Buenos Aires: XIX Congreso de la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras

El periodismo en la construcción de la equidad de género

9 de diciembre de 2014.

Por Armando Camino

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Los medios de comunicación no escapan de la persistencia del machismo en todo el mundo


Buenos Aires, 09 dic. 14. AmecoPress/Periodismo Humano.- Profesionales de diversos países de mundo han participado en el XIX Congreso Internacional “Hacia un nuevo paradigma comunicacional. Los desafíos de la equidad” convocado por la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras (AMMPE) y patrocinado por la UNESCO, que se ha realizado el pasado noviembre en la ciudad de Buenos Aires. 

El evento se enmarca en las actividades que cada dos años organiza en distintos países la Asociación Mundial de Mujeres periodistas y escritoras (AMMPE), una ONG fundada hace 40 años en México, reconocida por la ONU, que opera en casi 30 países, y que hoy preside la argentina Nily Povedano. En esta oportunidad se suma a la labor organizativa del Congreso la ONG UNDeSUR, (Fundación para el Desarrollo del Sur Argentino) nacida hace 20 años en la Patagonia argentina, que tiene como principal objetivo impulsar modelos para la trasformación institucional, sobre la base del desarrollo del conocimiento y del incremento del capital social a través del fortalecimiento de la ciudadanía y de las organizaciones de la sociedad civil.

El congreso, patrocinado por la UNESCO y por Naciones Unidas, declarado de interés nacional, educativo y cultural, al que han adherido numerosas instituciones y organismos públicos y privados del país y del exterior, afreció un espacio de encuentro, debate, reflexión y de acción conjunta, sobre el modo en que las transformaciones sociales y culturales del mundo contemporáneo impactan en la práctica periodística.

 Violencia sexual como estrategia bélica

El eje convocante del congreso fue "Hacia un nuevo paradigma comunicacional en la era digital. Los desafíos de la equidad". “El ejercicio del periodismo en mi país es diez veces más difícil siendo mujer, es un trabajo muy duro y son realmente pocas”, subraya la profesional de Radio Okapi, emisora de la República Democrática del Congo impulsada por Naciones Unidas (ONU), Caddy Adzuba (Bukavu, 1981).

Si ya resulta comprometido informar a los hombres sobre una zona en conflicto permanente desde 1996, con alrededor de 4 millones de muertos, más de 5 millones de personas desplazadas e innumerables violaciones de los derechos humanos, la labor se complica para las mujeres, un colectivo marcado por una secular discriminación cultural y convertido ahora por los grupos armados rebeldes en objetivo de una campaña de violencia sexual sistemática con la finalidad de arrasar las estructuras social y económica rivales.  

La violencia sexual existe, desgraciadamente, en todo el mundo, pero en la región africana de los Grandes Lagos “es otra cosa”, según Adzuba, ya que el término no sirve para reflejar las “atrocidades” perpetradas con ensañamiento contra la población femenina. Una media de 40 violaciones diarias, desde bebés de 3 meses hasta ancianas de 89 años, abusos colectivos, esclavitud sexual, tortura y mutilación genital, infección de enfermedades venéreas y asesinatos en serie. Violencia sexual como estrategia bélica para “romper los lazos familiares y económicos, aterrorizar y someter la población a las fuerzas armadas”. Violencia sexual como “arma de destrucción masiva” con un saldo de 500.000 víctimas.

Y con responsabilidad de la comunidad internacional, pues se combate por el control de la explotación de recursos minerales básicos para la industria mundial y, por tanto, al dictado de intereses extranjeros. Diamantes, cobre, cobalto y, sobre todo, coltán, mezcla mineral de la que la República Democrática del Congo atesora la mayoría de las reservas globales conocidas y que resulta esencial para la fabricación de componentes electrónicos en aparatos de nuevas tecnologías. “La sangre de los congoleños está en los teléfonos celulares”.

Ante semejante escenario, Caddy Adzuba decidió actuar y, aunque licenciada en Derecho, abandonó las leyes, “porque el Gobierno puso un cerrojo y la Justicia tampoco funciona”, para ejercer el periodismo: “Me permite hablar y es necesario contar lo que pasa”. Pese a acarrear el “mayor peso económico del hogar” gracias a los ingresos logrados mediante agricultura o comercio, “cuestiones culturales limitan a la cocina o a la crianza de niños” el papel de las mujeres en el Congo, por lo que “está mal visto que seamos periodistas, te toman como una puta y el trabajo en las redacciones es acomodar libros o hacer café”.

