Lunes, 24 de septiembre de 2018.

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Estudio "Voces tras los datos. Una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes"

La violencia de control y psicológica tiende a ser justificada por la adolescencia

Son los primeros pasos de una escala cíclica de maltrato

Estado Español, Las jóvenes, Violencia de género, Madrid, Martes 16 de febrero de 2016, por Laura Cadenas Sinovas


Madrid. 15 febrero.16. AmecoPress. El estudio “Voces tras los datos. Una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes” llevado a cabo por Carmen Ruiz Repullo, en colaboración con el Instituto Andaluz de la Mujer se encarga de analizar la violencia de género entre adolescentes. Tratando de ir más allá de los datos estadísticos, este estudio busca indagar en la raíz del problema para visibilizarlo y detectar las medidas preventivas necesarias.

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 La Macroencuesta española de Violencia contra la Mujer de 2015 señala que el 21 por ciento de mujeres menores de 25 años han sido víctimas de violencia de género, frente al 9 por ciento de las mujeres en general. A raíz de éste y otros estudios que destacan la elevada cifra de violencia machista entre mujeres jóvenes surge el trabajo de “Voces tras los datos”, el cual para analizar dicha problemática ha recurrido al Programa de Atención Psicológica a las Mujeres Menores de Edad Víctimas de Violencia de Género en Andalucía, entrevistando a adolescentes que han sufrido violencia de género. No obstante, y con el fin de hallar el trasfondo del incremento de la violencia de género entre las generaciones más jóvenes, también se ha entrevistado a adolescentes condenados por violencia machista.

A modo de conclusión general, los distintos testimonios analizados muestran que la violencia de género entre los adolescentes se representa a través de una escala cíclica, cuyos peldaños iniciales son normalizados y justificados por las víctimas considerándose estas agresiones insuficientes por parte de las adolescentes para poner fin a la relación. A medida que la violencia y el control aumentan, y en especial cuando se dan agresiones físicas es cuando las jóvenes toman consciencia de la gravedad de la realidad vivida.

Dentro de las conclusiones extraídas del estudio, destaca la influencia negativa que ejercen los medios de comunicación en cuanto a la construcción de modelos amorosos que no favorecen la igualdad, y con los que tanto chicos como chicas lejos de adoptar una postura crítica tienden a verse identificados.

 Entre las encuestadas se ha detectado la normalización de ciertos signos violentos al comienzo de sus relaciones como por ejemplo los celos, considerados no un tipo de violencia, sino un signo de amor. En este sentido, en la adolescencia se aprecia que tanto chicos como chicas tienden a positivizar los celos, aunque la idea de que “si no está celoso es porque no le importo” está más arraigada entre las adolescentes.

También a través de las respuestas recogidas, se aprecia como las chicas tienden a idealizar el concepto del amor tratando de encontrar la pareja perfecta, aquella que nos complementa, el amor ideal, y en definitiva el amor como posesión, un falso amor que disfraza cierta dependencia afectiva. A su vez, el mito de que la pareja lo es todo provoca que las chicas se centren en exceso en su pareja abandonando su individualidad, y con ello aspectos de su vida como las amistades o los hobbies.

 Ciertos ideales de amor romántico están tan asentados en las jóvenes de la muestra que les es enormemente difícil escapar de su relación, incluso sabiendo que es dañina, esto les lleva a justificar los comportamientos violentos de sus novios. También se destaca que una vez rota la relación, las jóvenes tienden a culpabilizarse por no haber sido conscientes de que estaban siendo maltratadas, idea que es importante desechar para lograr una plena recuperación.

Violencia de control

Las estadísticas generales muestran que la violencia de control es especialmente alta entre las jóvenes, siendo las mujeres de entre 16 y 19 años las que más la sufren, seguidas de las mujeres cuyas edades oscilan entre los 20 y los 24 años. A medida que aumenta la edad se aprecia un decrecimiento a la hora de padecer este tipo de comportamientos violentos.

 Controlar los espacios de ocio y estar presentes de forma permanente en la vida de las chicas es una práctica habitual entre los jóvenes agresores, generando un progresivo aislamiento de las víctimas. Las cuestiones de la muestra subrayan que incluso tienden a ser comunes ciertas prácticas que privan a las chicas de decisión. Es importante destacar que estas actitudes están normalizadas por el entorno de amistades, sobretodo en relaciones que habían comenzado de manera muy temprana.

