Lunes, 18 de diciembre de 2017.

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Las ’mujeres de la limpieza’ escriben a los Reyes Magos

Opinión, Empleo y género, Trabajo doméstico, Madrid, Jueves 5 de enero de 2017, por Redacción AmecoPress


Madrid, 05 ene. 17. AmecoPress. A continuación reproducimos una Carta a los Reyes Magos elaborada a partir de los textos de la asociación SEDOAC y los colectivos Territorio Doméstico y Brujas Migrantes.

Queridos Reyes Magos,

Nosotras no sabemos qué es la Navidad. En estas fiestas nos ha tocado preparar la mesa de nuestros jefes, dejarlo todo listo en sus hogares. Hemos limpiado la casa, hecho la compra, planchado su ropa, cuidado de los mayores y pequeños, e incluso hemos cocinado el rico menú. Sin embargo nosotras no hemos podido compartir mesa con nuestros familiares porque no tenemos pagas extra, ni podemos disfrutar de tiempo libre. Nosotras no tenemos vacaciones, ni descanso. Y si tenemos unos días, son sin cobrar.

Se nos conoce como las chachas, las chicas, las mujeres de la limpieza. Antes éramos un lujo propio de la gente adinerada, pero ahora, con la crisis y la proliferación del multiempleo, nos hemos convertido en necesarias en muchas casas. Sus Majestades podrán imaginar lo que ocurre cuando el sueldo de una depende del sueldo de otros; cuando eres el final de la cadena.

En este año que empieza, nuestros deseos son nuestros derechos.

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1. Derecho al paro

En España, al menos un tercio de las empleadas domésticas trabajan en la economía sumergida, cobramos en negro. Pero, ¿sabían que las trabajadoras domésticas y de cuidados no tenemos derecho al paro?

En 2012, el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero aprobó la Ley de Empleadas de Hogar. Aunque supuso bastantes avances, a día de hoy la realidad sigue siendo inexplicable: ni siquiera las trabajadoras adscritas a esta ley, ni las que cotizan en la Seguridad Social, tienen derecho a la prestación por desempleo. Somos el único colectivo en España país que no lo tiene reconocido. ¿No se lo explican? Nosotras tampoco.

Deseamos tener la certeza de que cuando nuestra fuerza y vitalidad mengüen, una prestación digna nos ayudará a sobrellevar la carga de haber dejado a los nuestros para servir a otros. Si no se nos reconoce este derecho, estamos obligadas a aceptar trabajos precarios y olvidar nuestra salud.

2. Que nos vean como humanas

Aunque pongamos todas nuestras ganas y voluntad en el trabajo, somos de carne, hueso y un pelín de grasa. Necesitamos días de descanso y fiesta, pero la realidad es que la mayoría de las veces eso no se respeta.

"Nosotras somos tiempo"

El 90% de las trabajadoras domésticas y de cuidados somos mujeres, el 46,7% extranjeras, y el 41% trabajamos en régimen de internas. Esto significa estar disponible las 24 horas del día, y que ningún inspector de trabajo conozca nuestras condiciones, ya que no pueden entrar en domicilios privados.

3. Que España firme el convenio de la OIT

En 2013 la Organización Internacional del Trabajo elaboró el Convenio 189, que defiende que las empleadas de hogar tengan los mismos derechos laborales que cualquier otro trabajador, y que nuestro trabajo sea un "decente". Pero España aún no lo ha ratificado.

Para muchos expertos se trata de una anomalía, porque bastantes países de nuestro entorno, como Alemania, Bélgica, Suiza o Portugal, ya lo han firmado.
Además, en España somos muchas las que nos dedicamos a esta actividad: representamos el 3,4% de la población ocupada, unas 616.000 personas. Sólo Chipre supera esa cifra dentro de la UE.

De modo que en este país, donde somos tantas, el Estado es el primero que nos discrimina.

4. Vivir sin miedo

Al dejar nuestro país natal en busca de sueños y oportunidades no sabíamos que íbamos a ser perseguidas, mal vistas, tachadas de ilegales, indocumentadas, sin papeles y otros calificativos más duros. Queremos vivir sin miedo, que se legalice nuestra residencia en España. Queremos que se facilite nuestra regulación por arraigo laboral y social.

Vivir sin la documentación en regla nos hace más vulnerables, inseguras y nos prepara para ser más explotadas. Muchos jefes se aprovechan de esta situación y amenazan con denunicarnos sin nos quejamos de sus condiciones.
Les recordamos, Majestades, que casi el 80% de las trabajadoras internas somos migrantes.

5. Que nadie se apropie de nosotras

Nosotras somos tiempo. Muchas vemos en el trabajo de internas una forma de esclavitud moderna, que nos roba nuestras vidas y nos convierte en propiedad de aquellos que nos contratan.

Reivindicamos mecanismos de control e inspecciones de trabajo, tanto en las agencias como en los domicilios, que permitan saber que está ocurriendo realmente.

Muchas de nuestras tareas tienen riesgos para nuestra salud, así que queremos una cobertura sanitaria para las trabajadoras que no se encuentran en situación regular.

En la mayoría de casos las únicas empleadas en los hogares, estamos solas, así que tampoco podemos denunciar porque eso nos delata.

¡A veces nos obligan a hacer cosas tan peligrosas! En 2014 hubo 2.339 accidentes laborales de empleadas del hogar: 51 fueron graves y 5 fueron mortales.

6. Que valoren nuestro trabajo

Queremos que nuestros jefes se enteren de que ponemos todo nuestro corazón cuando arrullamos a niño, cuidamos a una anciana, limpiamos el traje de una mujer, cocinamos para unos cuantos adolescentes. Que se den cuenta que ponemos toda nuestra fuerza, energía y un poco de nuestra vida cada vez que acudimos a cumplir con nuestra labor.

Nos piden que seamos honradas, ágiles, eficientes, rápidas, bilingües y con buenas referencias. Lo cierto es que algunas de nosotras tuvimos profesiones prestigiosas en nuestro país, eso sorprende a nuestros empleadores.

Más allá de la vida que dejamos atrás, cada día hacemos de psicólogas, floristas, politólogas, periodistas, estilistas. Las empleadas de hogar y de cuidados gestionamos y mantenemos cotidianamente la vida, la salud y el bienestar emocional de muchas de las personas que cuidamos. Hacemos mucho más que limpiar: incidimos de manera determinante en la calidad y sostenimiento de nuestra sociedad.

Queridos Reyes Magos, ya nadie renuncia a nosotras, pero nuestros sueldos se mantienen o bajan, y nuestro trabajo van a más.

Quizá debamos volver a comprender que no somos esclavas, sino un lujo que hay que pagar.

Os pedimos que las empleadoras y los empleadores, piensen en esto. Que recuerden que sin nosotras no se mueve el mundo.

Foto: AmecoPress

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Opinión – Empleo y género –Trabajo doméstico; 05 enero. 17. AmecoPress




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