetivo, muy coordinado.

¿Cómo el sistema inmune puede atacar al propio cuerpo?

La palabra autoinmunidad fue acuñada el siglo pasado por el doctor Paul Ehrlich, padre de la inmunología y Nobel que, como Marie Curie, era polaco.Él lo llamó el horror autotóxico porque lo que veía era que las proteínas que produce el sistema inmunológico llamados anticuerpos reaccionaban contra las moléculas del propio cuerpo. En el lupus, los anticuerpos antinucleares son una variedad de anticuerpos que actúan contra ácidos nucléicos propios o proteínas del núcleo. Tras ello existe una parte ambiental, es decir, las respuestas que tenemos en un momento dado a virus o bacterias no son respuestas óptimas en individuos que tienen sensibilidad para esas enfermedades y eso hace que la célula muera, se desprenda el ADN y existan reacciones que lleven a un punto sin retorno. Estos pacientes muestran una evidencia de procesos antivirales muy intensos.

¿En qué medida es determinante esa intensidad?

No sabemos si son respuestas a virus específicos, probablemente no, o son respuestas a infecciones virales en general que llegan a un punto sin retorno por ser respuestas antivirales excesivas. No lo notamos hasta el día que estos individuos van al médico porque se sienten mal. Por ello es muy importante detectar los casos lo antes posible y evitar esos momentos de actividad de la enfermedad que empiezan a causar daño celular en los tejidos y que pueden llegar a ser irreversibles. A mi ver, son respuestas inmunológicas a infecciones. Muchos pacientes con lupus dicen que tuvieron un resfriado antes de que la enfermedad se activase, lo que quiere decir que o son susceptibles a tener esos resfriados o que los resfriados están detrás de que desarrollen la enfermedad cuando son susceptibles al lupus. Es casi un tema filosófico el de la tolerancia a lo propio o la intolerancia a lo ajeno.

¿Cómo puede afectar a la genética el cambio climático?

Más que el cambio climático, todo depende de a qué plazo lo veamos. Creo que nos tenemos que preocupar más por la contaminación ambiental, la que tenemos en la puerta de nuestras casas, autobuses viejos, mucha gente ni pasa la ITV con la crisis… Probablemente veamos un aumento de enfermedades cardiovasculares o pulmonares. Granada está bastante contaminada. Las motos, aunque sean un medio sencillo y relativamente barato, contaminan mucho, tanto por los gases como por el ruido y no se hace mucho al respecto.

¿Cuál es el principal problema que tiene la investigación?

Creo que es la continuidad de los investigadores jóvenes. Cuando vuelven a España tras su postdoctorado, es difícil tener una línea de carrera clara. No digo que se les dé una plaza permanente, pero sí una línea de carrera más clara, que sepan que cuando regresan pueden seguir una guía y que si trabajan bien van a tener tales posibilidades. Mucha gente es muy buena en el laboratorio y nosotros necesitamos a gente buena en el laboratorio sin estar teniendo que sacar 20.000 convocatorias. La investigación nos saldría más barata porque no estaríamos perdiendo tiempo ni dinero en hacer convocatorias a cada rato y mejoraría nuestra competitividad. Si tú entrenas a una persona necesitas poder continuar, pero siempre nos estamos topando con ‘ay, que ya se le termina el contrato’, ‘ay, cómo hacemos…’. Distraemos nuestras mentes, que tienen que estar en investigación y no en cuestiones administrativas. Tengo que reconocer que estos dos últimos años, las convocatorias están dando algo más de facilidad.

¿Qué diferencias hay a la hora de investigar en España con respecto a otros países de Europa?

No hay muchas en general. En Suecia, por ejemplo, también hay que hacer todas estas convocatorias públicas. Quizá la mayor diferencia sea la financiación, pero también hay una cuestión fundamental y es que tenemos que creer más en nosotros mismos y dar oportunidad a la gente joven de poder sentir que si trabaja duro va a tener una recompensa. Hacerles sentir que todo depende del esfuerzo de uno y no de una situación que te dice que no hay remedio, que no puedes hacer nada, que es ajeno a ti. España tiene a gente muy preparada. Yo estoy muy contenta y muy satisfecha con mi grupo de trabajo. Tenemos financiación en este momento. Pero a la vez tengo que estar pensando en qué va a pasar cuando esa financiación no esté. Hay proyectos que tienen una inversión muy grande y que se van a quedar ahí cuando acabe la inversión. Insisto. Hay necesidad de continuidad.

¿Los partidos están concienciados de esa necesidad?

Los partidos están pensando demasiado en sí mismos, pero eso es algo que está pasando en otras partes. Tienen que pensar más en que la investigación es el trabajo académico e intelectual que marca el futuro de la medicina y otras muchas cosas. ¿Queremos estar ahí o no? No hay un monopolio de la inteligencia y el saber no tiene nada que ver con que seamos de España, EEUU o Gran Bretaña, sino con la inversión que ponemos en ello y en nuestra juventud.

La Marea Roja sigue saliendo a la calle…

Muchos se han ido, hay que tratar de traerlos porque aprenden cosas fuera y nos quedamos sin esos aprendizajes… No obstante, también tienen que entender que cuando uno se va fuera a un lugar con mucho dinero, cuando vuelve las circunstancias no son las mismas. Yo trabajé muchos años en Suecia y no era fácil tampoco. Volver exige un esfuerzo muy grande, pero hay que ayudarlos.

¿Qué opina del machismo en la ciencia?

El mundo aún tiene un predominio de hombres en las esferas altas de todo, pero muchos de estos hombres de sesenta años o más tuvieron a sus esposas. Creo que la pregunta nos devuelve a la familia y al hogar. La respuesta está allí, la igualdad está en aceptar que ambas partes tienen una responsabilidad en la familia y la casa, 50%-50%. Las mujeres, dependiendo de su situación personal en el hogar, pueden ir o no avanzando y eso es lo que marca la diferencia. Conforme las mujeres vamos entrando en la esfera científica vamos siendo aceptadas. Es cuestión de que lo entendamos todos. No puede ser que las mujeres siempre sean las que se tienen que quedar con el niño enfermo en casa.

¿Y de la industria farmacéutica?

Qué te puedo decir. Desgraciadamente, al ser la industria la que hace los medicamentos y siendo empresas privadas, uno de sus principales fines es tener ganancias. Cuando ven que un medicamento no ha funcionado después de haberse tirado 10 o 15 años invirtiendo mucho dinero en ello y lo descartan, uno puede pensar muchas cosas, entre ellas que tal vez no era una buena idea descartarlo. La industria farmacéutica tiene que trabajar de forma más cercana con los investigadores, involucrarse mucho más porque esa interacción es muy productiva y se aprende mucho de un lado y de otro. Y es importante que la interacción sea profunda precisamente para que puedan darse cuenta de que a lo mejor su estrategia no es tan buena.

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Centro de Genómica e Investigación Oncológica (Genyo)

Foto: La investigadora Marta Alarcón. Fundación Andaluza Progreso y Salud.

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Estado Español – Ciencia y Tecnología – Salud. 14 feb. 17. AmecoPress.




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