En el caso de las amistades, frecuentemente se ven como problemáticas para los chicos, siendo la privación de la chica de sus redes de apoyo uno de los primeros signos de relación violenta, generando en las jóvenes una mayor dependencia y vulnerabilidad. Al igual que ocurre con los amigos, en el caso de ser la chica advertida por el entorno familiar del peligro de la relación, el maltratador tiende a querer apartarla de sus familiares recurriendo al chantaje y la manipulación.

 Violencia verbal y amenazas

Una de las formas frecuentes de empoderarse por parte de los chicos es a través del desprestigio constante de su pareja, desautorizándola en su argumento y haciéndola ver que en ningún momento tiene razón. Estas maniobras ayudan a minar la autoestima de las adolescentes. Muchas de las jóvenes entrevistadas sostienen con firmeza la idea de “quién bien te quiere te hará llorar” mientras que eran humilladas e insultadas por sus novios. Los aspectos principalmente atacados son la forma de ser, la capacidad intelectual y el aspecto físico, haciendo creer progresivamente a las jóvenes ser inferiores e inseguras.

Según se deduce de los testimonios, en el caso de expresar el deseo por parte de las chicas de poner fin a la relación es cuando se expresa una mayor violencia, recurriendo a graves amenazas y chantaje. Estos elementos frenan a las jóvenes a la hora de poner fin a la relación, incrementando su miedo y sentimiento de culpa sobre lo que está ocurriendo.

Violencia física

Mientras que la violencia psicológica tiende a ser camuflada y justificada entre las jóvenes, es la violencia física el detonante que hace a las adolescentes ser conscientes de la realidad que están viviendo. No obstante, según relatan las entrevistadas hay ciertas actitudes violentas como un empujón o ser agarradas bruscamente que en la mayoría de los casos son justificadas asociadas a la tensión del momento.

Hay que puntualizar que muchas chicas al llegar a esta situación, habiendo restado importancia a la violencia psicológica padecida en las primeras fases de su noviazgo, se sienten completamente desbordadas viéndose incapacitadas para reaccionar. El miedo en este caso provoca una dominación total sobre la chica.

Es en los casos en los que existe violencia física cuando hay un mayor número de denuncias por parte de las encuestadas, aunque hay que precisar que en ninguno de los casos la iniciativa partió de las jóvenes sino de su entorno familiar.

Violencia sexual

El estudio destaca que todas las jóvenes que han participado en la muestra han sido víctimas, en mayor o menor grado, de la violencia sexual. Tal y como detalla Carmen Ruiz Repullo, al igual que ocurre con el resto de formas de violencia, la violencia sexual se construye bajo los parámetros del poder de un género, el masculino, sobre otro, el femenino. Por lo tanto el poder que los chicos ejercen sobre las chicas se traslada a sus relaciones sexuales, produciéndose agresiones de distinto grado.

La mayoría de las jóvenes decían sentir sus relaciones afectivo-sexuales como algo impuesto y temían no satisfacer a sus parejas. Esta realidad enfatizaba la concepción de las jóvenes como una posesión, siendo utilizadas para el sexo por sus parejas. En cambio, los chicos entrevistados lejos de sentirse como agresores, manifestaron su legitimidad para practicar relaciones sexuales incluso sabiendo que las chicas no lo deseaban.

Espacios virtuales de control

 Las Nuevas Tecnologías, incorporadas en el desarrollo de la vida diaria de los adolescentes, independientemente de sus beneficios, suponen ciertos riesgos sobre los que es necesario alertar.

Las redes sociales y dispositivos móviles son a menudo empleados como elementos de control entre la pareja, aunque según la muestra el índice de control sobre las chicas es mayor . Estos mecanismos permiten hacer un seguimiento de la pareja e incluso, en el caso de los móviles es frecuente que haya un control continuado para ver todo movimiento registrado, los y las jóvenes destacan que tener un acceso al móvil de su pareja no es vulnerar su intimidad sino una muestra de confianza.

Una práctica habitual entre los chicos, más allá del registro, es demandarle a su pareja siempre que no esté con él una atención constante vía mensajes, llamadas o pidiéndole fotos del lugar en el que se encuentre.

Foto: Archivo AmecoPress tomada del Estudio "Voces tras los datos" ;

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Las jóvenes–Violencia de género; 15 febrero. 16. AmecoPress




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