Sin embargo, “demostré que podía hacerlo y mejor que muchos hombres”, recuerda la periodista de Radio Okapi, con la prueba curricular de los premios Julio Anguita Parrado (2009) del Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA-FeSP) y Libertad de Prensa (2010) de la Cátedra UNESCO en la Universidad de Málaga. “Comencé poquito a poco, primero hablando con y de las víctimas, porque el sexo es un tema tabú y la unión entre las mujeres hace la fuerza, de los agresores después, luego de la responsabilidad social del Estado y ahora, de la impunidad”, resume Adzuba, miembro del proyecto Un altavoz para el silencio de la Fundación Euroárabe de Altos Estudios y responsable de trasladar denuncias sobre la situación congoleña ante la Corte Penal Internacional y el Senado de Estados Unidos.

Desde su labor en las trincheras informativas, con el coste de un exilio de cinco años y varias amenazas de muerte, Caddy Adzuba considera que “hubo un progreso y evolución en diez años gracias al coraje de muchas mujeres, porque los gobiernos jamás han dado un regalo y todo depende de la lucha de las personas”. Incluso, confía, la resolución del latente conflicto congoleño: “Todo es posible, nada es imposible”.

Ahora, “muchas mujeres tienen trabajos que no podían pensar antes (parlamentarias, abogadas, médicos), existen leyes sobre paridad, violencia sexual y protección de periodistas”, valora. Sin embargo, todavía “necesito de ustedes, pero no su dinero sino su atención, para comprender y compartir la grave situación en el Congo, porque las periodistas tienen el poder de contar lo que ocurre en el mundo y vivir sin información es matar a todo un pueblo”, imploró Caddy Adzuba durante la clausura del XIX Congreso de la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras (AMMPE), celebrado en Buenos Aires con la participación de alrededor de 200 personas procedentes de los cinco continentes.

“Avanzamos pero aún falta mucho”

Bajo el lema Hacia un nuevo paradigma comunicacional en la era digital. Los desafíos de la equidad, el congreso de AMMPE, una organización no gubernamental fundada en México durante 1969, con reconocimiento de la ONU y presencia actual a lo largo de una veintena de países, evidenció la persistencia de la desigualdad por cuestión de sexo en el mundo. “Avanzamos mucho, pero aún falta mucho”, subrayó la presidenta saliente de la asociación, la periodista argentina Nily Povedano, antes de la designación de la taiwanesa Li Yanqui como sucesora al finalizar la convención.  

Desde la aprobación de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) por la ONU en 1979, “hemos visto avances en lo normativo, tanto a escala nacional como internacional, y se han logrado eliminar algunas barreras, pero todavía hay grandes dilemas y amenazas que la fotografía de la realidad no expresa claramente”, abundó el coordinador residente en Argentina del Programa de las Naciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Martín Santiago, durante la inauguración del congreso.

Así, la violencia de género afecta a 2 de cada 3 mujeres en el mundo, alrededor de 220 millones sufren mutilaciones genitales y más de 80% de las víctimas de trata de personas pertenecen al sexo femenino. Según las cifras facilitadas por el representante del PNUD, tan sólo 1 de cada 3 ministerios en el planeta cuenta con una mujer al frente, una proporción que se reduce a 2 de cada 10 en el ámbito parlamentario, y las trabajadoras perciben un salario entre el 3 y el 51% inferior a sus compañeros.

Y los medios de comunicación tampoco escapan a la desigualdad

La cuarta edición del Proyecto de Monitoreo Global de Medios, iniciado en 1995 y coordinado desde 2000 por la Asociación para la Comunicación Cristiana (WACC, por sus siglas en inglés), analizó en 2009 un total de 1.281 diarios, canales de televisión y estaciones de radio en 108 países para concluir que sólo el 24% de las personas protagonistas de las noticias son mujeres (17% en 1995) y el porcentaje se reduce al 20% en los sujetos citados como portavoces o expertos en la información (15% en 2005). Pese a las significativas mejoras experimentadas, la imagen obtenida “no es congruente con una realidad en la cual por lo menos la mitad de la población mundial está constituida por mujeres. A la velocidad actual de cambio, tomará más de 40 años alcanzar la paridad”, lamenta el último informe.

