Lunes, 25 de septiembre de 2017.

Entrevistas
Entrevista a Azita Rafaat, activista afgana por los derechos de las mujeres

Azita Rafaat: “En Afganistán la violencia contra la mujer es endémica y estructural”

Ha participado en una conferencia promovida por la Asociación de Mujeres de Guatemala en Madrid y en visitas guiadas de la exposición Mujeres. Afganistán -con fotografías de Gervasio Sánchez- en el centro cultural Conde Duque

Exposiciones, Encuentros y Jornadas, Mujeres del mundo, Derechos humanos, Misoginia, Feminicidio, Madrid, Jueves 6 de octubre de 2016, por Gloria López


Madrid, 06 oct. 16. AmecoPress. Azita Rafaat es fuerte y habla claro. Indaga en la raíz de las cosas, apuesta por propuestas que aguanten el paso del tiempo y apela a una hermandad entre las mujeres del mundo. Lucha contra la violencia y a favor de los derechos de las mujeres. Azita ofreció una conferencia este miércoles a las 19.00 horas promovida por la Asociación de Mujeres de Guatemala en la Casa Encendida, en Madrid, y hace visitas guiadas el jueves y el viernes de la exposición Mujeres. Afganistán -con fotografías de Gervasio Sánchez- en el centro cultural Conde Duque. Ella es una de las afganas retratadas.

Azita Rafaat era una joven afgana que soñaba con estudiar medicina. Pero su padre la forzó a casarse con un primo hermano ocho años mayor que ella, analfabeto, y que ya tenía una primera esposa y una hija. Estuvo sometida a la violencia de un marido y una suegra que no le perdonaban no tener hijo varón. Tras dar a luz a cuatro niñas, Azita cortó el pelo a su hija más pequeña, la vistió de niño y le cambió el nombre.

En el año 2005, Azita, junto a otras 68 mujeres, llegó al parlamento afgano. Había decidido presentarse a las elecciones después de que un miembro del Gobierno la animara a ser candidata tras escucharla alzar la voz para defender los derechos de su comunidad. Toda la familia se trasladó a Kabul pero su marido puso condiciones: ella podría desarrollar su carrera política si asumía todos los costes de la casa y le pagaba al mes un sueldo de 500 dólares.

Ahora está en Suecia con sus cuatro hijas. Una periodista escribió un libro sobre ella, le invitaron a la presentación el 8 de marzo del año pasado y una vez allí, solicitó asilo. “Estamos bien y me alegro mucho sobre todo por mis hijas”, dice, “aunque echo mucho de menos mi actividad parlamentaria”.

A través de su trabajo en el ámbito político, Azita Rafaat siempre ha tratado de luchar por los derechos de las mujeres, dentro del estrecho margen en el que ha tenido que moverse, como les sucede al resto de las parlamentarias que, a pesar de contar con el reconocimiento público que les facilita el formar parte de ese 28 por ciento de mujeres parlamentarias que exige la ley en Afganistán, siguen estando coaccionadas y discriminadas en los ámbitos sociales y personales.

Tras la caída del régimen talibán en 2001, las mujeres recuperaron su derecho a participar en la vida política y su representación está garantizada por un sistema de cuotas que compromete al Parlamento y a los Consejos provinciales. “Sin embargo, no gozan de autonomía, ya que muchas parlamentarias afganas han sido elegidas para defender los intereses de los llamados señores de la guerra y también se ven obligadas a competir entre ellas”.

En Afganistán un hombre puede matar a su mujer y deshacerse del cuerpo sin que nadie pregunte por ella. Aunque según la Constitución afgana las mujeres y los hombres son iguales en derechos y a pesar de que desde 2003 Afganistán firmó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW, por sus siglas en inglés) o que desde 2002 existe el Ministerio de Asuntos de la Mujer y que en 2009 el Gobierno aprobó la Ley para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la violencia sexual, los crímenes en nombre del honor, la trata con fines de explotación, el matrimonio forzado, las agresiones físicas y psicológicas perpetradas por el cónyuge o por familiares y otras muchas violencias basada en el género impiden el ejercicio de la ciudadanía plena de las mujeres y, en demasiadas ocasiones, su supervivencia.

Este es el paisaje, agravado por las consecuencias de lo que no deja de ser una “guerra”. “En Afganistán la violencia contra la mujer es endémica y estructural” enfatiza Azita Rafaat. La falta de educación -un 80 por ciento de las mujeres son analfabetas-, la presión religiosa y de la tradición, se refleja en unas prácticas machistas transversales que dejan a las mujeres huérfanas de los derechos fundamentales inherentes a todo ser humano. Tampoco en Afganistán el machismo entiende de clases ni estatus social: lo sigue desde el campesino o el cabrero, hasta el médico, el abogado o el estudiante.

Ir a la raíz de los conflictos

Azita Rafaat sigue militando a favor de los derechos de las mujeres e insiste en ir a la raíz de los conflictos. “A veces, según Europa, parece que el mayor problema de las mujeres de mi cultura es el burka, pero ese no es el problema, yo misma hice mi primera campaña política con burka. ¿Qué pasa con el acceso a la educación, por ejemplo? Si no hay escuelas, las mujeres no pueden estudiar.” También hay que señalar las contradicciones: “contamos con leyes que nos protegen y supuestamente legitiman la igualdad entre hombres y mujeres, pero luego no se aplican, las mujeres no pueden ni salir a la calle solas”.

Además, la activista cree que es necesario plantear soluciones procesales, que contemplen varios pasos y sean permanentes a lo largo del tiempo. “Muchas veces las respuestas son coyunturales, se hace algo y quien viene después lo olvida, no lo tiene en cuenta: no se profundiza”.

A lo largo de su visita a España denunciará los distintos tipos de violencia que afectan a las mujeres en Afganistán. Y también, la impunidad que sostiene este tipo de delitos. “La realidad es que los fiscales y los tribunales no aplican las leyes. La corrupción y la impunidad mantienen esta situación de violencia hacia la mujer en Afganistán. Las leyes pueden ser buenas y progresistas, pero no se aplican y se dejan tras cerrar las puertas de los hogares”.

“Las mujeres del mundo debemos formar una hermandad”

Preguntamos a Azita si cree que el silencio y la indiferencia de occidente frente a estas situaciones contribuye a perpetuar la impunidad. “Sí, es evidente. Tras la caída del régimen talibán, las mujeres afganas recuperamos el derecho a participar en la vida política y pública del país. Pero estos avances no tienen su expresión en la vida real. La ONU ha hecho informes sobre la grave situación de la mujer afgana, pero la comunidad internacional mira para otro lado argumentando que son cosas propias de la cultura y tradición afgana”.

Ya en el exilio, Azita Rafaat se exige a sí misma un compromiso con sus hermanas, que viven una vida llena de dificultades y violencia. Cree que todas las mujeres del mundo deberíamos formar una hermandad y no olvidarnos de que el machismo está presente en todos los países y culturas.

Foto: AmecoPress;

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Sociedad – Mujeres del mundo – Feminicidio –Derechos humanos – Encuentros y jornadas; 06 octubre. 16. AmecoPress




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