La fundadora y directora de la Asociación de Comunicadores Sociales Calandria y coordinadora de la Red Latinoamericana de Observatorios de Medios Privados y Públicos, la catedrática peruana Rosa María Alfaro destacó la conveniencia de “proyectar mujeres para el cambio, luchadoras por sus derechos y también por sus deberes, comprometidas en salir de la visión victimista y asumir el papel de transformadoras”.

A su juicio, la “equidad de género es el único Objetivo del Milenio que no contrapone justicia con democracia sino que une e integra ambos aspectos”. Por todo ello, la presidenta saliente de AMMPE exhortó durante la clausura del congreso a las participantes a afrontar “el enorme desafío y la oportunidad histórica de ser protagonistas de nuestro propio destino y de transformar la realidad”.

Sin embargo, “cambiar el mundo no es sólo una tarea de mujeres sino compartida –continuó Nily Povedano -, un desafío conjunto e integrador para construir un futuro común sobre las diferencias y un nuevo escenario con mirada femenina en nuestra praxis diaria”. En definitiva, “informar desde el corazón para humanizar el periodismo”.

Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres

Periodistas de Argentina en Red (PAR) por una Comunicación No Sexista, un colectivo de 150 profesionales de diversos medios fundado en 2006 por iniciativa de la asociación civil Artemisa Comunicación, difunde un decálogo para el tratamiento informativo de la violencia contra las mujeres, incluido como material de trabajo para la prensa en la reunión realizada por la Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) en noviembre de 2008.

1.- Es correcto utilizar los siguientes términos: violencia contra las mujeres, violencia de género y violencia machista.

2.- La violencia de género es un delito, en tanto y en cuanto constituye una conducta antijurídica que debe ser prevenida y sancionada. Es un problema social, un atentado contra el derecho a la vida, la dignidad, la integración física y psíquica de las mujeres. Es en definitiva, una cuestión concerniente a la defensa de los derechos humanos.

3.- Desterramos de nuestras redacciones la figura de «crimen pasional» para referirnos al asesinato de mujeres víctimas de la violencia de género. Los crímenes pasionales no existen.

4.- Lo importante es proteger la identidad de la víctima, no la del agresor. Dejar en claro quién es el agresor y quién es la víctima, y señalar cuáles pueden ser las actitudes y situaciones que ponen en riesgo a la mujer en una relación violenta.

5.- Hay informaciones que pueden perjudicar a la víctima y a su entorno. No siempre es conveniente identificarla. Es ofensivo para la víctima utilizar diminutivos, apócopes, apodos, etc. para nombrarla.

6.- Nunca buscaremos justificaciones o motivos que distraigan la atención del punto central: la violencia.

7.- Es imprescindible chequear las fuentes, sobre todo las oficiales.

8.- Mantener el tema en agenda, denunciando la violencia en todas sus expresiones: psicológica, económica, emocional, sin esperar la muerte de las mujeres. Abordar el relato de los hechos tomando en consideración su singularidad, pero también aquello que lo asemeja a otros casos. Eso permitirá abandonar consideraciones tales como «otro caso de»…., «un caso más de…», evitando un efecto anestesiante.

9.- Tener especial cuidado con las fotos e imágenes que acompañan las notas. Respetar a las víctimas y a sus familias, alejarse del sexismo, el sensacionalismo y la obscenidad. Nunca robar imágenes o audio a la víctima. Cuando se musicaliza, no usar temas que remitan al terror, ni que contengan letras que hablen de «amores enfermos» o celos.

10.- Siempre incluiremos en la noticia un teléfono gratuito de ayuda a las víctimas y cualquier otra información que les pueda ser útil.

Además, PAR, que coordina la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género (RIPVG), logró introducir en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de la República Argentina, aprobada en octubre de 2009, la violencia contra las mujeres en un apartado de los objetivos de la norma: “Promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

Durante el XIX Congreso de AMMPE, la integrante de PAR e informadora en el diario argentino Página12 Mariana Carbaja,l abogó por el ejercicio de “un periodismo de género con incidencia social” para instalar conceptos y miradas igualitarias entre los medios de comunicación y las instituciones públicas como, en un ejemplo similar al tratamiento de la violencia contra las mujeres, la difusión del aborto no punible en el marco de los derechos sexuales y reproductivos de la población femenina en un “primer paso para su autonomía y emancipación”.

Fotos: A.C. La presidenta saliente Nily Povedano

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Internacional – Medios de Comunicación – Comunicación y género – Violencia en conflicto armado – Encuentros y Jornadas. 09 dic. 14. AmecoPress.